El Partido Demócrata de Estados Unidos celebró su Convención Nacional esta semana, un evento que sirvió para ratificar a Joe Biden como su candidato a la presidencia del país y que estableció la plataforma para su campaña electoral con el objetivo de derrotar a Donald Trump en noviembre.
No hay duda de que este fue el acontecimiento más comentado en el país norteamericano desde el pasado lunes. No solo tuvo a los demócratas pendientes de las pantallas cada noche, sino también al presidente Trump, quien le hizo un seguimiento exhaustivo a sus rivales a través de su Twitter comentando con enojo y con muchas mayúsculas cada movimiento, como ya es característico en él. Este es un resumen de los hechos más destacados de toda la Convención por si se la perdió.
Una pandemia, dos países diferentes
Esta fue la Convención Nacional Demócrata menos convencional de la historia de Estados Unidos. La pandemia de coroanvirus marcó las pautas del evento. No solo porque la ceremonia se hizo de manera virtual, dadas las circunstancias en las que está el país, sino porque los invitados y oradores centraron sus discursos en el mayor reto que afronta la nación y el mundo en general: el COVID-19.
La Convención arrancó con historias de estadounidenses afectados por los efectos de la pandemia. Kristin Urquiza, de Arizona, contó que su padre murió de COVID-19, pese a tener una vida saludable. Su única condición preexistente, dijo, fue el haber confiado en Donald Trump. “Por eso pagó con su vida… Hay dos Estados Unidos: en el que vive Trump y en el que murió mi padre”, remató.
Sanders: la unión hace la fuerza
A diferencia de las elecciones presidenciales de 2016, los demócratas llegan en bloque. Hay mucha unión dentro del partido, y todo porque el ala progresista ha demostrado un monumental respaldo a Joe Biden. Esto no significa que no haya inconformidades. Los progresistas se quejaron toda la semana porque sus figuras, como Alexandria Ocasio-Cortez, no tuvieron tiempo para hablar.
La congresista neoyorquina tuvo apenas un minuto el martes, mientras que a John Kasich, el exgobernador republicano de Ohio que promulgó una de las medidas contra el aborto más restrictivas del país, se le abrió más el micrófono.
La razón de esta polémica decisión es que el Partido Demócrata reconoce que hay republicanos que quieren votar contra Trump. Por eso invitaron a tantas figuras del lado rival. Estos son miembros del Partido Republicano que han manifestado estar en contra del presidente. Su misión era atraer a esos votantes indecisos de continuar prestando su apoyo al magnate neoyorquino para que apoyen a Biden.
“Hay un montón de gente, de votantes silenciosos republicanos que quieren votar por Biden o que votarán por Biden, y es importante hacerles saber que no están solos”, dijo Cedric Richmond, representante demócrata.
Bernie Sanders, el popular senador de Vermont, exaspirante a la candidatura demócrata y la principal figura de esa ala progresista, no le prestó mucho cuidado a ese gesto y a la ninguneada a quienes están representan a una izquierda más reformista. No por ahora. En su discurso dejó ver lo preocupado que está por derrotar a Trump. Remarcó el hecho de que con el republicano en la Casa Blanca, el futuro de la democracia, de la economía y del planeta está en juego. Y dejó claro que la prioridad en este momento, si la meta es ganar, es unir a todos los demócratas.
“Debemos unirnos, derrotar a Donald Trump y elegir a Joe Biden y Kamala Harris. Amigos míos, el precio del fracaso es demasiado grande para imaginarlo”, sentenció.
Una conversación íntima con Michelle Obama
La exprimera dama de Estados Unidos, y esposa de Barack Obama, ha demostrado ser una gran oradora en la última década. Ha descrestado a todos con su dominio del público en estadios y arenas de todo el país. Ahora el reto estaba en hablarle a esas mismas personas desde su casa, sin gritos y bombos de fondo, pero con el mismo efecto arrollador.
El resultado fue mejor de lo que se esperaba. La llamada de Zoom con Michelle Obama fue un espacio de intimidad en el que todo estaba organizado para transmitir un mensaje cívico: salgan a votar, porque su vida depende de ello. Obama llevaba un collar con la palabra “vote”.
Y en el fondo se veía un cartel en apoyo a Biden. Toda la escena era una llamado a la acción. Y las palabras de ella, en un tono cálido, fueron la cereza en el pastel. No atacó a Donald Trump con los mismos argumentos que sus copartidarios, sino que lo mostró como un líder débil, incapaz de salvar las vidas de sus compatriotas.
