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Desconocidos en la Unión Europea

El presidente, Herman Rompuy, y la ministra de Exteriores, Catherine Ashton, son vistos como políticos débiles y de bajo perfil.

20 de noviembre de 2009 - 05:57 p. m.
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El primer ministro belga, Herman Van Rompuy, fue elegido  por unanimidad por los dirigentes de los 27 países miembros de la Unión Europea como el primer presidente permanente del Consejo Europeo. En la misma reunión, que apenas duró dos horas y media, los jefes de Estado o de Gobierno nombraron a la británica Catherine Ashton, actual comisaria de Comercio, como jefa de la diplomacia europea, cargo que hasta ahora desempeñaba el español Javier Solana.

Los dos nuevos cargos, creados por el Tratado de Lisboa que entrará en vigor el próximo 1º de diciembre, estarán encarnados en dos políticos de bajo perfil y que sin duda alguna no le harán sobra a ninguno de los dirigentes de los grandes países europeos. Junto al presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, y el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, Van Rompuy y Ashton constituyen la imagen más clara de la nueva Unión Europea. Van Rompuy es poco conocido en las instancias comunitarias.

Sin embargo, para muchos Van Rompuy, un hombre sumamente discreto, con prestigio de buen componedor, encaja perfectamente para el perfil del puesto de presidente. Sus competencias son las de preparar y presidir los trabajos del Consejo Europeo, esforzarse por facilitar la cohesión y el consenso. En su discurso, Rompuy definió su perfil como el de “un hombre de diálogo, unidad y acción”. Aseguró que seguirá los principios que lo han guiado en su vida política: “Entendimiento, respeto al adversario y respeto a los compañeros”.

Pero, sin duda, el que más sorprendió fue el nombramiento de Catherine Ashton, una inexperta en los temas diplomáticos. Fuentes comunitarias comentaban con cierta sorna que “los británicos querían liquidar el servicio exterior y lo consiguieron” al nombrar a esta mujer en uno de los cargos más importantes de la UE. Otros comentarios más críticos subrayaban la contradicción que supone “elegir a una persona con menos conocimientos y experiencia que Javier Solana para un cargo con más competencias que el que actualmente desempeña Solana”.

Ashton reconoció su propia sorpresa por el nombramiento al reconocer que no tenía ningún discurso preparado. Sin embargo, se comprometió a “hacerlo lo mejor que pueda” y a desarrollar “una diplomacia tranquila”.

Con el nuevo Tratado, la alta representante dirige la política exterior y de seguridad común de la Unión. Está por ver si ella tendrá el número de teléfono de la UE al que llamar, como reclamaba con sorna el ex secretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger. También preside el Consejo de Asuntos Exteriores, es una de los vicepresidentes de la Comisión Europea y es la máxima autoridad del Servicio Exterior de la Unión, que constituirá el futuro cuerpo diplomático europeo.

Grandes desafíos

A pesar de los nuevos poderes e instrumentos que otorga el Tratado de Lisboa, los desafíos que afrontará la UE en los próximos años seguirán planteando serias dificultades en múltiples frentes. Los nuevos mandatarios deberán en primer lugar concentrar sus esfuerzos en asegurar la salida de la recesión económica y sobre todo en favorecer la generación de empleos para absorber el ejército de parados que ha dejado la crisis.

Al mismo tiempo, Europa tiene que consolidar su papel en la escena internacional en un momento en que las potencias emergentes, especialmente China, están logrando un mayor protagonismo. Para ello, la Unión tendrá que resolver retos en energía, regulación financiera y cambio climático, entre otros.

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