Dos años lleva esperando Europa para poder profundizar su proceso de integración. Dos años largos, de negociaciones y referendos, y un paciente proceso de ratificación, que comenzó el 13 de diciembre de 2007, cuando los 27 miembros de la Unión Europea firmaron el Tratado de Lisboa.
Hoy, el más importante experimento de integración política y económica del mundo estrena importantes atributos. Entre otros, el surgimiento de su primer “presidente”, el belga Herman Van Rompuy, y una empoderada ministra de Asuntos Exteriores, la británica Catherine Ashton.
Pocas personas han seguido con tanta rigurosidad este proceso como la catedrática catalana Esther Barbé, coordinadora del programa “Seguridad, poder y multilateralismo”, del Instituto de Estudios Internacionales de Barcelona.
¿Qué significa la aparición del primer presidente europeo?
Hay que entender que es el presidente del Consejo Europeo, que tendrá que ser un generador sistemático de consensos entre los 27 Estados miembros de la UE. También puede que tenga un papel hacia el exterior y que veamos en las reuniones de líderes mundiales al presidente del Consejo Europeo.
¿Se fortalece con esto la posición de la UE en el mundo?
No creo. Aunque hay que recordar que en el Tratado también hay una segunda figura: el Alto Representante, quien representará a la UE en el mundo. Él presidirá el consejo de ministros de Asuntos Exteriores y tendrá un servicio diplomático de unas 6 mil personas.
Muchos ponen en duda la “soberanía” de la Unión…
En los momentos de las grandes negociaciones son 27 Estados. Sin embargo, en la práctica, en los ámbitos en que los Estados le han dado competencias a la UE, hay una dinámica supranacional y técnica en la que está actuando con una dinámica de carácter de integración. Es una bestia diferente, es un Objeto Político No Identificado, un OPNI.
Obama está redefiniendo su estrategia en Afganistán, ¿qué va hacer Europa?
Hay un tema central, que es la reconstrucción del Estado y de reconstrucción posconflicto. En eso, la Comisión Europea lleva muchos años trabajando. Sin embargo, Afganistán vive una situación que hace que muchos europeos estén desplegados allá, en el marco de la Otan. Eso implica un conflicto armado en el que están participando tropas europeas. Es un dilema, pues no queremos producir víctimas.
¿Enviarían más tropas?
Hay una cierta conciencia generalizada de que las cosas se han hecho mal. Hoy hay muy poca disposición para seguir enviando tropas, si no es para cooperación posconflicto y ayuda humanitaria.
¿Está satisfecha Europa con la gestión de Obama?
El problema que tenemos es que Obama nos hace poco caso. Obama no ve el mundo a través de Europa, ni la ve como el único aliado necesario para reestructurar el orden mundial.
Bush tampoco validó a Europa…
Pero entonces, la visión unilateralista de Bush se enfrentaba con la visión multilateralista de Europa. Obama, en cambio, defiende un marco multilateral. Pero en ese marco los europeos no tienen una posición de preeminencia.
Y eso qué sentimiento genera…
La sensación de estarnos quedando al margen de las cosas importantes, y alerta, porque nos pueden estar pasando las cosas por delante. Que haya un G2 Estados Unidos-China, por ejemplo, y que nosotros quedemos lejos del centro de la nueva estructura.