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Trump sigue en campaña

El mandatario delineó ante el Congreso, de mayoría republicana, cómo hará para cumplir todos sus planes: migración, salud y seguridad.

01 de marzo de 2017 - 12:11 a. m.
Foto: AFP - NICHOLAS KAMM
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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sigue en campaña. Es entendible que con apenas 40 días en el cargo no tenga todo definido. El problema es que continúa haciendo anuncios sin dar, por lo menos, una explicación sobre cómo los va a implementar: frases grandilocuentes, pero gaseosas. Eso fue lo que hizo ayer durante su primer discurso ante Cámara y Senado: decir lo mismo que viene diciendo desde antes de su posesión.

Habló, por supuesto, de inmigración, de aumentar el empleo, del sistema de salud. Hizo referencia, igualmente, a una reforma tributaria “histórica” (como todo con él). Palabras y palabras. Finalmente, nada concreto. La mejor muestra de ello fueron sus palabras sobre el Obamacare, el sistema de salud establecido por el expresidente Barack Obama.

Dijo que “obligar a todos los estadounidenses a comprar un seguro de salud aprobado por el Gobierno nunca fue la solución correcta para Estados Unidos”, para luego invitar a “este Congreso a revocar y reemplazar el Obamacare con reformas que amplíen las opciones, aumenten el acceso, reduzcan los costos y, al mismo tiempo, proporcionen mejores servicios de salud”.

Mejor dicho: la panacea. Pero cómo va a reemplazar el Obamacare, sigue siendo un misterio. Y eso lo han podido percibir sus propios votantes. Varios legisladores republicanos han sufrido en carne propia la furia de los electores ante la posibilidad de que el Gobierno desmonte el Obamacare sin ofrecer una alternativa.

El pasado 27 de febrero, en una reunión con gobernadores, Trump insistió en que va a hacerlo. Pero tuvo que reconocer que la decisión no iba a ser fácil. “Nadie se imaginó que el sistema de salud fuera tan complicado”, dijo.

Respecto a una posible reforma migratoria fue igual: satanizó, de nuevo, a los inmigrantes y dijo que va a construir “muy pronto” su ya famoso muro en la frontera con México. Para reforzar el imaginario de que los inmigrantes son criminales y peligrosos, invitó al evento a familiares de personas asesinadas por inmigrantes.

Pero a la hora de entrar en materia, respecto a una posible reforma migratoria, no pasó de la retórica. “Si nos guiamos por el bienestar de los ciudadanos estadounidenses, entonces creo que republicanos y demócratas podemos trabajar juntos para lograr un resultado, (esa reforma) que ha eludido a nuestro país durante décadas”.

Y, de nuevo, la panacea: “Al hacer cumplir finalmente nuestras leyes de inmigración, aumentaremos los salarios, ayudaremos a los desempleados, ahorraremos miles de millones de dólares y haremos que nuestras comunidades sean más seguras para todos”.

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Palabras contradictorias teniendo en cuenta que horas antes, en un almuerzo con periodistas de las principales cadenas de televisión de los Estados Unidos, dijo estar dispuesto a suavizar su postura respecto a los inmigrantes. De la misma forma hubo contradicciones, por ejemplo, en lo que al medioambiente se refiere.

Dijo luchar, por ejemplo, por el “agua limpia” y el “aire limpio”, pero minutos antes había anunciado alivios para la industria del carbón y un empuje en la construcción de oleoductos. Pequeña contradicción.

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Hay que reconocer que tuvo un tono más conciliador para con los demócratas. Propuso en reiteradas ocasiones que ambos partidos trabajen en conjunto para sacar adelante varias de sus medidas. Pero, en perspectiva, parecen sólo palabras para el momento. Hay que recordar que hace menos de una semana, el presidente Trump se mofaba de la elección del exsecretario Tom Pérez como presidente del Partido Demócrata.

Trump se burló diciendo que “estaba muy feliz por Pérez” y por “el Partido Republicano”. Pérez, de origen latino, le respondió que no se pusiera “demasiado contento” porque Keith Ellison, vicepresidente de esa colectividad, y “todos los demócratas unidos, seremos tu mayor pesadilla”. Ya es costumbre: cada que vez que parece que Trump va a suavizar su discurso, sale con algo nuevo.

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La respuesta demócrata al discurso del presidente Trump estuvo a cargo de una inmigrante, Astrid Silva, una “soñadora”, como se conoce a miles de inmigrantes que ingresaron a Estados Unidos siendo menores de edad y que fueron beneficiados por el gobierno de Barack Obama.

El discurso del presidente Trump, dijo, “fue divisivo y tiene como fin causar miedo y terror en las comunidades alrededor del país”. Y, luego, respecto al cambio de tono por parte del presidente, sostuvo que él y los republicanos “pueden usar retórica más calmada y aparentar moderación, pero sabemos que las palabras se las lleva el viento. Son las acciones las que importan”.

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En paralelo hubo otra respuesta: la del exgobernador de Kentucky Steven Beshear, quien fue elegido para responderle al presidente Trump, precisamente por sus logros en materia de salud. Como gobernador, entre 2007 y 2015, bajó del 20 % al 7,5 % el porcentaje de personas sin seguro médico, un récord nacional. Otro dato importante: Beshear dio su respuesta desde Kentucky, estado que ha votado, durante años, a favor de los republicanos.

Sumado a esto, en redes sociales, varios senadores opositores se pronunciaron respecto a las palabras de Trump. Bernie Sanders dijo que no pudo evitar reír cuando Trump dijo que su administración iba a luchar por un aire limpio.

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Nancy Pelosi, por su parte, dijo que el discurso había estado muy “desconectado de la cruel realidad de sus actos”. El senador Chuck Schumer, jefe de la oposición en el Senado, calificó a Trump de “populista” y dijo que los “estadounidenses no necesitan un discurso: necesitan acciones”.

Todo esto deja en evidencia la pelea que se viene en el Congreso de los Estados nidos. Aunque el Partido Republicano controla ambas cámaras, el Partido Demócrata, pese a estar debilitado, se niega a claudicar. 

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