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John Bercow, la piedra en el zapato de Boris Johnson que tiene bloqueado el Brexit

El presidente de la Cámara de los Comunes británica, John Bercow, ha sido el principal obstáculo en el proceso del Brexit, pues es el gestor de los numerosos fracasos que han tenido los acuerdos del proyecto presentados por el primer ministro Boris Johnson y su antecesora, Theresa May. Es un hombre polémico, admirado por muchos y criticado por otros que aseguran una falta de imparcialidad a la hora de tomar decisiones.

22 de octubre de 2019 - 12:56 p. m.
John Bercow se hizo famoso en toda Europa por gritar durante las sesiones del Parlamento: «¡Order!». / AFP
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En el centro de los convulsos debates sobre el Brexit, el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, que impidió el lunes y hoy mismo un nuevo voto sobre el acuerdo negociado por Boris Johnson, es una figura controvertida cuya imparcialidad ha sido puesta en duda recientemente. Este peculiar legislador conservador de 56 años, con un pronunciado gusto por la teatralidad, es sobre todo conocido por presidir los debates gritando «¡Orden, orden!».

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Tras diez años decidiendo qué se debate en la Cámara de los Comunes del parlamento británico dejará el cargo el 31 de octubre. Pero el lunes recordó que aún puede desempeñar un papel fundamental, al decidir que Johnson no podía volver a someter a los diputados su acuerdo renegociado con la Unión Europea porque sería «repetitivo» tras la sesión del sábado.

Esta no es la primera vez en que Bercow demuestra estar dispuesto a intervenir enérgicamente sobre Brexit: en marzo ya había impedido a la entonces primera ministra Theresa May representar su texto a los diputados. Le corresponde al «speaker» decidir qué se acepta a debate y votación, y lo largo de los años ha podido dirigir así las discusiones en una u otra dirección. Por eso sus decisiones son atentamente escrutadas por el gobierno y los euroescépticos que con regularidad lo acusan de parcialidad y de beneficiar a los proeuropeos, contra la neutralidad que le impone su función.

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«¡Orden!»   

 

Surgido de las filas del Partido Conservador, Bercow ha sido la piedra en el zapato de sucesivos gobiernos tories. El primer ministro David Cameron incluso intentó sin éxito expulsarlo del cargo. Con su toga de seda negra y sus corbatas estampadas, este hombre de 1,68 metros de alto, espesa cabellera blanca y potente voz, se dio, gracias a una interpretación personal de las atribuciones que le confiere el cargo, un papel más decisivo que sus antecesores.

Fue el titular más joven en llegar al puesto, con 46 años, y se esforzó por modernizarlo, abandonando por ejemplo el uso de la peluca blanca. En 2017 permitió también a los diputados acudir sin corbata. Pero incluso antes de suscitar críticas por su gestión de los debates del Brexit, ya se había ganado los reproches de los conservadores al oponerse a que el presidente estadounidense, Donald Trump, hablase ante el parlamento británico durante una visita al país.

También en 2018, fue acusado de maltratar verbalmente a sus colaboradores. Incluso algunos señalaron que el funcionario creaba un ambiente intimidante y de miedo. En aquella ocasión recibió el apoyo del opositor Partido Laborista y, él mismo, señaló: «Tengo un excelente equipo de personal dedicado, eficaz y de servicio prolongado, cinco de los cuales me han servido durante un total colectivo de más de 40 años. También me complace confirmar que la gran mayoría de las personas que han abandonado mi servicio lo han hecho en términos perfectamente amigables».

 

 

Otro de los debates caldeados que sostuvo en 2017 fue en referencia al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En ese momento, aseguró la oposición del Parlamento a las conductas «racistas y sexistas» del mandatario. El hecho provocó una reacción negativa inmediata por parte del Partido Conservador, pues consideraron que tal afirmación rayaba con la falta de objetividad de una autoridad como lo es el presidente de la Cámara de los Comunes. 

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«Mi mujer no me pertenece»  Nacido el 19 de enero de 1963, Bercow creció en el norte de Londres. Su padre era taxista. Dio sus primeros pasos en política en la universidad antes de convertirse en consejero municipal del barrio londinense de Lambeth con 23 años. En 1997, fue elegido diputado por primera vez.

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Doce años después, accedió a la presidencia de la Cámara de los Comunes prometiendo romper con las prácticas de su predecesor, implicado en un escándalo de notas de gastos ilegítimas por el que se vio obligado a dimitir.

Uno de sus gustos personales es el tenis, deporte que ha practicado desde muy joven. Incluso, en algún momento conformó un equipo con el exprimer ministro David Cameron, con el cual jugó en la modalidad de dobles. Además, escribió un libro en el cual publicó sus 20 tenistas favoritos de toda la historia. 

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Poco después de llegar al asiento verde del «speaker», situado entre las bancadas de la mayoría y las de la oposición, que se sientan cara a cara, provocó sin embargo una polémica al reclamar miles de libras para renovar su apartamento de función en el parlamento y poder alojar así a sus tres hijos.

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También su esposa, Sally Bercow, fue portada de los diarios por cuestiones a menudo desvinculadas de la política: una vez posó para una revista vestida solo con una sábana blanca, participó en un programa de telerrealidad y mantuvo una relación con el primo de su marido.

Pero, sobre todo, en 2010 se presentó a una elección local bajo la etiqueta del Partido Laborista, principal adversario de la formación a la que pertenece su marido. Este no obstante la defendió. «Mi mujer no me pertenece», dijo.

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Su futuro ahora es incierto, pues teóricamente saldrá del Parlamento el próximo 31 de octubre, fecha en la cual debería hacerse efectivo el Brexit, cosa que cada vez se vuelve más borrosa. Lo cierto es que, históricamente los presidentes de la Cámara de los Comunes se han caracterizado por aspirar, luego de su mandato, a puestos de la alta sociedad británica. 

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