La cuota millenial
Los más jóvenes no fueron olvidados en la Convención. Para capturar su atención, algunos de los artistas más populares del momento fueron convocados como invitados para dar unas palabras y una breve pero significativa presentación. Billie Eilish, una de las cantantes y compositoras más reconocidas ahora en el país, fue una de las artistas invitadas.
“El silencio no es una opción y no podemos quedarnos afuera”, dijo Eilish antes de cantar “My future” (Mi futuro), un sencillo que lanzó apenas hace unas semanas y que habla del desarrollo del poder personal.
La empatía de Jill, el complemento perfecto para Joe Biden
Jill Biden, la esposa del candidato Joe Biden, mostró en unos minutos más empatía que la que ha tenido Donald Trump en más de tres años y medio de gobierno. El país se aproxima a los 200.000 muertos por COVID-19 y cuenta con un presidente que no ha demostrado ni la más mínima señal de lamento por las vidas perdidas.
Biden, que era profesora de inglés, habló desde un salón vacío en el que solía dar clases. Era una escena dramática, triste, pero conmovedora y con un mensaje lleno de esperanza que salía de la boca de la esposa del candidato demócrata. Porque si hay alguien que sabe de recuperarse son los Biden.
Jill habló de la muerte de Beau, hijo de Joe Biden y Neilia Hunter, quien perdió la batalla contra el cáncer. Su relato fue conmovedor. Y eso es lo que necesita el país en este momento: la conexión con alguien que comprende lo que es pasarla mal. Fue, como dice Matthew Yglesias de Vox, el momento más esperanzador de la política estadounidense en meses.
A Donald Trump no le funcionaría esto aunque lo intentara en los días de campaña que quedan. Él eligió el camino de la indiferencia cuando el pueblo reclamaba un liderazgo compasivo y humano. Y así fue cavando su propia tumba en esta carrera. Desde luego, Jill Biden hizo “un buen trabajo”.
Warren, la reina de los mensajes ocultos
Durante toda la Convención Nacional Demócrata, los oradores tuvieron escenarios o símbolos que añadían poesía y misticismo a su mensaje. Adornos que hacían sus palabras más fuertes, sin emitir sonido. El collar de Michelle Obama, la escuela donde dictaba clases Jill Biden, o el museo donde habló Barack Obama. Pero, sin duda, la que mejor elaboró su espacio fue la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, quien, al igual que Sanders, compitió por la aspiración demócrata contra Biden.
Warren habló desde un centro de educación infantil en Springfield, Massachusetts, evocando a su pasado como maestra. Los juguetes de los niños en forma de letras, que los ayudan a aprenderse el abecedario, estaban ordenados de tal manera que formaban las siglas BLM del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan), el cual llama a la desobediencia civil en protesta contra la brutalidad policial contra los afroamericanos.
Del otro lado del salón había otro grupo de letras con una formación interesante: DBFH, las siglas que conforman su eslogan de campaña a la presidencia: Dream Big Fight Hard (Lueña Grande Luchen Duro). Y al lado de este, había un grupo de números: 11/3/20, la fecha que marca las elecciones. Además, había una figura de la Estatua de la Libertad acompañando todo. Ese fue un símbolo que influyó también en su campaña. Y para completar, había retratos pintados por los niños de ese instituto: todo para mostrar la creatividad de la juventud y la diversidad de su país.
Elizabeth Warren no se ha rendido en sus aspiraciones presidenciales. Se nota que desde ya trabaja en su plataforma de campaña para competir en 2024.
Trump, un fracaso en el exterior para los dos partidos
John Kerry, exsecretario de Estado de Barack Obama, y Colin Powell, exsecretario de Estado de George W. Bush, se encargaron de destrozar la política exterior de Trump. Uno demócrata, el otro republicano. Desde las dos orillas de la política estadounidense, ambos funcionarios han tomado acciones y posiciones distintas durante las últimas dos décadas, pero coinciden en que lo que ha hecho el presidente ha sido nefasto para el país.
“Rompe con nuestros aliados y escribe cartas de amor a los dictadores. Estados Unidos merece un presidente que sea admirado, no burlado”, dijo Kerry.
“Biden confiará en nuestros diplomáticos y nuestra comunidad de inteligencia, no en halagos provenientes de dictadores y déspotas”, afirmó Powell.
Obama y una ruptura histórica con la tradición de los expresidentes
En Estados Unidos, a diferencia de otros países, el presidente saliente deja de involucrarse en política. No compite por nuevos cargos públicos para aferrarse al poder. De hecho, tampoco suele pronunciarse mucho sobre lo que ocurre en el país luego de dejar la Oficina Oval. Es una tradición. Sin embargo, Barack Obama rompió ese pacto secreto.
