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La guerra de los tulipanes

“Ni con una disculpa bastará”, dijo el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, respecto a la decisión de Holanda de expulsar a una ministra turca.

12 de marzo de 2017 - 09:00 p. m.
Foto: AFP - OZAN KOSE
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En 1559, un cargamento de tulipanes fue enviado de Turquía a Holanda como regalo del entonces Imperio otomano a ese país. Hoy es la flor nacional de ambos países y un recordatorio de cuatro siglos de relaciones diplomáticas.

Sin embargo, las relaciones pasan hoy por su peor momento, debido a la decisión del gobierno holandés de expulsar a la ministra turca de Familia, Fatma Betül Sayan Kaya, quien fue deportada a Alemania, provocando la ira de su homólogo turco.

Sayan ingresó a Holanda, pese a las advertencias del gobierno holandés, para asistir a un encuentro en Róterdam a favor de un referendo con el que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, piensa convertir a Turquía en una república presidencialista.

En Holanda hay unos 400.000 turcos y Erdogan quiere que voten a su favor. Por ello, ante la expulsión de Sayan y la negativa de Holanda de dejar entrar al canciller turco Mevlut Çavusoglu, el señor presidente reaccionó indignado.

Anunció “contramedidas extremas” y dijo que “ni con una disculpa bastará” para ponerle fin a esta crisis. Antes había calificado de nazi a Holanda. Palabras que fueron reproducidas por su ministro de Asuntos Europeos, Ömer Çelik.

“El fascismo ha despertado en Holanda y ha tomado el escenario. Todos los demócratas verdaderos del mundo deben reaccionar a esto”, sostuvo Çelik, y agregó que el primer ministro de Holanda, Mark Rutte, es la “voz de una mentalidad oscura”.

Rutte defendió su decisión asegurando que su país “tenía todo el derecho del mundo a expulsar” a la ministra. “No vamos a ceder a los chantajes. Anoche hablé ocho veces por teléfono con mi homólogo turco para buscar una solución dialogada. Fue imposible”.

“Si los turcos insisten en escalar (esta tensión diplomática), responderemos con las medidas adecuadas”, dijo Rutte. No parece que vaya a haber una pronta solución. Menos si se tiene en cuenta el momento por el que pasan ambos países.

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Si en Turquía Erdogan hace hasta lo imposible para que los turcos voten a favor del referendo que lo convertiría en un nuevo sultán, en Holanda hay preocupación por las elecciones legislativas del miércoles 15 de marzo.

El ultranacionalista Partido por la Libertad, presidido por el controversial Geert Wilders, encabeza todas las encuestas y, aunque no le alcance para llegar al poder, ya se ha convertido en protagonista, al darles voz a islamófobos y euroescépticos.

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Europa ve con recelo a Holanda porque una victoria de los euroescépticos en ese país podría influir negativamente en Francia, donde la ultranacionalista Marine Le Pen encabeza casi todas las encuestas, de cara a las elecciones presidenciales del 23 de abril.

Una victoria de los euroescépticos en Francia sería mortal para la Unión Europea, en crisis desde la salida del Reino Unido del bloque continental y haciendo maromas para que no haya una desbandada que acabe definitivamente con ella.

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Holanda se debate entre islamófobos e islamistas. Pero no es el único. Varios países de Europa ya han tenido problemas con Turquía por su decisión de cancelar eventos en los que funcionarios turcos iban a defender el referendo del próximo 16 de abril.

Es el caso de Alemania, Suiza y Austria, entre otros. En el primero de estos países viven 3 millones de turcos, muchos posibles votos para Erdogan. Pero en Alemania, como en Holanda, no recibieron a los enviados del presidente con los brazos abiertos. Y él respondió.

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Como ya es costumbre, calificó a Alemania de nazi. El gobierno alemán ha tratado de bajarle el tono a la pelea. “No nos beneficia geopolíticamente dejar a Turquía, un socio dentro de la OTAN, alejarse todavía más”, dijo la canciller alemana, Ángela Merkel.

Turquía no ha cedido en absoluto y ha anunciado su interés en realizar, por lo menos, 30 mitines en ese país. Suiza, por su parte, ha suspendido indefinidamente la visita del canciller turco.

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Por su parte, el canciller austríaco, Christian Kern, ha dicho que “sería sensato que hubiera una medida común europea para evitar ese tipo de actos”. En otros países, como Francia y Finlandia, no ha habido tanto recelo y los políticos turcos han podido hacer sus tan preciados encuentros.

Sea como sea, Erdogan hará hasta lo imposible para que el referendo pase y poder quedarse de presidente hasta 2029. Y no va a permitir que ningún país europeo se meta en su camino a convertirse en sultán. Así le toque arruinar sus ya precarias relaciones diplomáticas con Europa.

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