Caracas, Venezuela — El maoísta nepalés sonrió al recorrer con la mirada el vestíbulo del Hotel Alba Caracas. A su izquierda, delegados de Africa occidental al Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad platicaban en francés. A su derecha, el autor egipcio de un libro sobre el presidente Hugo Chávez fumaba un cigarrillo.
"Este ha sido un foro muy agradable que nos ha permitido aprender de la herencia gloriosa de la revolución socialista en América Latina", dijo el maoísta Chandra Prasad Gajurel de 60 años, miembro del politburó del Partido Comunista de Nepal, el que terminó con la monarquía del país en las elecciones de este año.
Gajurel se unió a unos 200 pensadores de izquierda de todo el mundo que se reunieron aquí por unos cuantos días en octubre para hablar de las transiciones al socialismo, mientras muchas personas en los países occidentales avanzados perdían el sueño por la crisis financiera del capitalismo mundial que se está extendiendo.
En los pasillos del hotel, donde los petroleros vestidos de traje solían urdir transacciones bebiendo güisqui, los delegados con sandalias y guayaberas hablaban de Marx y Antonio Gramsci, el escritor italiano de izquierda. Estas reuniones se han convertido en algo básico en la vida de Caracas, y el gobierno de Chávez saca, al menos por ahora, los petrodólares que se pueden usar para atraer miembros receptivos de los intelectualoides de izquierda de todo el mundo.
Los funcionarios de esta ciudad han organizado encuentros internacionales de filósofos, defensores de los derechos de las
mujeres, los voceros gubernamentales de países no alineados, poetas y, en septiembre, especialistas en pintura corporal.
Otro evento, la feria internacional del libro de Venezuela, que se realiza cada año, empezó con fanfarrias la semana pasada en esta ciudad con el tema: "El libro en la construcción del socialismo bolivariano". Algo moderado en relación a la feria del año pasado, en la que los delegados consideraron el tema: ¿Estados Unidos: una posible revolución?
Entre toda la variedad, pocas de estas conferencias aportaron tanto optimismo en relación a la cambiante situación internacional como la reunión de intelectuales de hace unas semanas en la que hubo visitas guiadas a las barriadas de Caracas para los delegados y paneles de discusión en los que se analizó la evolución de la crisis financiera.
"Debemos ayudar a que se colapse el actual modelo capitalista, ya que por sí mismo no sucederá", dijo José Deniz Espinos, un economista de Madrid, a los asistentes. "No sé de ningún sistema que se haya colapsado por sí mismo. Por esta razón, no debemos sucumbir a la euforia".
La conferencia, al igual que la mayoría de las demás, se llevó a cabo en el Alba, un hotel de lujo confiscado el año pasado por el gobierno a la cadena Hilton. Es el equivalente del Hotel Habana Libre en Cuba: un conjunto soso otrora asociado al poder estadounidense que sirve como un símbolo del cambio revolucionario.
No lejos del puesto de bienvenida en el vestíbulo del hotel, en la tienda de regalos había estatuas de Chávez por 315 bolívares, unos 147 dólares al tipo de cambio oficial (cerca del doble en el del mercado negro).
Quienes tenían un presupuesto más reducido también podían caminar afuera, donde se podía encontrar regularmente a los vendedores ambulantes pregonando una variedad de chucherías adornadas con Chávez por menos de 10 dólares. Para los
más atrevidos, había camisetas con la imagen de Ilich Ramírez Sánchez, el terrorista venezolano conocido como Carlos, el Chacal, quien cumple una sentencia de por vida en Francia.
"Es maravilloso estar en Caracas", dijo Mostapha El-Gammal, un egipcio de 56 años y autor de un libro nuevo: "Chávez: carisma, revolución, dialéctica". "La ciudad tiene una naturaleza linda, y menos tránsito que El Cairo".
No obstante el turismo revolucionario, Gammal dijo que lo más destacado de su viaje fue la oportunidad de debatir sobre su libro, que el gobierno venezolano planea traducir del árabe y publicarlo. "¿Chávez es un mero populista o un revolucionario genuino?", preguntó retóricamente en una entrevista. "Yo rechazo la primera idea".
Y el propio presidente Chávez lo mencionó cuando se dirigió a la conferencia. "Chávez pronunció mi nombre por el micrófono y me dijo: ‘Gracias"’, expresó Gammal resplandeciente.
El gobierno de Venezuela también obtiene altas calificaciones de algunos académicos extranjeros por establecer el Centro Internacional Miranda, una institución de investigación política en una torre al otro lado de la calle del Alba, y por distinciones como el Premio Libertador al Pensamiento Crítico. Franz J. Hinkelammert, un teólogo de origen alemán que vive en Costa Rica, fue el primer ganador del premio de 150,000 dólares en 2006.
Las conferencias, los premios, las visitas guiadas a las barriadas con un destacamento gubernamental de seguridad: todo esto es demasiado para los escépticos de Chávez, gente como Fernando Mires, un historiador y filósofo chileno que estaba en Caracas para asistir a una conferencia diferente en la Universidad Central de Venezuela.
Fuerzas de seguridad detuvieron a Mires, de 65 años, cuando salía de la ciudad, y lo interrogaron exhaustivamente sobre su visita antes de permitirle abordar el avión. Mires, un crítico franco de Chávez, que describió el incidente en un artículo publicado en un periódico local, dijo que vio la conferencia en el Alba con resignación.
"Ayer eran Mugabe o Castro; hoy es Chávez", dijo Mires en entrevista telefónica. "Muchos de los asistentes a estas actividades están saliendo de una frustración política y ven una oportunidad para sus ideas en un país empobrecido que se ha democratizado por medio de la intimidación".
No obstante, algunos participantes en la conferencia de Caracas parecían preparados para lanzar una mirada crítica a su anfitrión, aunque quizá con un guiño.
"Es admirable pero también hay muchas preguntas para ver si este proceso es sostenible", dijo Vinod Raina, un físico teórico de India, sobre la Venezuela de Chávez. "El punto importante es que él ha adoptado el papel de cristalizar fuerzas que se oponen al imperio".