Desde hace unas semanas, el expresidente demócrata abandonó esa posición pasiva que caracteriza a los exmandatario y comenzó a arremeter contra Trump y a destacar que la democracia del país estaba en riesgo. Todo comenzó con la muerte del senador demócrata John Lewis, símbolo de la lucha por los derechos civiles en el país y compañero de batallas de Martin Luther King. En su funeral, al cual Trump se negó a asistir, Obama dio su primer golpe acusando a su sucesor de tratar de quitarle el derecho al voto a sus ciudadanos, pues Trump acababa de sugerir que deberían aplazarse las elecciones.
Obama volvió a enfilar palabras contra Trump en la Convención. Pero ahora son más rudas. En concreto, el expresidente acusó al actual presidente de usar el poder de la Casa Blanca exclusivamente para beneficiarse a sí mismo y a sus amigos. De tratar la presidencia como otro de sus “reality shows” para recibir la atención que tanto deseó.
Pero Obama no solo fue agresivo contra su sucesor, sino que elogió la tarea de su número dos durante ocho años. “(Biden) tiene el carácter y la experiencia para hacernos un mejor país”, dijo, mientras que sobre Kamala Harris, la fórmula de Biden, destacó que sabe cómo superar obstáculos y cumplir finalmente “el sueño americano”.
Obama habló, además, desde un lugar estratégico: el Museo de la Revolución Estadounidense en Filadelfia. En la familia Obama no se escatimaron detalles para que toda la escena fuera un llamado a la acción para sus seguidores, y también para quienes no lo son.
Hillary Clinton lo sabe: los demócratas tienen que ampliar el margen de error
La exsecretaria de Estado y excandidata presidencial, Hillary Clinton, le hizo a sus copartidarios y seguidores la advertencia más importante de toda la semana: que con tres millones de votos más no tienen la victoria asegurada. Ella perdió contra Donald Trump en 2016 por esa cantidad. Sabe lo incómodo que puede resultar el tablero de juego para las intenciones demócratas, porque a pesar de tener la victoria popular hace cuatro años, la repartición que hace el colegio electoral hizo que Trump se quedara con las llaves de la Casa Blanca. Clinton insistió en que hay que aumentar el margen de error, pues existe la posibilidad de que lo que le pasó a ella se repita.
Un abrazo a la distancia
La fórmula de Biden aceptó la nominación del Partido Demócrata el miércoles con un discurso estratégico y moderado. Pasó menos tiempo atacando a Trump e invirtió más minutos en mostrar por qué los estadounidenses deberían confiar en ella como vicepresidenta. Esto debido a los cuestionamientos que surgieron por su pasado como fiscal. Citó sus raíces: su herencia india y jamaiquina que lleva con orgullo en cada discurso. Y mezcló los dos problemas que enfrenta la nación en una sola frase: “No hay cura para el racismo”. La lucha contra ese “racismo estructural del país” será su bandera. Al final arriesgó poco, como Biden al elegirla. Un abrazo a la distancia con su fórmula fue la imagen más relevante que dejó su presentación. Ese sentimiento apocalíptico que los demócratas remarcaron durante todos estos cuatro días.
Biden, un cierre sorprendente
Desde que Joe Biden anunció sus aspiraciones presidenciales ha recibido críticas por su manera de hablar: poco elocuente y, con frecuencia, llena de disparates. Ha recibido burlas por su edad y ha sido cuestionado por su capacidad física. En la noche del jueves, cuando aceptó oficialmente la nominación del Partido Demócrata, Biden le dio una bofetada a todos sus críticos. Su discurso fue mucho más corto que el de Clinton en esta misma instancia hace cuatro años. Pero fue lo suficientemente contundente para mostrarle a aquellos que pensaban que Donald Trump se lo comería vivo en los debates de septiembre y octubre que quizás estaban equivocados.
Fue catalogado como “el discurso de su vida”. Su mensaje dista mucho del de Trump. Mientras el presidente continúa promoviendo el “fuego y la furia”, Biden hizo una súplica de amor, esperanza y luz. Su deseo de sanar a su nación que ha pasado por tanto este año se sintió auténtico. Prometió ser un aliado de la luz, no de la oscuridad. La palabra esperanza duplicó al uso de la palabra miedo.
“Este puede ser el mejor discurso que Joe Biden ha pronunciado. No fue un discurso de convención, escrito para aplausos; fue un discurso presidencial, incluso una especie de charla junto a la chimenea”, dijo Gloria Borger, la analista política de cabecera de CNN.
En Fox News, una cadena cercana al presidente Trump, coincidieron que fue un discurso “enormemente efectivo”.