Redolfi es uno de los más de 400 gondoleros de la famosa ciudad acuática. Cada día, rema con experticia a través de los canales de agua a pocos metros de otras embarcaciones. El trabajo de gondolero es uno de los mejor pagados en Venecia. Ellos pueden recibir hasta US$180.000 al año, pero incluso con ese salario no pueden pagar el arriendo de un apartamento pequeño en la ciudad. Por eso Redolfi tuvo que mudarse con su esposa estadounidense a una isla cercana.
La razón de por qué la ciudad es tan cara, tiene que ver con la larga fila de personas que esperan subirse a la góndola de Redolfi. Durante los últimos 15 años, el turismo, principalmente de cruceros, se ha multiplicado por cinco, lo que es una bendición pero al mismo tiempo una cruz. Los cruceros llegan a la ciudad, dejan que los turistas deambulen por ella y luego se los vuelven a llevar, por lo que el negocio, según los críticos de la industria, ha bajado considerablemente para los hoteles, pues las cifras indican que de los 20 millones de personas que llegan a Venecia cada año solo la mitad se quedan a dormir por lo menos una noche, por lo que las estancias del hotel se han reducido en dos tercios en los últimos 25 años.
Hoy en día, los excursionistas superan en número a los visitantes que se quedan a pasar la noche y a las personas que viven allí. Al mismo tiempo, la población de Venecia está bajando, gracias a la disminución de puestos de trabajo que no están relacionados con el turismo, así como el aumento del costo de los alimentos, el transporte y la vivienda. El número de salas de cine de Venecia se ha reducido de 20 a dos, y los propietarios de negocios ya cobran precios turísticos en las tiendas, almacenes, supermercados y restaurantes, incluso a los locales que no tienen con qué pagar precios de turista.
Es más, en las últimas dos décadas, los propietarios han convertido cada vez más apartamentos en hoteles o alquileres Airbnb (alquiler por temporadas), lo que eleva los costos de vivienda permanente. El resultado: sólo los ricos pueden permitirse el lujo de vivir allí. Hace tres décadas, más de 120.000 personas llamaban hogar a Venecia. Hoy en día, hay solo 55.000 residentes. En 2030, algunos demógrafos predicen, no habrá más habitantes de tiempo completo.
La mayoría de los turistas que llegan a Venecia son ignorantes de lo pasa en la ciudad. Canales, puentes y calles empedradas sin carros hace que sea uno de los lugares más hermosos del mundo. Pero en 2008, después de que su población cayó por debajo de 60.000, los residentes organizaron un funeral», simbólico. Hicieron un cortejo con un ataúd rojo a través de los canales de la ciudad, para crear conciencia acerca de la disminución de la población. La protesta, sin embargo, no hizo nada para invertir la tendencia. Tanto los que viven allí como los que se han ido, coinciden en que el alma de la ciudad se está muriendo. El problema es que no parece haber una solución definitiva capaz de resolver la crisis.
Matteo Secchi y su padre, Mario, son venecianos de nacimiento y de corazón, pero no por el código postal. Matteo es el gerente de un hotel de Venecia. Su padre es distribuidor para una bodega local. A los 70 años, Mario podría retirarse, pero el trabajo le da la oportunidad de ver a viejos amigos en la ciudad que todavía llama hogar – incluso si él no puede permitirse el lujo de vivir en ella. Mario vive en Mestre, en tierra firme, una ciudad cercana donde puede pagar un apartamento de 80 metros cuadrados. Ambos coinciden en que el problema de la ciudad es causado porque los residentes de toda la vida están siendo expulsados ??por los propietarios de vivienda – que pueden hacer más dinero con extranjeros ricos- y por los excursionistas, que no pagan los suficientes impuestos para que la ciudad pueda establecer viviendas asequibles para los locales. En lo que ellos no están de acuerdo es en la solución. Mario cree que la construcción de unas puertas o peajes para entrar a Venecia obligaría a los turistas a pagar una cuota, principalmente a esos que llegan, ensucian y se van. Sin embargo su hijo cree que el impuesto significaría convertir a Venecia en un parque temático. «Con una entrada a Venecia, nos convertimos en Disneyland».
Matteo cree que: «El alcalde debe intervenir y obligar a los propietarios de estos apartamentos a reducir la renta para que una familia normal puede alquilarlo”. Pero Venecia no tiene alcalde en el momento. Una de las razones de la crisis de vivienda en Venecia radica en el bien más preciado de la ciudad y es el agua. Desde principios del siglo XX, el mar Adriático ha inundado varias veces y dañado los primeros pisos de cientos de edificios, otra razón por la que el número de apartamentos está disminuyendo. Durante el siglo pasado, el nivel medio del agua en Venecia se ha disparado, y muchos expertos predicen que la ciudad tiene menos de 80 años antes de que esté completamente bajo el agua.
Para resolver esta crisis, el gobierno italiano ha invertido US$9 mil millones en la construcción de 78 puertas subacuáticas diseñadas para separar a Venecia del Adriático cuando los niveles del mar se elevan de forma preocupante. El proyecto, que comenzó en 2003, finalizó hace dos años, pero ahora está envuelto en un escándalo de corrupción. El exalcalde Giorgio Orsoni, junto con 35 funcionarios públicos y contratistas, al parecer sustrajeron millones de euros de las arcas públicas para sus intereses personales. Los funcionarios acusados ??renunciaron el pasado verano, y el escándalo ha dejado a Venecia sin un gobierno formal. Un comisario nombrado por el gobierno federal está ahora a cargo, hasta que se realicen nuevamente las elecciones el próximo mes.
Lea acá el artículo de The Independent.