El general Stanley McChrystal, el hombre que hasta el miércoles tenía en sus manos el destino de la guerra en Afganistán, fue destituido por su jefe, el presidente Barack Obama. El escándalo fue fugaz y la decisión contundente: “aceptaré el debate, pero no la división”, dijo el mandatario norteamericano al mediodía de el miércoles, al anunciar la salida del hombre que él mismo había comisionado para comandar la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad de Afganistán (ISAF, por su sigla en inglés).
La última vez que un presidente de EE.UU. relevó de su cargo a un comandante fue en abril de 1951. En ese entonces, el general Douglas MacArthur se había resistido a la visión del presidente Harry Truman frente al manejo de la guerra contra Corea. Truman quería una negociación y MacArthur una ofensiva contra China, y así se lo hizo saber en una carta al Congreso de los Estados Unidos, desafiando públicamente al presidente.
El miércoles, 58 años después, y en circunstancias muy distintas, el presidente Barack Obama, luego de haber hecho viajar desde Afganistán al general McChrystal, y tras una reunión de 20 minutos, anunció que el comandante sería relevado y reemplazado por el general David Petraeus, el último general escogido por George W. Bush para liderar las tropas norteamericanas en Irak (2007-2008). Desde la llegada al poder de Barack Obama, Petraeus oficiaba como comandante del Comando Central de los Estados Unidos, encargado de articular las operaciones en Oriente Medio.
El despido de McChrystal es relevante, no sólo por las mediáticas circunstancias en las que se produce, sino por el mensaje que envía a aliados y enemigos con respecto al estado de la guerra en Afganistán.
El detonante de la crisis fue producido por un artículo publicado por la revista Rolling Stone. En él, McCrhystal y sus más cercanos colaboradores aparecen burlándose sistemáticamente de los más importantes funcionarios de Barack Obama en Oriente Medio, entre ellos, Richard Holbrooke, enviado especial de EE.UU. a esa zona, y Karl Eikenberry, embajador en Kabul. Al primero lo llaman un “animal herido”, al segundo lo califican de “payaso”.
El artículo —que contó con la previa revisión de los hombres de McChrystal, según el editor general de Rolling Stone— dejó expuesta la fractura estratégica de la guerra de Barack Obama en Afganistán, quizás la más importante pieza de su política exterior.
Muchos observadores aplaudieron este miércoles, en las redes sociales, la rápida reacción de su mandatario, quien se aprestó a rodear a su equipo diplomático y nombró a David Petraeus, quizás el más veterano comandante en las operaciones libradas por Estados Unidos en Oriente Medio.
Sin embargo, era el general McCrhystal quien había elaborado la estrategia contrainsurgente en Afganistán, que desde hace más de un año se implementaba en este país.
Obama aseguró el miércoles que su política en la región no cambiará. Sin embargo, la llegada de Petraeus causará, con seguridad, nuevos rumbos. Esto, en los críticos momentos en que EE.UU. necesita mantener a sus aliados y demostrar resultados de progreso que aún no se avizoran.