Los atentados, que causaron diez heridos leves, fueron cometidos contra las oficinas centrales de un grupo bancario en Vitoria (capital de la región del País Vasco) y contra una comisaría de la Ertzaintza, la policía regional, en la localidad de Ondarroa.
El primer vehículo bomba estalló hacia la medianoche sin causar heridos junto a la sede bancaria poco después de que así lo avisara una llamada en nombre de Eta, algo que no ocurrió en el caso de la explosión frente a la comisaría. Ambos vehículos estaban cargados con unos 100 kilos de explosivos, por lo que causaron grandes destrozos materiales.
Los atentados fueron cometidos al final de una semana en la que el entorno político y social de Eta sufriera dos importantes golpes. El martes, el Tribunal Supremo ilegalizó el partido Acción Nacionalista Vasca (ANV), brazo político del grupo terrorista. Un día después, la Audiencia Nacional española condenó a penas de entre 8 y 10 años de cárcel a 21 dirigentes de Gestoras Pro Amnistía, un grupo de apoyo de los presos de Eta.