En septiembre pasado, agobiado porque su conciencia no se cansaba de repetirle que estaba equivocado, Matthew Hoh se sentó a escribir una carta.
“Ya no entiendo ni tengo confianza en los propósitos estratégicos de la presencia de EE.UU. en Afganistán”, escribió Hoh, de 36 años, el funcionario estadounidense de mayor rango en la región afgana de Zabul (fronteriza con Pakistán) en su carta de renuncia al Departamento de Estado.
En Washington, tan pronto recibieron la misiva de cuatro páginas, se prendieron las alarmas. De inmediato dieron órdenes a Karl Eikenberry, embajador en Kabul, la capital afgana, para que llamara a Hoh y le ofreciera un puesto bien remunerado en la sede diplomática. Sin embargo, el funcionario rechazó este ofrecimiento, algo que dejó aún más perplejos a sus jefes.
Según el diario The Washington Post, la preocupación no era tanto perder a un funcionario vital (fue marine, combatió en la Guerra del Golfo y había trabajado para el Pentágono y el Departamento de Estado en la segunda invasión a Irak), sino en ganarse a un poderoso crítico con información valiosa, algo que no puede permitirse en momentos en que el presidente Barack Obama estudia incrementar la presencia militar en Afganistán.
En su carta de renuncia, Hoh argumentó que “si bien los talibanes son una presencia maligna y hay que confrontar a Al Qaeda en Pakistán, EE.UU. les pide a sus soldados que mueran en Afganistán por lo que es, esencialmente, una guerra civil ajena”.
La observación llamó la atención de Richard Holbrooke, encargado de la estrategia estadounidense en Afganistán y Pakistán, quien solicitó el viaje de Hoh de regreso a Washington para proponerle que se uniera con su equipo y le diera un nuevo rumbo a la política de guerra. Pero sólo se encontró con una nueva negativa.
Y todo indica que sus presagios, de que la insurgencia afgana se fortaleció por el apoyo de la Casa Blanca a un gobierno corrupto, son correctos: 267 soldados estadounidenses han perdido la vida en lo que va del año en Afganistán, de los cuales ocho murieron este martes cuando explotó una bomba en el sur del país.
Y mientras Hoh aún analiza cuál será su futuro, por el momento ha expresado un deseo muy claro: “Quiero que la gente en Iowa, en Arkansas, en Arizona, en todo el país llame a sus representantes en el Congreso y les diga: ‘Oiga, pienso que esto no es correcto’”.
Mientras tanto la situación se pone cada vez peor por el aumento de la violencia. Este martes ocho soldados estadounidenses murieron por el estallido de una bomba al sur del país.