Como es ya costumbre, el mandatario venezolano Hugo Chávez hace uso de su programa dominical, Alo Presidente, para lanzar sus noticias más candentes. Y este domingo no fue la excepción, al revelar que había conversado con el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien le confesó que su gobierno “había descubierto un plan de magnicidio contra él”.
No es la primera vez que los venezolanos ven a su presidente aparecer ante las cámaras para hablar sobre planes magnicidas o golpes de Estado. Al contrario, los anuncios se han convertido en un ritual que durante 2008 se hizo norma en la gran mayoría de países de Latinoamérica: un mandatario se encuentra en aprietos o en un proceso electoral; alguno de sus aliados, o él mismo, denuncian planes oscuros en su contra; en ciertos casos los sospechosos son puestos en manos de la justicia, y, finalmente, el rumor desaparece gradualmente.
En junio de este año, mientras su país se sumía en una crisis social de peligrosas proporciones por cuenta de la reticencia del sector agrícola a someterse a la subida en los impuestos a sus exportaciones, Cristina Fernández de Kirchner denunció un plan similar. Aquella vez fue su esposo, Néstor Kirchner, quien aseguró que sectores de la oposición, encabezados por el ex presidente Luis Duhalde, estaban aliados con los líderes agroexportadores y los medios de comunicación para desestabilizar su mandato.
Luego, un puñado de mandatarios hicieron lo mismo. En Guatemala, el descubrimiento de intentos de espionaje al presidente Álvaro Colom avivaron los rumores de un golpe; en Honduras, el jefe de las Fuerzas Armadas reveló que el malestar por la cercanía de Manuel Zelaya con Hugo Chávez había causado que “ciertas personas estuvieran interesadas” en deponerlo. Y en Paraguay, a una semana de haber ganado las elecciones, Fernando Lugo denunció que miembros del Partido Colorado y de la oposición, entre ellos su rival, Lino Oviedo, y el ex presidente Nicanor Duarte, estarían fraguando un golpe.
Tantas y tan recurrentes fueron las denuncias, que cuando le tocó a Hugo Chávez hacer lo suyo y afirmar en septiembre que un grupo de ex militares planeaban asesinarlo, el líder venezolano llegó a una conclusión: “vean ustedes toda la trama, desde Guatemala, allá, en las fronteras con México, hasta el río Paraguay, pasando por este Caribe, y el altiplano de Bolivia. ¿Quién dirige todo esto? El señor Bush. El imperio gringo, la CIA, sus laboratorios asesinos y genocidas”.
No era la primera vez que Chávez hablaba de un golpe, luego del que le asestaron en 2002. “Lo ha hecho al menos unas veinte veces”, cuenta desde Caracas Maye Primera, corresponsal del diario El País, de España. La última de estas en octubre, cuando afirmó, a pocas semanas de las elecciones regionales, que el gobernador del estado de Zulia y candidato a la apetecida alcaldía de Maracaibo, habría enviado de incógnito a un grupo de opositores a un evento público para asesinarlo.
En pleno ardor electoral, seis ex militares fueron detenidos y su juicio aún continúa; nueve personas también fueron llamadas a comparecer ante la Asamblea Nacional, entre ellos Rosales, y todos fueron declarados “responsables políticos” de la intentona. Rosales, sin embargo, fue electo alcalde de Maracaibo, pues aún no se ha abierto un proceso formal en su contra en la Fiscalía venezolana.
Para algunos observadores, la tendencia conspiracionista pareciera un artilugio de provecho político. En el caso de Venezuela, “fue utilizada como arma de campaña: Chávez buscó reunir toda la solidaridad posible de sus seguidores tratando a sus opositores como golpistas”, opina Primera.
Otros son menos osados y, sin que haya claridad judicial frente a cada una de las denuncias, ven con preocupación que emerja una amenaza violenta en la región: “estamos viendo el riesgo de que en América Latina se use la violencia en los escenarios político electorales”, afirma el profesor y analista de la Universidad Javeriana Alberto Cienfuegos.
El lunes, el gobierno Boliviano afirmó que sectores de la “ultraderecha” habrían acudido a un campesino para que asesinara a Morales, quien ha tenido un año difícil de enfrentamiento con la oposición y cuyo ministro de la Presidencia enfrenta denuncias por colaboración con grupos de contrabando. “Yo le decía a Evo, ‘cuídate, cuídate’”, confesó Chávez el domingo de su alocución.