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Torre de Tokio: Macondo recuperado


Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Portada en japonés de la novela «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez, en versión bolsillo.
Foto: Cortesía editorial Shinchosha
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Al presentar un seminario online para explicar a los lectores jóvenes Cien años de soledad, el comentarista literario japonés Sinsi Saito pronunció en YouTube una frase contundente con ecos de profecía: “Aunque hayan dicho que es una novela que se vende como salchichas, no todos la van a entender” (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre la cultura japonesa).

La obra cumbre de Gabriel García Márquez fue puesta a disposición de las nuevas generaciones de japoneses a finales de junio pasado en edición de bolsillo por la editorial Shinchosha, como una forma de celebrar su primera publicación en tapa dura, hace 52 años, y recordar el décimo aniversario de la muerte del Nobel colombiano.

Animada por el inminente estreno en Netflix de una serie basada en Macondo, Shinchosha contrató a un cotizado ilustrador llamado Ryuto Miyake, quien seleccionó para la portada 16 elementos que componen la obra y entre los que se incluye un militar, un gallo de pelea, un alambique, una mariposa amarilla y el inevitable referente tropical de un racimo de plátanos.

Pero aunque el libro sigue siendo noticia por haber agotado varias ediciones en un mes, y seguir en los primeros lugares de ventas, muchos lectores se sienten intimidados por su estructura circular y la centuria de episodios a lo largo de los cuales los nombres de los personajes se repiten en una sucesión caleidoscópica.

El propio Saito, que se esmera en explicar los orígenes literarios del realismo mágico, advierte también a los futuros lectores del reto de comprender las verdades fluctuantes de ese “universo misterioso oculto detrás de una tupida floresta”, que para él es Colombia.

La versión de bolsillo está teniendo un eco sin precedentes en Japón, aunque aparece en un momento geopolítico muy distinto al del lanzamiento de la obra, en 1972. En ese entonces, América Latina era la plaza central donde el capitalismo estadounidense y el comunismo ruso libraban enconadas batallas ideológicas después de haber estado a punto de materializar una guerra nuclear con la crisis de los misiles de Cuba, en 1962.

Las facultades de humanidades en Japón estudiaban aquella exuberante tierra prometida, rica en recursos naturales y proclive a gobiernos tiránicos y a violencia como la descrita en Cien años de soledad.

Hoy, lectores como Saito pueden entrar en Google y bajar a cualquier pueblo del Caribe colombiano para buscar los macondos, las acacias y los almendros, y conocer de qué color son las guayabas.

Es poco probable que los lectores japoneses participen del previsible desconcierto que producirá la versión domesticada por las exigencias cinematográficas, con diálogos inventados y mermada de aurelianos. Pero antes, o después, podrán disfrutar de un texto clásico definitivo cuya reedición confirma su resistencia a modas y formatos.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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