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El buque de la discordia

El gobierno británico demandó a la compañía de cazatesoros Odyssey. Están en juego 4,2 millones de dólares.

20 de marzo de 2009 - 06:25 p. m.
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El 25 de febrero de 1917, mientras cubría la ruta entre Liverpool y Nueva York, un submarino alemán hundió la Real Nave de Mensajería Laconia. Las frías aguas del Atlántico Norte se tragaron la estructura del buque, y consigo 852 lingotes de plata y 132 cajas de monedas de plata mexicana y suramericana.

Este sábado, 92 años después de su hundimiento, la nave vuelve a ser noticia por una demanda ante un tribunal estadounidense.

En noviembre del año pasado la compañía Odyssey Marine Exploration, dedicada a buscar en el lecho submarino los restos de embarcaciones hundidas y rescatar sus tesoros, halló el casco del Laconia a 260 kilómetros de la costa de Irlanda e inmediatamente declaró su derecho sobre el botín escondido, valorado en 4,2 millones de dólares.

Pero el gobierno británico contraatacó. Esta semana el diario londinense The Independent reveló que el Ministerio de Transporte instauró una demanda ante un tribunal de Florida, donde se encuentra la sede de Odyssey, por la propiedad de los restos encontrados.

“Hemos dejado clara nuestra posición ante los tribunales estadounidenses de que el barco es propiedad del gobierno de Su Majestad. El Laconia no ha sido abandonado”, le confirmó al periódico un funcionario gubernamental, quien reveló los restos de una segunda embarcación en disputa: el buque mercante Cairnhill.

El enfrentamiento rompe la fluida comunicación que en el pasado caracterizó la relación entre el gobierno británico y la firma Odyssey. Ambos habían acordado repartirse, en 2002, los 420 millones de dólares en oro que significó el hallazgo del Sussex, un buque de guerra hundido frente a las costas de Gibraltar en 1694.

Para Odyssey, quedarse con la totalidad del botín del Laconia significaría un gran alivio para sus golpeadas finanzas. En días pasados, Greg Stemm, presidente de la compañía, reveló que los balances de 2008 arrojaron pérdidas por 25 millones de dólares, uno más que en 2007.

Londres también tiene argumentos sólidos para emprender la lucha legal. Según recontó el Ministerio de Transporte, el gobierno pagó a los dueños del Laconia, en 1917, un seguro de guerra antes de su partida a Nueva York, por lo que el tesoro “pertenece a los contribuyentes británicos”.

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Pero más allá de la disputa legal y económica, se esconde un hecho histórico. La noche de su hundimiento se encontraba a bordo Floyd Gibbons, corresponsal del diario estadounidense Chicago Tribune. Cuando los  legisladores en Washington leyeron su crónica sobre el recuento del hecho, en el que murieron tres norteamericanos, lo juzgaron motivo suficiente para que su país peleara en la I Guerra Mundial.

En 1921 el ejército británico construyó un buque de reemplazo y, de nuevo, lo llamó Laconia. Fue hundido por los alemanes en 1942, en plena II Guerra Mundial.

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