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Torre de Tokio: país rosado

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

En Japón el partido Reiwa, considerado progresista de izquierda, usa una variación de rosa para su identidad.
Foto: Gonzalo Robledo
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El estreno de la película Barbie, la reina del fucsia intenso, y el primer gol norteamericano de Messi, vestido con uniforme rosa pálido, centran la atención en una gama cromática reverenciada en Japón desde tiempos históricos y nunca limitada a lo femenino, delicado, frívolo o infantil. (Recomendamos leer más columnas de Gonzalo Robledo sobre la cultura japonesa).

Entre marzo y abril, cuando florecen los cerezos, la Agencia Meteorológica de Japón hace una pausa en sus sobrecogedores pronósticos de tormentas, huracanes, terremotos y tsunamis, y anuncia cómo el archipiélago se tiñe de rosa de sur a norte a medida que suben las temperaturas.

La floración plena de los cerezos dura unos pocos días y simboliza la vida efímera de los samuráis que perdieron la vida en sus primeros combates, en la flor de la juventud.

Ajeno a cualquier connotación afeminada, tan temida en el mundo futbolístico occidental, un equipo japonés con nombre en español, el Cerezo Osaka, eligió en 1993 como uniforme principal uno rosa tirando a neón, mucho antes de que el Inter de Miami, fundado en 2018, se decantara por el rosa bebé como homenaje a sus famosos edificios Art Deco pintados en gamas pastel.

Desde finales del siglo pasado la cultura popular japonesa del manga, el cosplay y una moda de vestir estilo mucama victoriana, conocida con el problemático nombre de Lolita, usan con fruición los colores que obtenemos al mezclar fresas, moras o arándanos con leche.

Aquellos que tienen fobia al rosa son advertidos de mantenerse alejados de la marca Hello Kitty, la gata japonesa sin boca que, al menos en Asia, compite en popularidad y ventas con Mickey Mouse.

Su infinito catálogo de productos ofrece variaciones cromáticas que pueden empezar con el fresa lechoso del uniforme miamense y terminar en los arrebatos remolacha de Barbie.

Para la conocida estudiosa del color rosa, la profesora y artista alemana Barbara Nemitz, aunque el rosa se asocie a la belleza, también puede ser percibido como un color desagradable y a veces vergonzoso. Nos recuerda, como si hiciera falta, que todos los orificios humanos presentan variedades del rosa.

Mi toma de conciencia sobre la diferencia de percepción entre Oriente y Occidente, respecto al rosa, tuvo lugar en un programa de un canal europeo en el que entrevistamos a un judoka japonés descomunal dueño de una serenidad amenazante.

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Cuando los citamos para grabarlo practicando ciclismo, su pasatiempo favorito, apareció sonriente sobre una bicicleta blanca en una sudadera rosa chicle.

Con el argumento de no querer confundir a la audiencia con un dulce pedaleo osuno en rosa, el editor del programa rechazó la secuencia. No tuvimos argumentos para rebatir, pues aún no habían llegado ni Barbie ni Messi para permitirnos hablar de paletas inclusivas, matizadas y universales.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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