El primer ministro del Reino Unido, David Cameron, visitó a la reina Isabel II y le notificó la disolución del Parlamento. El ritual, que marca dentro del formalismo inglés el comienzo de las campañas políticas, dio un plazo de 37 días a los partidos para conquistar al electorado y gobernar por cinco años más la nación. Cada lustro la historia se repite, el poder legislativo queda vacío y la carrera por obtener la mayoría política comienza. En esta oportunidad, como ha sido una constante en el Reino Unido, la mayoría de la atención se vuelve a dividir entre laboristas, liderados por Ed Miliband; y conservadores, quienes aspiran a un periodo más con Cameron al frente.
Las elecciones tendrán lugar el próximo 7 de marzo y hoy los sondeos dan pocas pistas sobre una tendencia definitiva. De seguro la posta caerá en manos de Miliband o de Cameron, pero a esta altura, con los dos candidatos en un empate técnico que ronda el 33% de la intención de voto, queda poco espacio para las certezas. Están en juego los 650 escaños de la Cámara de Comunes, por lo que la mayoría se define a partir de los 326 asientos. No obstante, la posibilidad de una victoria en minoría es factible alrededor de los 300 puestos, pues se trata de un margen que es posible suplir en alianza con otro partido de menor votación. Hoy tanto laboristas como conservadores hacen cálculos que les otorgan entre 290 y 295 diputados.
David Cameron y Ed Miliband tienen cosas en común. Rondan la misma edad, 48 y 45 respectivamente, ambos son graduados de Oxford y padres de dos hijos. También difieren en muchas otras: el actual primer ministro es hijo de un adinerado corredor de bolsa y es miembro de una familia tradicional. Su adversario, en cambio, es hijo de un profesor marxista judío que huyó del holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.
Los dos ya lanzaron las primeras pistas de lo que explotarán en las campañas. Cameron pasa factura de los logros económico de su gobierno en medio de la crisis. Solo hasta el año pasado la capacidad adquisitiva británica mejoró, pero ciertos indicadores se mantienen a favor del primer ministro, como el crecimiento del 2,6% en 2014, que superó el 1,7% de la previsión oficial, la reducción del déficit y un desempleo que no supera el 6,8% de la población. «Pueden elegir entre una economía que crece, que genera empleo y recorta los impuestos para 30 millones de trabajadores o elegir el caos económico de Ed Miliband, con 3.000 libras de impuestos más para cada familia, y así poder pagar la asistencia social y el gasto incontrolado, mientras sube la deuda y perdemos puestos de trabajo”, aseguró recientemente el primer ministro.
Así atacaba el principal enfoque de Miliband, quien ha enfatizado en su orientación hacia la inversión social. Prometió una inversión de 3.000 millones de libras para mejorar el sistema de salud y una disminución en el costo de matrículas universitarias de las 12.200 libras a 8.200. El líder laborista ha atacado al gobierno por su promoción al referéndum que en 2017 determinará la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea. “La convocatoria de un referéndum en el 2017 es un peligro claro para la compañías británicas. Cuando estemos en el poder, nuestro país volverá a ejercer el liderazgo al que hace tiempo renunció en Bruselas”, afirma Miliband.
El juego político posiciona de manera interesante a los partidos secundarios. Ukip, liderado por el ultraconservador Nigel Farage tiene una intención que le augura entre 40 y 50 escaños, lo que hace ver su irrupción en política –eurófobo y antimigración- un perjuicio para los conservadores, quienes podrían tener mejores expectativas sin su más cercana competencia ideológica. Nick Clegg, líder liberal-demócrata y actual viceprimer ministro (se alió con Cameron hace cinco años) se desmarcó del gobierno y reafirmó su posición de centro, sin cerrar la puerta a los laboristas.
La incertidumbre que hoy reina de cara a las elecciones del 7 de mayo las perfila como las más reñidas desde 1992.