Recibe a los periodistas con una abundante torre de documentos a su lado, organizados por temas. Es el embajador de Venezuela en Colombia, Gustavo Márquez, quien en los últimos dos años ha sido llamado varias veces a Caracas por los sucesivos altibajos en las relaciones con el presidente Álvaro Uribe. Habla con seriedad y claridad. Afirma sucesivamente que al Gobierno le falta transparencia, insiste en que Colombia debe acercarse y discutir su agenda de seguridad en la Unión de Naciones Suramericanas y, como su jefe, insiste en que Estados Unidos es una amenaza para la región. El Espectador habló con él para que explicara sus posiciones.
¿Cómo están hoy las relaciones bilaterales?
En el congelador. Después del bombardeo al campamento de Raúl Reyes (en marzo de 2008) hubo un reencuentro el 24 de enero de 2009 en Cartagena, donde se habló de transparencia como clave para generar confianza. Y entonces apareció el acuerdo estratégico militar de Colombia y Estados Unidos que respetamos, pero que nos preocupa. Es una amenaza real.
¿Por qué consideran que no hubo transparencia en el acuerdo?
No hubo claridad sobre el tema y esa falta de transparencia genera desconfianza.
¿Qué les preocupa del acuerdo?
EE.UU. quiere desplegarse militarmente en Suramérica. Primero, activó la Cuarta Flota, luego estableció bases militares en Curaçao y Aruba para una movilización permanente. Detrás de eso hay una doctrina, que se expresa a través de documentos como el Libro Blanco, que pretende crear en Suramérica un comando aéreo complementario a la movilización de la Cuarta Flota en toda la región. Y se menciona la base de Palanquero como pivote de ese comando.
Pero Colombia es un socio histórico de Estados Unidos…
Cada país es soberano al escoger sus socios. EE.UU. es nuestro primer socio en política comercial, por ejemplo. Pero el imperio norteamericano tiene un plan y lo está desplegando en Suramérica. En el golpe de Estado de 2002 participaron de manera indirecta. Y aun hoy, desde el Pentágono y el Departamento de Estado, existe una campaña internacional para hacer ver que Venezuela es un narcoestado y que hay una alianza malévola y diabólica con Irán y Rusia para promover el armamentismo nuclear en la región.
¿No hay cambio entre Bush y Obama?
Esa es la ambivalencia. Allí también hay contradicciones entre un establishment —que se niega a ceder terreno como fuerza imperial y no quiere dejar de incidir militarmente e imponer directrices sobre el mundo— y los sectores que quieren un cambio.
¿Qué puede hacer Colombia para aliviar las tensiones?
Es importante que se despejen las dudas y que se dé a conocer el texto del acuerdo. Ese podría ser un buen paso.
¿Todo mejoraría si Colombia le demuestra a la región que el acuerdo con EE.UU. no implica convertir las bases en puntos de aterrizaje de aeronaves norteamericanas con objetivos y alcances de vigilancia suramericana?
Es una de las cosas. Pero el comando de movilidad aérea no es sólo para vigilar, sino para intervenir.
Acá hay preocupación por un reciente ímpetu armamentista venezolano.
Para poder decir que hay una corriente armamentista tendrían que considerarse tres indicadores: el gasto militar, el incremento inusitado de la capacidad bélica y una doctrina que busque utilizar las armas como un instrumento de poder geopolítico. Y nuestra doctrina es defensiva. Jamás vamos más allá de las fronteras de nadie. Incluso, en cierto momento se planteó en el gobierno del presidente Rafael Caldera (1994-1999) la persecución en caliente y eso fue desechado.
Nosotros tenemos ese acuerdo con Brasil y funciona bien, ¿por qué no con ustedes?
Eso está desechado.
Y, ¿por qué el rearme?
En Venezuela tenemos sistemas de armas, defensivos, muchos obsoletos, de cuarenta años, que hemos comenzado a sustituir y a actualizar desde 1998. En 2002 nos encontramos con que Estados Unidos decidió bloquearnos y no vendernos más repuestos, y presionó a España y a Brasil para que tampoco nos hicieran los suministros. Un país que tiene los recursos naturales de Venezuela y un extenso territorio que cuidar no podía quedar desarmado. Teníamos que reponer nuestros sistemas. ¿Por qué con Rusia?, porque con Estados Unidos no se pudo.
Ustedes hablan de doctrina defensiva, pero el presidente Chávez ha tenido varios gestos beligerantes, mientras que Uribe es menos desafiante.
Nosotros hemos tenido amenazas directas. Cuando ocurrió el bombardeo al campamento de Reyes, la amenaza planteada fue: vamos a perseguir a los guerrilleros adonde estén. ¿Y dónde se señaló que estaban? En Venezuela. Pero nuestra voluntad política es por la paz y buscar la solución negociada y pacífica.
¿Hay guerrilla en Venezuela?
