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Aunque Francia escogió el centro, giró a la derecha

Francia eligió a Emmanuel Macron para un segundo quinquenio como presidente. Se enfrentó de nuevo a la nacionalista Marine Le Pen y se acercó a posiciones de derecha que antes no defendía. Esta vez la ventaja fue menor que hace cinco años.

25 de abril de 2022 - 11:55 a. m.
Portada de una diario en París un día después de la victoria de Emmanuel Macron en las urnas.
Foto: EFE - Mohammed Badra
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Emmanuel Macron fue reelegido este domingo como presidente Francia durante la segunda vuelta electoral. El candidato del partido de centro La República en Marcha le ganó una vez más a la diputada de derecha nacionalista Marine Le Pen, esta vez con una diferencia de votos menor que la obtenida en los comicios de 2017: mientras que hace cinco años Macron obtuvo el 66,10 % de los votos, ahora lo hizo con un menos cómodo 58,54 %. A esto se suma un 28 % de abstención, la segunda abstención electoral más alta en la historia de la Quinta República Francesa (vigente desde 1958).

En su discurso, Macron agradeció a sus votantes, reconoció que muchos lo escogieron para impedir el ascenso de la ultraderecha y dijo que su mandato no sería una continuidad del anterior. Por su parte, la candidata Marine Le Pen, en su discurso de concesión, reconoció que el resultado obtenido era histórico para el ala de la derecha francesa que ella representa: 41,46 %, que representa más de 13 millones de votos.

Le fue mejor a la derecha

Para el internacionalista y profesor de estudios europeos Dirceo Córdoba, la sociedad francesa ha estado siempre polarizada, pero esta vez lo está más. “Macron fue duramente criticado por disminuir el tamaño del Estado y liberalizar la economía. Esto, para los franceses que están acostumbrados a un Estado de bienestar, es inaceptable y es visto como propio de la derecha”, explica Córdoba. Macron, además, se comparó a sí mismo con Júpiter, dios supremo de la mitología romana, y proyectó una imagen de líder arrogante. En diciembre de 2021 se auguraba una batalla electoral mucho más reñida, pues el presidente y candidato era, para entonces, bastante impopular.

El abogado e investigador Federico Freydell piensa que Francia sí está polarizada y hay un descontento con el establecimiento, del cual da cuenta también el pésimo resultado obtenido por los partidos Socialista y Republicano, los dos partidos tradicionales, que se hicieron con una votación conjunta no superior al 8 %. Pero, para Freydell, la polarización francesa es asimétrica, pues esta vez la balanza se estaría inclinando a la derecha. “Para 2022 —dice Freydell— los discursos antiinmigración y soberanistas, que consideran que la globalización debilita al país y amenaza la seguridad, están más normalizados y ocuparon un segundo plano en las elecciones”. Macron, por ejemplo, buscando apoyo de votantes de derecha, ha endurecido sus posiciones sobre inmigración y ahora busca fortalecer las fronteras nacionales y deportar inmigrantes que no sean elegibles para asilo o residencia. “En campaña, los temas principales fueron inflación y capacidad adquisitiva y Marine Le Pen supo apelar a los sentimientos de inconformidad del electorado en esa materia”, afirma Freydell.

Sugerimos: Macron: ¿por qué el segundo mandato le queda cuesta arriba?

Tras perder las elecciones en 2017, Le Pen dejó de defender la salida de Francia del sistema euro, la moneda común europea, y renunció a refrendar la permanencia de su país en la Unión Europea. Moderó su discurso antiinmigración y, además, prometió transformar su partido, el Frente Nacional, y le cambió el nombre a Agrupación Nacional, pues el anterior era asociado con la Francia de Vichy, régimen que colaboró con el nazismo.

Una figura controversial en las elecciones fue Éric Zemmour, candidato por el partido Reconquista, entre cuyos antecedentes hay una multa por discriminación racial y otra por incitación al odio contra los musulmanes. “Se trató de un candidato de derecha tan extremista que hizo ver a Marine Le Pen como una opción más moderada.”

Para Dirceo Córdoba, fue en la crisis en Ucrania “donde Macron catapultó su imagen de figura progresista que buscó una solución pacífica de controversias como líder de la Unión Europea”. En cambio, la imagen de Le Pen se perjudicó por esa coyuntura pues, aunque la candidata rechazó la invasión de Rusia a Ucrania, los franceses alarmados con la guerra no olvidaron que ella antes había defendido la anexión de la península de Crimea, que expresó representar las mismas políticas de Vladimir Putin, que quiere sacar a Francia de la OTAN y que había obtenido un préstamo millonario de un banco ruso para financiar su partido.

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Una izquierda decepcionada

Emmanuel Macron comenzó en política militando en el Partido Socialista de Francia. Para 2017, buena parte de sus bases electorales se autoidentificaban de izquierda. Sin embargo, algunos de estos electores se sienten traicionados y llaman hoy a Macron “el presidente de los ricos”, pues una vez posesionado en su primer mandato redujo significativamente el impuesto a la riqueza y gravó el diésel con un impuesto ambiental regresivo. Durante su administración, Macron reclutó a las personas más moderadas de los demás partidos y se rehusó a negociar con los extremos. Esto, para el abogado Federico Freydell, resultó radicalizando a esos grupos políticos que se sintieron excluidos.

En primera vuelta, más del 50 % del electorado se fue por los extremos: Le Pen obtuvo el 23,1 % de los votos; Jean-Luc Mélenchon, del partido de izquierda Francia Insumisa, el 22 %, y Zemmour el 7,1 %. Luego, el desasosiego de la izquierda con Macron se manifestó en segunda vuelta. De acuerdo con la encuesta de las consultoras Ipsos y Sopra Steria —la cual acertó con precisión en su proyección sobre el resultado de las elecciones—, 43% de los votantes que se identificaban a sí mismos como de izquierda radical estaban dispuestos a votar por Marine Le Pen en segunda vuelta. Según la encuesta, fue en la extrema izquierda donde hubo mayor abstención.

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En los territorios franceses de ultramar de Guadalupe, Reunión, Guyana Francesa, Martinica, San Pedro y Miquelón y San Martín y San Bartolomé Macron ganó en 2017. En 2022, el ganador en la primera vuelta allí fue el candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon. En la segunda vuelta, en cambio, Marine Le Pen fue la ganadora en todos esos territorios. Este desplazamiento de votos de un extremo ideológico al opuesto se explica no en términos de izquierda y derecha sino, de acuerdo con el profesor Dirceo Córdoba, en que “los habitantes de los territorios de ultramar han visto con preocupación cómo en el gobierno de Macron no han mejorado sus condiciones de vida”. Según Córdoba, los problemas de inseguridad, salud pública, necesidades básicas insatisfechas e incluso relación con territorios son totalmente distintos de los problemas de la Francia continental y estos no se tuvieron en cuenta durante la administración de Macron. Así, los votantes de esas islas no pensaron en términos de izquierda o derecha, sino de oposición a un régimen que los ignoró.

En estos comicios el voto por Marine Le Pen resultó más normalizado. En elecciones anteriores los candidatos ganadores invitaron a votar por ellos ofreciéndose como opositores a extremos políticos radicales, pero esa fórmula podría dejar de funcionar. Los resultados de 2022 demuestran que el electorado francés le teme cada vez menos a votar por el extremo político que representa su inconformidad.

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Por José David Escobar Franco

Periodista e internacionalista. Becario del International Center for Journalists (ICFJ) en 2024 y del programa Puentes de Comunicación de la DW Akademie, Efecto Cocuyo y El Faro en 2022. JoseD_Escobar jdescobar@elespectador.com
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