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Revolución, esoterismoy poder

Con el 48% del favoritismo, Daniel Ortega es el casi seguro ganador de las elecciones de hoy en Nicaragua, en las que aspira a ser reelegido.

05 de noviembre de 2011 - 04:00 p. m.
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Al triunfar la Revolución Sandinista (1979), Daniel Ortega deseó vivir en un hogar con las comodidades de las que hasta entonces la clandestinidad le había privado. Quiso una casa grande en algún buen sector de Managua, con ventanales enormes que dejaran entrar la luz del sol. Se enamoró entonces de una mansión en la colonia Bolonia que pertenecía a un rico empresario llamado Jaime Morales Carazo y la expropió. Así, simple. Tenía derecho a hacerlo, ya estaba bien de oligarquías.

La mansión pasó a ser la Casa Presidencial y la sede de la dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que ya había dejado de esconderse en la manigua y se había convertido en el partido de gobierno. Él escogió un salón de su casa y lo adaptó para hacer sus anuncios y ser su despacho, con espacio suficiente para cámaras y sillas. Algún día, la pared de fondo que se veía a espalda del presidente cambió de color: cuando Ortega hablaba, una mano colorida se veía detrás enmarcada entre serpientes y un ojo dibujado en la palma que lo observaba todo sin parpadear. Un mural de fondo rojo, adornos verdes y amarillos y algunos destellos azules. “La familia puede creer en lo que quiera, pero no tiene derecho a convertir las dependencias oficiales en fiestas de payaso”, dijo en su momento el pastor cristiano Augusto César Marenco.

El mural fue asunto de interés general. ¿Era arte?, ¿qué figura era esa?, ¿qué significaba? Un sencillo símbolo de la cultura maya para que los nicaragüenses “se unan en generosidad, en compasión y en misericordia (…) el poder máximo que rige el universo”, apuntó a decir Rosario Murillo, la primera dama, quien no entendía la razón de las críticas: “son seres enfermos que están llenos de odio, son dignos de lástima que viven poniendo en peligro nuestras familias”. Esos mismos seres de odio habían insinuado que al gobierno se lo estaban tomando el esoterismo y la brujería, que algún antropólogo había asegurado que la imagen era una contra para espantar la envidia y los demonios, como también lo eran los 28 anillos, los siete collares y los seis brazaletes que Murillo usaba a diario como “vade retro”.

Con o sin las ciencias esotéricas a favor, el matrimonio Ortega – Murillo ha logrado que el éxito sea siempre un invitado a casa. Para esto, más que la milenaria mediación de los mayas, han sido importantes los aportes que el gobierno venezolano de Hugo Chávez ha brindado desde que su hermano de revolución llegó por segunda oportunidad al poder en 2007. Venezuela vende petróleo al gobierno de Ortega a precio de producción para comercializarlo con empresarios privados en un fructífero negocio. La colaboración, en cuatro años, ha dejado alrededor de US$1.900 millones de ganancias que por ley no se incluyen en el presupuesto nacional.

Por supuesto, esta activad jamás ha sido aprobada por los llamados seres de odio, quienes acusan a Ortega de populista por implantar planes sociales con estos fondos que al fin de cuentas han servido para financiar su campaña y para construir una completa maquinaria mediática a favor del sandinismo: el mayor de sus ocho hijos, Rafael Ortega, de 43 años, es dueño y director de Radio Ya, la emisora de mayor audiencia en el país; Carlos Enrique y Daniel Edmundo conforman la dirigencia del Canal 4; Laureano asesora a Pronicaragua, una de las agencias que promueven la inversión extranjera; Juan Carlos es director del Canal 8; y los menores Maurice, Camila y Luciana están a cargo del Canal 13. Todos viven en los mejores sectores de la ciudad y se mueven en carros que antes era difícil ver por fuera de las pantallas. En alguna ocasión a Maurice lo vieron exhibiendo su Porsche Carrera 911 en Costa Rica, un automóvil que tiene muy poco que envidiar a las lujosas camionetas Mercedes Benz en las que suelen moverse Ortega, su mujer y sus anillos.

A Daniel Ortega lo acusan de ser un revolucionario aburguesado y de hacer de Nicaragua su mejor línea de negocio. Lo acusaron también en su momento de tener una grave enfermedad y su hijastra Zoilamérica Narváez —hija de Rosario Murillo— de abusarla sexualmente desde los 11 hasta los 17 años.

