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Europa aviva el debate atómico

Transporte de 123 toneladas de residuos radiactivos provocó enfrentamientos entre defensores del medio ambiente y autoridades alemanas.

08 de noviembre de 2010 - 05:00 p. m.
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En la madrugada de este martes, los 11 contenedores que suman 123 toneladas de residuos radiactivos llegarían, después de un largo trayecto, al depósito provisional de Gorleben, en el estado de la Baja Sajonia, Alemania. Desde el viernes pasado, el tren encargado de transportar la basura nuclear comenzó su recorrido en La Haya, Francia, donde se encuentra una de las dos plantas de proceso de desechos radiactivos que tiene Europa.

Las 143 plantas nucleares que abastecen a Europa de energía eléctrica producen 7.000 metros cúbicos de residuos al año, resultado de los procesos que convierten el plutonio y el uranio, principalmente, en combustibles capaces de generar energía eléctrica. Los materiales sobrantes son peligrosos y necesitan de un tratamiento especial que sólo pueden recibir en el Centro Cogema de La Hague (Francia) o en la planta Sellafield del Reino Unido.

Los desechos se someten a un largo proceso químico que termina con el sellamiento del material en contenedores de acero inoxidable para ser enterrados por siglos a una profundidad directamente ligada a su radiactividad. Es uno de los costos más grandes que deja la energía nuclear. De hecho, se calcula que el 4% del total de las inversiones en esta materia se destinan al tratamiento de residuos.

En este caso, las 123 toneladas que tenían como destino el depósito atómico de Gorleben, una antigua mina de sal abandonada, revivieron el eterno debate entre los ambientalistas y los simpatizantes de la energía nuclear. A lo largo del viaje, cuando el tren entró en territorio alemán, más de 50.000 activistas de organizaciones verdes intentaron obstaculizar su paso, oponiéndose a los riesgos ambientales de la tecnología atómica.

En varios puntos del recorrido, los protestantes se abarrotaron sobre las vías férreas e incluso varios de ellos se ataron a los rieles. La protesta estaba dirigida contra la canciller alemana, Ángela Merkel, quien este año decidió prolongar la vida útil de las 17 centrales nucleares que tiene Alemania. Su predecesor en el cargo, Gerhard Schröder,  estableció el año 2020 como el último plazo para cerrar todas las plantas de su país. “Hasta que las energías renovables no puedan reemplazar a la energía nuclear, tendremos que recurrir a nuestras centrales”, afirmó Merkel.

El convoy que transportaba los residuos estuvo escoltado en su recorrido por 16.500 policías, quienes tuvieron que enfrentarse a los manifestantes. Durante toda la noche del domingo, los activistas consiguieron detener el avance del tren hacia la estación de Dannenberg, la última parada, donde los contenedores fueron reubicados en camiones para ser transportados al refugio.

Algunos manifestantes tumbaron las cercas de los rebaños de ovejas y cabras cercanos y el resultado fue que cientos de animales bloquearon las vías. “El ganado también quieren participar”, comentó en tono burlón a los periodistas uno de los integrantes de Lüchow-Dannenberg, el principal grupo antinuclear en la región. En total más de 800 manifestantes fueron detenidos al enfrentarse violentamente con la Policía.

La numerosa escolta que acompañó el trayecto de los 11 contenedores no preveía únicamente el enfrentamiento con los activistas. Las medidas de seguridad estuvieron acordes con el riesgo bélico de los materiales. En el mercado negro, un gramo de uranio enriquecido, el principal insumo de una bomba nuclear, alcanza un precio de US$80.000.

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El sonoro traslado de residuos desde Francia hasta Alemania puso el debate de la energía nuclear sobre la mesa de la Unión Europea. El comisario de Energía, Günther Oettinger, declaró recientemente que en los próximos días se iniciará un debate en el Parlamento Europeo para regir la producción de desechos nucleares. Un nuevo pacto obligaría a los gobiernos a diseñar estrategias nacionales y especificar en un plazo de cuatro años los lugares de almacenamiento permanente de los desechos en su territorio.

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