No tenemos conocimiento. De hecho, cuando se hicieron denuncias concretas y se señalaron coordenadas, incluso para ubicar supuestos campamentos guerrilleros, nunca se consiguió nada. Lo que sí hemos hecho es reforzar la presencia en toda la región fronteriza de cuerpos de inteligencia.
Si supieran que ‘Iván Márquez’ se encuentra en Venezuela, ¿ustedes lo capturarían y extraditarían a Colombia?
Por supuesto. Ahí no hay dobleces.
En el tema ‘Pablito’, el comandante del Eln que se fugó y al parecer está en Venezuela, ¿tienen información?
Es una hipótesis, estamos en alerta. Además, parece que este comandante fue el que comandó el ataque al puesto de Carabobo, en 1995, de donde salieron los famosos lanzacohetes que después han dicho que el gobierno venezolano les entregó a las Farc.
¿Cómo reaccionaron frente a los testimonios de Rafael García, ex jefe de informática del DAS y paramilitares como ‘El Iguano’, que confesaron la existencia de un plan para asesinar al presidente Chávez?
En 2004 encontramos más de 100 paramilitares dispuestos a la toma del Palacio de Gobierno. Pero el tratamiento que le dio el presidente Chávez fue muy delicado, consciente de no afectar las relaciones. En ese momento se vio como una confabulación de factores internos de la oposición con grupos paramilitares para desestabilizar al gobierno. Ahora evaluamos los testimonios de Rafael García, Giovanni Velásquez y El Iguano. Los dos últimos señalaron directamente a Manuel Rosales, ex gobernador del Zulia, de estar involucrado en un proyecto para asesinar al presidente Chávez, financiado con US$24 millones. Una cosa que ayudaría en la relación entre los dos países sería colaborar para que se despejen todas las dudas frente a este tema.
Ustedes hablan de los logros económicos de la Revolución Bolivariana, ¿cuáles son?
Empecemos por el desempleo, que está en 7,9%. Esta es un cifra bien importante, porque como sabemos hay una crisis que nos ha afectado a todos, y a Venezuela muchísimo.
Pero al iniciarse esta crisis, el presidente Chávez dijo que a Venezuela no la había tocado “ni un pétalo, ni un pelo”…
Hay que interpretar las cosas. Quizá no era que no nos impactara, sino que el impacto iba a ser menor de lo que la gente se imaginaba, porque es complicado para un país como Venezuela, que depende del petróleo, que el precio se le venga a US$35 por barril, después de haber estado a US$140. En otras condiciones se hubiera quebrado como país, pero fíjese que no ocurrió. ¿Por qué? Por políticas orientadas a alianzas estratégicas, como la que se estructuró con China para crear un fondo que permita mantener programas de inversiones importantísimos en marcha, el Fonden, Fondo de Desarrollo Nacional, que se estructura con los excedentes petroleros. Quiero recordar que en el año 2002 llegamos a 20%.
¿Qué ha pasado en cuanto a desigualdad?
El Índice de Gini este año para nosotros es de 0,4068%. Pasamos de estar en el puesto 98 con el 0,48% al 0,40%, el índice de desigualdad más bajo de América Latina, de acuerdo con la Cepal. La pobreza ha pasado de 49% en el 98 a 26,4% hoy en día, y la pobreza extrema de 21 a 7%.
¿Cómo va el cambio del modelo económico?
Hay un proceso de reestructuración de la economía, estamos pugnando por salir del modelo rentista petrolero a un modelo económico sostenible, diversificado, productivo y ese proceso llevará algunos años, porque nuestra óptica no es la del neoliberalismo, no es la del mercado, creemos en una economía solidaria, economía social.
La inflación es la más alta del continente.
Tenemos una inflación estructural y es consecuencia de que tenemos una capacidad de consumo superior a lo que producimos, y cuando hay esas diferencias existe la tendencia a que se origine el fenómeno inflacionario. Este año debe estar por debajo del 30%, pero si uno compara la tasa de inflación por períodos presidenciales, del 99 a 2007 fue de 19,5%; pero en el gobierno de Caldera, que nos antecedió, fue de 57,6%, y con Carlos Andrés Pérez, de 44%.
Hablando de otro tema, a los empresarios colombianos Venezuela les adeuda unos US$270 millones, ¿qué va a pasar?
Hay un retraso, es innegable. Es consecuencia de que se redujeron a la mitad los ingresos y eso nos puso en una situación de iliquidez. La crisis tuvo un impacto concreto allí. También está el problema de las sobrefacturaciones.
¿De qué se tratan las sobrefacturaciones?
Allí no hubo transparencia. Tenemos información, que hemos sacado de la base de datos de Proexport, por ejemplo, de precio en dólares de la importación de carne de Colombia y Argentina. Mientras que la carne colombiana nos cuesta US$7,83 el kilo, la argentina vale US$3,77. Estamos hablando de carne deshuesada de res fresca o refrigerada. En semen bovino y lácteos sucede una cosa similar, por eso solicitamos transparencia.