El comentario de uno de los empresarios que acompañan en su visita oficial a la capital estadounidense al presidente Juan Manuel Santos, al término de su primera presentación pública en la mañana de este miércoles, dice mucho del ambiente como es recibido el mandatario colombiano aquí: “Si hablara allá como lo hace de bien en inglés, todo sería diferente”.
Discutible puede ser si es cuestión de idioma, pero lo que sí es cierto es que la audiencia recibe el mensaje del presidente Santos de manera diferente en el exterior. Aquí la audiencia va a escuchar al líder de una nación que estuvo a punto de ser un Estado fallido y hoy muestra signos de prosperidad y se apresta a firmar un acuerdo de paz.
Y sí, ese mensaje lo transmitió el presidente de manera efectiva a un auditorio repleto, el anfiteatro del edificio Ronald Reagan, con una capacidad de unas 400 personas, convocados por cinco prestigiosos centros de investigación locales.
De cualquier manera hubo preguntas duras sobre el proceso de paz, y muy particularmente, sobre el impacto del mismo en el tráfico de drogas. La entrevista del expresidente Andrés Pastrana con El Espectador (publicada el domingo pasado), en la que habló de que venía al “entierro del Plan Colombia”, y un reportaje del Washington Post, justo para la llegada del presidente, sobre cómo las bandas criminales se preparan para que el proceso de paz les permita ampliar su negocio de narcotráfico resonaban en el ambiente y llegó como pregunta.
Allí el presidente patinó. “Nunca fuimos segundos”, fue lo primero que atinó a decir. Luego pareció dejar todo en su confianza en las Farc. “Ellos dicen que tienen control sobre sus tropas de manera que algunos pocos se dedicarán a ese negocio pero ese no va a ser un problema mayor”. También insistió en que era un paso determinante que ahora las Farc vayan a ayudar a desmontar ese negocio.
Al final, sin embargo, aceptó que uno de los mayores retos para el Estado será impedir que el crimen organizado llene el vacío que dejarán las Farc.
Con todo, si bien Santos llega a Washington, como lo dijo en todas sus presentaciones este miércoles, a agradecer a Estados Unidos por el apoyo con el Plan Colombia, todos esperan el pedido de ayuda para el posconflicto al presidente Obama en su reunión de este jueves
La audiencia que debe decidir un paso en esa línea quizás no sea tan receptiva como la de esta mañana. En la tarde el presidente visitó a algunos congresistas del Partido Republicano, que tienen la mayoría en el Congreso, y si bien no trascendieron detalles del encuentro, se conoció que preguntaron por las intenciones con “Simón Trinidad”.
Y si bien un grupo de congresistas de ambos partidos enviaron una carta al presidente Obama solicitando apoyo para la Colombia del posconflicto, el hecho es que el Plan Colombia, cuya celebración sirve de disculpa para plantear una nueva fase en la cooperación, fue creado para combatir el narcotráfico y enfrentar a la guerrilla que le servía y no para verlos caminar libres o, peor, sacarlos de una cárcel estadounidense.
Este jueves en la ceremonia en la Casa Blanca seguramente se expresará el apoyo de los Estados Unidos, ya representado en hechos como la designación de Ben Aronson como su enviado especial para el mismo, y se da por descontado el anuncio de un pedido al Congreso para incrementar los fondos de ayuda a Colombia en el presupuesto que está próximo a enviarse para aprobación. Lo que se descarta es que vaya a ser siquiera parecido a los montos que se manejaron con el Plan Colombia.