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Desafíos en las elecciones francesas

Según sondeos, Nicolás Sarkozy y François Hollande pasarán a la segunda vuelta.

17 de abril de 2012 - 05:34 p. m.
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Los candidatos llamados a pasar a la segunda vuelta en las elecciones del próximo 22 de abril son el presidente Nicolás Sarkozy, con un alto rechazo nacional, y el socialista François Hollande, un gris y tecnócrata secretario del Partido, miembro de la corriente del ‘malogrado’ Strauss-Kahn. Ambos bordean el 28% en las encuestas.

El tercer lugar lo disputan el renaciente Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon, y Marine Le Pen, hija del ultraderechista Jean-Marie Le Pen, ambos con un porcentaje del 14%. Por detrás, se encuentra François Bayrou, de una despistada centro-derecha, y unos cuatro candidatos más de ultra derecha y de la izquierda radical. Las encuestas de segunda vuelta muestran a Hollande triunfante, con 6 a 8 puntos de diferencia sobre Sarkozy.

En una Unión Europea en grave crisis, donde el 80% de los gobiernos son de derecha, asombra que se avecine un triunfo de la centro-izquierda en Francia, lo cual no deja de preocupar a la tríada que hoy maneja autoritariamente a la región (Banco Central, FMI, Comisión Europea).

Sarkozy no habla sobre las exenciones fiscales que entregó a las grandes empresas por cerca de 100.000 millones de euros, los que habrían reemplazado la deuda que hoy tiene a Francia como posible nueva víctima de la crisis. Además elude el debate de la crisis y resalta su ‘heroico’ papel en la persecución que permitió dar de baja al autor de la masacre de Toulouse.

Mientras tanto Hollande, presionado por la necesidad de ganar votos a la izquierda, anuncia que gobernará con los socialistas de izquierda, comunistas y ecologistas que conforman el Frente de Izquierda, y propone tibias medidas dirigidas a garantizar el empleo y afrontar los efectos de la ley de oro del ‘cero déficit’, impuesta por el pacto Sarkozy-Merkel. Cuando un mes atrás le había asegurado al Financial Times que ya no quedaban comunistas en Francia, hoy, víctima de las imprevisibles sorpresas de la política, está sometido a hacer acuerdos con ellos para llegar a gobernar.

La sorpresa es Mélenchon

Jean-Luc Mélenchon, a quienes los medios le reconocen un pasado trotskista, fue miembro disciplinado del Partido Socialista, congresista y ministro de Lionel Jospin, y es quien está sumando contenidos y pasión al debate. Ha priorizado su campaña hacia la plaza pública, y en reciente mitin en la Plaza de la Bastilla, con una asistencia de 120.000 personas que triplicaba sus expectativas, vinculó simbólicamente las acciones de la Revolución francesa con la ‘revolución ciudadana’ que propone, al igual que Correa en Ecuador.

Asume como fuentes de su inspiración, no como modelos, a los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina; reconoce los avances de Chávez al nacionalizar el petróleo y reducir la pobreza, y se considera amigo de Lula y de Evo Morales. Con desparpajo califica a la candidata Le Pen, quien reclama la pena de muerte y el cierre de toda migración, como una ‘bestia ilustrada’, y propone la regularización de todos los ‘sin papeles’, el restablecimiento de la carta de residente de 10 años, la no criminalización de la inmigración y una reforma del código de entrada y de residencia, y revalorar el derecho de asilo. Niega el déficit cero, pues considera que agravará la crisis y hará caer sus costos sobre los pobres y trabajadores, y propone solucionar la crisis de la deuda “como los Kirchner en Argentina”, realizando una auditoría y no pagando la que se considere ilegítima. Anuncia un 22% de alza en el salario mínimo y propone adoptar un salario máximo, con altos impuestos a las grandes ganancias.

Para Obey Ament, coordinador de Izquierda Unida para América Latina, la solución a la crisis pasa también por “poner fin a la independencia del Banco Central Europeo con respecto a las instancias democráticamente electas, para pasar a darle prioridad al empleo y al desarrollo humano durable, pues fueron sus políticas de control de la inflación, el déficit y la deuda las que llevaron a la crisis”. Y agrega: “Es absurdo que el Banco Central les preste dinero a los grandes bancos privados con el 1% de interés, y éstos se lo presten a los Estados con intereses entre el 6 y el 8%, dependiendo de la calificación de riesgo que tengan, cuando son esos Estados los que financian al Banco Central”.

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Este favorecimiento directo al negocio del capital financiero es el mismo que levanta la indignación de los ‘ocupantes’ de Wall Street, como la de los miles de jóvenes que se suman a la campaña del Frente de Izquierda con el objetivo central de derrotar a Sarkozy. Un 75% de los jóvenes con estudios universitarios viven de empleos precarios y, salvo unos afortunados, el resto está en el desempleo. Lo que explica también la recepción que ha tenido entre ellos la propuesta de Mélenchon, “de que el Banco Central les preste a los Estados con 0% de interés y hasta con intereses negativos, en el marco de un pacto europeo de progreso social y de codesarrollo, basado en un fondo para el desarrollo social, solidario y ecológico que favorezca el empleo, la reindustrialización, la investigación y la educación”, agrega Ament.

Segunda vuelta

El 6 de mayo será la segunda vuelta, que promete un debate más picante, pues quien quiera gobernar tendrá que negociar y ganar sus mayorías. Según Obey Ament, “la izquierda sólo ha ganado presidenciales yendo unida a la segunda vuelta”.

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Para el Frente de Izquierda, que anuncia desde ya su voto por Hollande, decisión que lo diferencia de otras fuerzas de la izquierda radical, participar del gobierno será difícil, pues su aspiración es construir un proyecto estratégico transformador a mediano plazo. Así lo reconoce Ament: “dadas las diferencias que tenemos, lo más probable es que no participemos del gobierno”. El dilema de Hollande pasará por la imposibilidad de desarrollar una política de izquierda aceptando, como declara, el déficit cero, aunque para compensar sus impactos sociales proponga que esta regla no sea incluida en la Constitución, sino que se la apruebe como una ley presupuestaria, y que al pacto europeo se le incluya una cláusula sobre la cuestión social y el empleo, que no tendrá poder vinculante.

Y con convicción contagiosa afirma: “La alternativa que nos queda será continuar promoviendo la movilización social, como lo hicimos en el 2011 contra el recorte pensional. Oponernos al desmonte del Programa del Consejo Nacional de la Resistencia, eje de los acuerdos de posguerra, que comenzó con las privatizaciones de las grandes empresas estatales y que en nombre de la construcción Europea continúa con el desmonte del modelo de garantías sociales. En estas presidenciales está en juego la defensa de una cultura, la profundización de la democracia y una manera de concebir la vida”.

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Dos alternativas parecen quedarle al futuro gobierno de centro-izquierda en el marco de la Europa actual: proponerse la reconstrucción del bloque social y de izquierdas para futuras batallas globales, o dejarse arrastrar por las mayorías de la derecha “en aras de la estabilidad del sistema”, como hicieron en Italia y Grecia, y así desaprovechar la oportunidad de reconstruir las reglas de juego de una Europa unida con sentido social y solidario.

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