Luego de su importante victoria en las elecciones legislativas, los republicanos quedaron en posición de cuestionar las grandes líneas de la política exterior del presidente Barack Obama, especialmente en Medio Oriente, China, Afganistán y sobre el control de las armas nucleares.
Con los electores concentrados en temas económicos domésticos, la crisis internacional y los nueve años de guerra en Afganistán habían pasado casi inadvertidos en la campaña electoral. Pero con la mayoría conquistada en la Cámara de Representantes, los republicanos podrán utilizar su nueva plataforma para atacar los puntos débiles de Obama en materia de seguridad nacional, acusándolo de ser blando frente a China o ambivalente con Israel, según los expertos.
"El Congreso siempre da el tono en muchos de estos temas", dijo Steven Clemons, experto de la New America Foundation. "La atmósfera se volverá muy combativa", agregó. "Van a comenzar a protestar por todo lo que está haciendo, y poner obstáculos a todo lo que pretenda hacer", explica el analista.
Como presidente, Obama sigue sin embargo manteniendo mucho poder de cara a la política exterior, y los republicanos no podrán imponer un bloqueo a su agenda internacional. "En nuestro sistema, la política exterior es fundamentalmente territorio del Ejecutivo. Eso no va a cambiar", asegura un alto funcionario del Gobierno.
Sin embargo, los republicanos pueden resultar un dolor de cabeza mediante la aprobación de resoluciones, frenando nombramientos diplomáticos y militares, o convocando audiencias legislativas contenciosas o investigaciones. "Va a ser un caos", anticipa Clemons.
Ante la creciente ansiedad de la opinión frente al poder económico de China y a un resurgimiento del nacionalismo económico –tanto de izquierda como de derecha– los legisladores probablemente van a "transmitir la necesidad de ejercer mayor presión sobre China en cuestiones comerciales y monetarias", opinó Stephen Flanagan, del Center for Strategic and International Studies.
Sobre la diplomacia de Medio Oriente, algunos analistas opinan que Obama probablemente tenga más dificultades para convencer a Israel de suspender las colonizaciones en Cisjordania tras el triunfo de los republicanos en las legislativas.
Israel goza de un importante respaldo en el Congreso y los legisladores republicanos ya acusaron a Obama de perjudicar a un aliado vital exigiéndole el congelamiento de las colonizaciones. Se espera que los republicanos también renueven sus críticas contra la Casa Blanca sobre Irán, manifestando impaciencia ante los esfuerzos para evitar que Teherán se dote del arma nuclear.
La ola republicana también podría llevarse el tratado nuclear entre Estados Unidos y Rusia, a menos que el Senado logre adoptarlo en su sesión final actual, opinaron los analistas. Sobre Afganistán, Obama seguramente también será objetivo de ataque de los republicanos, que impugnarán sus intentos para negociar un acuerdo de paz que incluya un papel para los talibanes en la mesa de negociaciones. "Todo ese proceso va a ser muy criticado", opinó Clemons, aunque es cierto que en muchos casos hasta ahora los republicanos han sido un respaldo más sólido de la guerra que los aliados demócratas de Obama.
El respaldo republicano al esfuerzo de guerra seguramente seguirá en pie, a pesar de las protestas iniciales por la retirada de tropas planificada para julio de 2011, estimó Thomas Donnelly, del American Enterprise Institute. La nueva mayoría republicana deberá por su parte lidiar con la emergencia del nuevo sector conservador del Tea Party, cuyos puntos de vista en materia de política exterior siguen siendo una gran interrogante.
Algunos de sus miembros cuestionan la tradición republicana de promover a Estados Unidos como una superpotencia global. Muchos en el Tea Party profesan un aislacionismo que implica una hostilidad abierta hacia todo lo que sea acuerdos o tratados multilaterales, así como un marcado escepticismo sobre la ayuda al desarrollo y la diplomacia en general.
Elecciones en números
Los republicanos se hicieron con el control de la Cámara de Representantes tras cuatro años de mandato demócrata y avanzaron terreno en el Senado donde, a falta de los datos definitivos, es improbable su victoria.
Los conservadores lograron superar el listón de 39 escaños que necesitaban para el triunfo en la Cámara baja, que estaba en manos de los demócratas desde las elecciones legislativas de 2006 y que renovó hoy sus 435 escaños.
Tanto la cadena de televisión CNN como NBC proyectan que la derecha ganará más de 50 escaños. Entre los escaños que
cambiaron de manos está el del legislador de Virginia Tom Perriello, que perdió su reelección pese al fuerte apoyo recibido del presidente de EE.UU., Barack Obama.
Perriello, que había respaldado el enorme paquete de estímulo económico y la polémica reforma de salud de la Administración de Obama, perdió frente al republicano Robert Hurt. Entre los que sí lograron salvar la cabeza está Barney Frank, demócrata de Massachusetts co-autor de la controvertida ley de reforma financiera y uno de los legisladores con perfil más progresista.
La pérdida del control de los demócratas en la Cámara de Representantes implicará la salida de la actual presidenta Nancy Pelosi, primera mujer que ocupó el cargo. Se prevé que el actual líder de los republicanos en la Cámara baja, John Boehner, de Ohio, la reemplace en el puesto.
Los republicanos han prometido que, bajo el liderazgo de Boehner, revertirán la reforma de salud aprobada por Obama y pondrán en marcha recortes de impuestos que dicen ayudarán a reducir el déficit e impulsar el crecimiento.
En el Senado, que renueva hoy 37 de sus 100 escaños, los republicanos han arrebatado de momento los asientos de los demócratas en Indiana, Dakota del Norte, Arkansas y Wisconsin. Los conservadores necesitan 10 escaños para hacerse con el control de la Cámara alta, pero la mayoría de proyecciones indica que no lograrán alcanzar la cifra mágica de 51.
El triunfo del ahora gobernador de Virginia Occidental, el demócrata Joe Manchin, que se impuso en la disputa por un escaño al republicano John Rease, convierte prácticamente en inalcanzable el sueño de los republicanos de dominar el Congreso.
De confirmarse los resultados, será la primera vez en 80 años que la Cámara de Representantes no cambia de manos al mismo tiempo que el Senado. La noche electoral confirmó también el empuje del movimiento ultraconservador Tea Party, que se apuntó la primera gran victoria de la noche tras conocerse el triunfo del candidato al Senado por Kentucky Rand Paul. “Hemos llegado para recuperar nuestro gobierno”, afirmó esta noche Paul, quien se refirió al “maremoto” del Tea Party.
El segundo tanto de la jornada para el movimiento ultraconservador llegó con la victoria del republicano Marco Rubio, quien superó al independiente Charlie Crist en la contienda por un escaño al Senado por Florida. El Tea Party ha dado su apoyo específico a 129 candidatos a la Cámara de Representantes y a 9 del Senado y ha basado su ascenso en la insatisfacción de los estadounidenses más conservadores con la economía y el incremento del gasto público.
De hecho, las encuestas a pie de urna realizadas esta noche muestran a un electorado descontento sobre todo con la marcha de la economía, el asunto que más preocupa a los estadounidenses. Los sondeos indican también que los demócratas han perdido terreno entre las mujeres, los trabajadores de ingresos medios, las personas de raza blanca, los votantes de mayor edad y los independientes.
En estas elecciones estaban en juego también 37 gobernadores. Los republicanos también han ganado terreno en ese frente al arrebatar a los demócratas el control de estados como Michigan, Nuevo México -donde mandará la republicana Susana Martínez, la primera gobernadora hispana de EE.UU.-, Oklahoma, Kansas y Pensilvania.