Por un lado, está la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y por el otro, el de los demandantes, cuatro empresas tabacaleras que consideran que las últimas determinaciones de su adversario violan la Constitución de los Estados Unidos.
Las firmas R.J. Reynolds Tobacco Co, Commonwealth Brands Inc, Liggett Group y Lorillard Inc (la tercera tabacalera más grande de Estados Unidos) acudieron a los estrados para “desafiar nueve medidas de advertencia contra el tabaco, que son una forma anticonstitucional de forzar a los fabricantes a diseminar el mensaje del gobierno”, según reza un comunicado difundido por Lorillard.
Las cuatro firmas se oponen a las modificaciones a la publicidad de cigarrillos que tendrán que ser implementadas por todas las empresas a partir de septiembre de 2012. Entre las normas, la FDA resolvió en junio pasado obligar a las tabacaleras a cambiar las imágenes que advierten sobre el riesgo para la salud que implica consumir tabaco. Las maneras disgustan a los empresarios: los avisos cubrirán el 50% de la superficie frontal y posterior de las cajetillas, que tendrán fotografías que van desde una dentadura destrozada y un pulmón atrofiado hasta la de un cadáver. Además de tener escritas frases como “Fumar puede matarlo”, los empaques incluirán un teléfono al que los consumidores podrán llamar y recibir asesoría de profesionales para abandonar la adicción.
Desde 2009, el gobierno de Barack Obama dio autonomía a la FDA para regular la publicidad, la venta y producción de las tabacaleras como un método para disminuir las cifras que dicen que diariamente en el país mueren 1.200 personas por consumo de tabaco.