En 1998 estalló el escándalo como una granada en la secretaría del Frente Sandinista. La mujer interpuso una demanda e incluso el caso llegó hasta la Comisión Interamericana de Derechos humanos. Zoilamérica “es mitómana”, aseguró su madre entonces, que tomó distancia de su hija para respaldar a su marido. Zoilamérica “fue manipulada por los opositores al Frente Sandinista”, repitió seis años más tarde, cuando se reconcilió con su hija en un acto público el Día de la Mujer, cuando la joven se preparaba para retirar la demanda.

Al parecer las contras detuvieron a tiempo al demonio, pero para la oposición la nube negra jamás se ha marchado. Rosario Murillo es mucho más que una primera dama, es algo así como la segunda presidenta o una copresidenta que da órdenes a su par. Tiene casi tantos cargos como sus hijos juntos: preside el Consejo de Comunicación y Ciudadanía, controla la comunicación del Gobierno y del Frente Sandinista —ningún comunicado se publica sin su visto bueno—, es secretaria privada de Daniel Ortega, jefa de Gabinete, maestra de ceremonias de la Presidencia y, valga decirlo, asesora espiritual. Él es bueno en la plaza pública, ella con los planes de gobierno. Él es un líder con experiencia militar, ella una funcionaria con vocación administrativa. Él inspira, gana votos, y ella ejecuta.

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El de Nicaragua es un gobierno sorprendente. Resulta más que llamativo, acaso una broma, que el actual vicepresidente —quien lo acompaña en sus aspiraciones para un tercer gobierno— sea Jaime Morales Carazo, aquel empresario que vio su casa expropiada y a un Ortega con potencial de dictador. Es curioso que fuera uno de los líderes que encabezaron la contrarrevolución de los años 90 y que en tiempos actuales haga declaraciones en entrevistas como: “Es que este socialismo yo no lo comprendo, manda un mensaje equívoco, cuando en la realidad la relación con los empresarios y con Estados Unidos es muy positiva” u “Ortega en lo privado es muy diferente a cuando está frente a un micrófono. Conoce bien sus mercados, tiene su auditorio, sabe bien a quién se dirige. Pero de puertas para adentro es muy diferente. Un hombre con una admirable capacidad de escuchar”.

Morales lo visita constantemente en la Casa Presidencial que alguna vez fue suya y mira el mural rojo con serpientes. Las tensiones quedaron en el pasado y el vicepresidente despliega sus buenos oficios con el empresariado. Ellos son importantes para que “el poder máximo que rige el universo” del que habla Rosario Murillo, todavía no se vaya de Nicaragua.

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Panorama de Nicaragua

Pobreza y desempleo

Daniel Ortega, el candidato del Frente Sandinista, se perfila como favorito para ganar los comicios presidenciales de hoy por tener, entre otros, un plan para mitigar el subempleo, que azota al 53% de los 5,8 millones de nicaragüenses.

Venezuela, gran aliado

Venezuela es clave para el crecimiento económico de Nicaragua que, según estimaciones del gobierno, crecerá en un 4% este año. El gobierno de Chávez vende petróleo a precios preferenciales a Nicaragua y financia proyectos como la construcción de una refinería.

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EE.UU., socio comercial

Pese a su lealtad hacia Venezuela y Cuba, así como a su retórica anti-Washington, Ortega mantiene un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, que es su primer socio comercial, y el ajuste económico diseñado por organismos multilaterales para propiciar negocios para empresarios.

Cifras

1,60 millones de dólares recibe Nicaragua anualmente de Venezuela desde 2007.

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45 por ciento de los nicaragüenses viven en condiciones de pobreza.

Una candidatura polémica

Las elecciones de hoy en Nicaragua estuvieron precedidas de graves irregularidades, como la candidatura del presidente Daniel Ortega, originalmente vetada por el artículo 147 de la Constitución.

La norma prohíbe ocupar la presidencia más de dos veces y en dos períodos consecutivos. Ortega lleva ya dos mandatos a sus espaldas, pues tras gobernar Nicaragua por primera vez de 1985 a 1990, inició un segundo mandato en 2007.

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Sin embargo, los magistrados sandinistas de la Corte Suprema y el Consejo Supremo Electoral, sin presencia de la oposición, declararon hace dos años inaplicable el artículo 147 y burlaron la norma constitucional, permitiéndole al presidente postularse por tercera vez al cargo. La oposición no logró hacer nada contra las violaciones de Daniel Ortega a la Constitución.

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