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El Papa dijo adiós a Barcelona

Benedicto XVI viajó de vuelta a Roma después de pasar por España. Su estadía estuvo marcada por la controversia.

07 de noviembre de 2010 - 10:00 p. m.
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Más de cien parejas homosexuales se apostaron tras las barreras de seguridad que separaban al papamóvil de la multitud. Al pasar el vehículo, con Benedicto XVI a bordo, dirigiéndose hacia la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, cada una de ellas se fundió en un largo beso que más que una manifestación de amor, era una protesta contra los dogmas religiosos de la Iglesia.

Los cientos de besos eran acompañados también con carteles y cantos de grupos feministas: “Se va a quemar, se va a quemar, la conferencia episcopal… por machista y patriarcal”; “niños, huid que el Papa ya está aquí". Los colectivos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgeneristas) se unieron de esta manera para rechazar la presencia del Sumo Pontífice, una persona que según las consignas se considera con el derecho de decidir sobre sus cuerpos.

Del otro lado estuvieron los jóvenes fieles que izaron la bandera de El Vaticano y vitorearon el tránsito del papamóvil desde el arzobispado de Barcelona hasta la Sagrada Familia. “Esta es la juventud del Papa”, “¡Viva el Papa!”. Por momentos, cuando ambas fuerzas se cruzaban, las voces se entraban en una guerra verbal que en ningún caso pasó el terreno de lo anecdótico.

Más de 8.000 personas acompañaron a Benedicto XVI en el templo, entre ellos el rey Juan Carlos y su esposa, Doña Sofía, con quienes se reunió al terminar la misa de consagración del templo. En la tarde el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo la oportunidad de conversar con el Papa y aclararle que España es un Estado aconfesional, que reconoce el peso de la Iglesia católica, “pero que garantiza la libertad de todos”. Así respondió el mandatario a las declaraciones del Sumo Pontífice el día anterior en Santiago de Compostela, donde aseguró que el país padece un anticlericalismo severo por “el vivaz enfrentamiento entre fe y modernidad”.

Las críticas del máximo jerarca de la Iglesia católica eran públicas en contra de la reciente legalización del aborto en España y las leyes que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo. No obstante, Benedicto XVI aprovechó la homilía para tocar nuevamente el tema: “La Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar (…), el amor indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural".

Antes de partir de vuelta a Roma, el Papa de despidió de los feligrises anunciando que volverían a encontrarse en agosto del próximo año. “Nos veremos en Madrid para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud”.

Por otra parte, Federico Lombardi, portavoz de El Vaticano y acompañante en la visita, respondió a quienes consideraron que las palabras de su superior sobre el anticlericalismo español pudieron generar disgustos en la ciudadanía y en el gobierno. “En las intenciones del Papa hay que excluir la polémica”, aseguró antes de marcharse.

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