Los tíos de Suhaib y Muhammad Hijazi fueron los encargados de llevar los cadáveres de los dos niños hasta una mezquita cercana a su casa, en Gaza. Los pequeños fueron algunas de las víctimas civiles de los ataques aéreos que el Ejército israelí sostuvo sobre esa ciudad en noviembre del año pasado. El padre de los menores también murió en el bombardeo y su cuerpo va en la parte de atrás de la procesión, fuera del alcance de la cámara.
Más que drama, la imagen invoca una serie de poderosas emociones que empiezan con la ira de quienes van más atrás en la procesión y cuyas manos se ven levantadas mientras gritan, hasta decantarse en la tristeza pura y dolorosa del hombre de chaqueta azul que aparece en primer plano: no parece responder al canto del resto de la multitud, su boca apenas está abierta, los ojos entrecerrados; en sus manos lleva a uno de los niños, ya amortajado y con el rostro sucio.
La imagen, tomada por el fotógrafo sueco Paul Hansen, fue la ganadora del World Press Photo, el concurso anual de fotografía de prensa más importante del mundo, en el cual participaron 5.666 reporteros gráficos de 124 países, con un total de 103.481 imágenes.
“Tuvimos una gran participación de material proveniente de Gaza y Siria, pero escogimos ésta como la foto del año porque es una colección de motivos y expresiones que, al juntarse, forman una imagen muy poderosa”, aseguró Santiago Lyon, uno de los jurados del premio.
Otro de los ganadores fue Paul Nicklen, fotógrafo canadiense que obtuvo el primer lugar en la categoría de historias de naturaleza por un reportaje gráfico acerca del pingüino emperador de la Antártida, que fue publicado en National Geographic.
También se destacó Wei Seng Chen, de Malasia, por la fotografía de una carrera de toros en Indonesia, tomada en febrero del año pasado, que se quedó con el primer puesto en la categoría de acción en deportes.