El gusto japonés por descifrar planos de casas, apartamentos y otras construcciones disparó las ventas de una novela de misterio que invita a sumergirse, con la ayuda de un simple gráfico, en el escenario de un crimen horrendo. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
“No tenía puertas ni ventanas y estaba escondida. Cualquiera pensaría que era solo una pared”, dicen las frases iniciales de la trama construida alrededor de una habitación oculta que promete descubrimientos aterradores.
Se titula La casa extraña (Henna ie, en japonés) y su autor, que firma con el seudónimo de Uketsu, aprovecha la afición japonesa a visualizar espacios con solo mirar un plano a escala.
Los niños japoneses son educados para aprender a leer el espacio circundante cuando sus padres los embarcan en esa primera compra en solitario descrita en el programa de Netflix titulado Old enough (Soy mayor o Mi primer mandado).
Muchos extranjeros nos sorprendemos la primera vez que vemos a niños de seis o siete años atravesando solos Tokio a bordo del metro para ir a su escuela.
No es raro que el profesor asigne una tarea titulada “Las cosas que se pueden mejorar en el camino al colegio”, en la cual los estudiantes sugieren, por ejemplo, instalar un semáforo o un espejo que permita divisar el tráfico proveniente de una calle vecina.
Muy pronto los niños se familiarizan también con las convenciones arquitectónicas para representar ventanas, puertas, espacios comunes, baños o sistemas eléctricos.
Nacida como un video en YouTube que superó los 20 millones de vistas, La casa extraña ocupó los primeros lugares de ventas de libros en Japón en 2023 y puso a competir a editoriales de todo el mundo para asegurarse los derechos de traducción.
En una conversación reciente con el representante de una editorial hispanohablante de visita en Tokio, le manifesté mi incertidumbre por la recepción de la novela en culturas como la nuestra, poco adepta a la lectura de mapas y planos impresos.
Además de la desconfianza en los planos generada por constructoras que venden a sus clientes un proyecto y le entregan otro, la magia del Sistema de Posicionamiento Global (GPS) ha hecho innecesario aprender a orientarse visualmente y a interpretar mapas.
Incluir planos para situar geográficamente al lector dentro del escenario y hacerlo partícipe de la resolución del misterio es un viejo recurso de Agatha Christie y otros exitosos autores clásicos de suspenso.
Si en la América hispanohablante la novela no funciona, algún crítico podrá explicar que no se puede exigir devoción por los planos a una parte del mundo descubierta para Europa por un diligente y obstinado navegante italiano que cuando tocó tierra, un 12 de octubre, creyó que estaba en Japón.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.