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Íngrid se robó el ‘show’

La ex candidata presidencial recibió el “Premio Príncipe de Asturias a la Concordia” y fue el centro de atención en España. Betancourt aprovechó para promover una marcha por la paz el 28 de noviembre.

24 de octubre de 2008 - 06:00 p. m.
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Notablemente emocionada, Íngrid Betancourt recibió este viernes el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, donde ella y el tenista Rafael Nadal fueron el centro de atención.

 Antes de la ceremonia, el día anterior en una cena de recepción, la ex rehén de las Farc se paseó por los salones del Hotel Reconquista junto a los otros galardonados mientras comían todo tipo de mariscos, ensaladas y dulces. Esa noche, Íngrid y Nadal fueron los únicos acompañados por sus familias.

En su discurso luego de recibir el premio, Betancourt hizo referencia a cada categoría de los premios. Recordó haber escuchado a través de Radio Francia Internacional las victorias de Rafael Nadal y la satisfacción que ahora le da poder conocer al tenista que soñó ver jugar desde los “cambuches de las Farc”.

Sorprendieron las analogías que hizo Betancourt cuando se refirió a la nanotecnología, haciendo un guiño a los ganadores de esa categoría, al mencionar las garrapatas que se le prendían a las piernas durante las largas caminatas de su cautiverio y “cómo deseaba tener una segunda piel, tan liviana y resistente como si estuviera hecha del microscópico material de las telarañas” y poder  evitar el ataque de esos “inexpugnables enemigos”.

La ex candidata presidencial reconoció la labor de España, Francia y Suiza para lograr la liberación de todos los secuestrados en Colombia y reiteró nuevamente que nunca se sentirá “libre mientras todos los cautivos de las Farc sean liberados”.

Durante un momento de su intervención, Íngrid Betancourt lloró mientras recordaba cómo las víctimas del holocausto nazi contaron hace un año en ese mismo lugar, cómo sus propios vecinos no hacían nada por impedir que se los llevaran a los campos de exterminio y lo comparó con la situación actual del mundo, “que padece la arbitrariedad de la intolerancia política, religiosa y cultural”. “A diario podemos extender la mano y no lo hacemos”, añadió la condecorada.

Al final, destacó cómo se “rompió ese círculo vicioso” con la marcha por la paz del primero de marzo de este año, y aprovechó para convocar a otra manifestación por la paz para el próximo 28 de noviembre. Manifestó que desea ver “ríos de personas en las calles” clamando por la libertad y para que termine “la maldición de la indiferencia”.

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