En un nublado día de otoño, los electores catalanes acudían a las urnas en Barcelona, donde numerosas banderas independentistas, ornadas de una estrella blanca sobre fondo azul, lucían en los balcones. Enfrentado al gobierno central de Mariano Rajoy por un sistema fiscal que considera como un lastre a la reactivación económica de la región, muy duramente golpeada por la crisis, el presidente catalán, Artur Mas, convocó elecciones anticipadas tras menos de dos años en el poder.
Su objetivo es obtener una mayoría absoluta y poder convocar en los próximos cuatro años un referéndum de autodeterminación con cuya promesa enardeció a sus seguidores un político considerado hasta hace muy poco como un nacionalista moderado. «Son las elecciones más decisivas de la historia de Cataluña, las más trascendentales, en las que nos jugamos todos más como país, como pueblo», afirmó Mas al acudir a votar. «Espero que además haya una participación más alta», agregó.
Durante la mañana, la movilización había registrado un máximo histórico en 24 años, con 29,35% a las 13H00 locales (12H00 GMT) frente a 24,79% de 2010.Queda por ver a quién beneficiará. Según los sondeos, la coalición conservadora de Mas, CiU, debería obtener cerca de los 62 diputados que tiene actualmente, en una cámara de 135, mientras los pequeños partidos independentistas de izquierda podrían crecer. «Estamos en un punto de inflexión, en función de las mayorías independentistas que salgan seguramente esto marcará un antes y un después», dice a Carme Llistosella, de 60 años, una secretaria desempleada, mientras espera para votar. «Hasta ahora había un sentimiento nacionalista que era menor y que con la crisis ha aumentado», agrega.
Sacudida por la crisis como el resto de España, Cataluña, otrora uno de los motores de la economía del país y ahora su región más endeudada, ve crecer el auge secesionista que el 11 de septiembre desembocó en una masiva manifestación. Incapaz de hacer frente a los pagos de una deuda que supera los 40.000 millones de euros, Cataluña, con 7,5 millones de habitantes y el 20% del PIB español, tuvo que pedir a Madrid un rescate de 5.370 millones, que muchos sintieron como una humillación en una región que dice pagar anualmente 16.000 millones en impuestos destinados a otras zonas del país.
Además de predecir un desastre económico, los partidos opuestos al proyecto soberanista, encabezados por el PP de Rajoy, advierten que una secesión provocaría una ruptura social. Para Mireia, una abogada de 44 años que prefiere no dar su apellido, no sólo la crisis, sino también la democracia propiciaron el auge independentista. «Ahora ya hay generaciones que hemos podido estudiar en catalán, y que sentimos las cosas de otro modo, nuestros padres, tras 40 años de franquismo, es normal que tuviesen miedo», añade.
El idioma catalán, prohibido de la esfera pública bajo el régimen de Francisco Franco (1939-1975), recuperó sus derechos tras la muerte del dictador, convirtiéndose en la lengua en las escuelas. Con las heridas por fin cerradas, parece haber llegado el momento en que la región decida sobre su futuro. «En unas elecciones convencionales se decide la orientación política o ideológica del gobierno, pero eso no afecta al edificio estatal», afirmaba el domingo el diario conservador catalán La Vanguardia.
Pero no todos los catalanes están de acuerdo con el cariz de estos comicios. «Con el tema de la independencia se ha conseguido que mucha gente que está o estará afectada por los recortes deje de pensar en ello», afirma un votante, Andreu Camprubí, sociólogo de 27 años, lamentando que la crisis quedase de lado durante la campaña. «Estas elecciones me parecen una porquería, porque los países están para unir y no para desunir. En Europa se une y no se desune», lanza por su parte Josep, un jubilado de 65 años. Muestra del interés que despiertan en el mundo, un centenar de periodistas extranjeros se acreditaron para seguir unas elecciones a las que están convocados 5,4 millones de catalanes.