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La Rusia de Putin

Vladimir Vladimirovich Putin lleva ocho años en la Presidencia de Rusia
y no quiere marcharse. Como la Constitución no le permite un tercer
mandato, decidió escoger a su sucesor. El poder detrás del poder.

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Vladimir Putin entra al salón precedido, como es costumbre, por Kony, su lustroso labrador negro, así como un grupo de acólitos y camarógrafos. Saluda personalmente a cada integrante de una delegación de observadores extranjeros, dándoles un firme apretón de manos y una mirada directa. Pero no les dice una sola palabra. Putin no habla mucho. Y es precisamente ahí en donde radica su éxito: firmeza y determinación sin grandes palabras.

Se le ve seguro. Más que en otras oportunidades. Sabe que, aunque este domingo entregará el poder, vive su mejor momento: es muy poderoso, popular y amo y señor de un país que encontró hace ocho años en la ruina y la desesperación y que hoy entrega en la senda del progreso, la riqueza y el poder.

No en vano fue nombrado en 2007 como el personaje mundial del año. La revista Time lo eligió por su liderazgo a la hora de imponer estabilidad en el país. “Putin ha ejercido un liderazgo extraordinario al imponer estabilidad económica y social en la nación y al volver a sentar a Rusia en la mesa del poder mundial. Hoy ese país tiene una economía robusta y sus conflictos internos parecen controlados”, dijo el director de la revista, Richard Stengel.

Desde que Vladimir Vladimirovich Putin apareció en la escena política rusa, en 1999, muchas cosas comenzaron a cambiar en el país. Fue el ex presidente ruso Boris Yeltsin quien lo vinculó a su gabinete nombrándolo primer ministro. Como máxima cabeza del Servicio Federal de Seguridad (antes KGB) se hizo más conocido. Desde ese puesto acabó con las guerrillas del Cáucaso luego de una sangrienta persecución. A Putin se le atribuye una serie de atentados en edificios de apartamentos durante la década de los 90, como respuesta a una oleada terrorista que causó más de 300 muertos en varias ciudades rusas.

Según versiones de prensa, ex agentes de la KGB, a la que Putin perteneció por más de 15 años, participaron en estas operaciones antiterroristas. Por los salvajes métodos utilizados por las tropas rusas en Chechenia, al mandatario ruso se le conoce como “Putinochet”.

Esa fama de oscuro y peligroso lejos de dañar su imagen lo fortaleció y fue elegido como presidente de la Federación Rusa, por arrolladora mayoría, en el año 2000. Las políticas del jefe del Kremlin sintonizaron con los ánimos de la población, que durante los últimos años vivía una situación de pobreza, incertidumbre e inseguridad.

Sus niveles de popularidad así lo demuestran. Durante todo su gobierno siempre superó el 70% de aprobación popular. Tanto así, que en las elecciones de este domingo, un 90% de los rusos encuestados señaló que votaría por el candidato que Putin respaldara sin importar quién fuera.

Un oscuro espía

Vladimir Putin creció en el seno de una familia de clase media baja. Nació el 7 de octubre de 1953 en San Petersburgo. Estudió Derecho en la Universidad Estatal de Leningrado pero pronto se enroló en el mundo del espionaje. De su experiencia como espía todo es un misterio. Sólo se sabe que trabajó en Alemania del Este.

Tan pronto se posicionó como presidente de Rusia, Putin implementó la maestría que lo hizo merecedor de varios reconocimientos en su universidad: “La utilización del petróleo como instrumento de poder geopolítico-económico estratégico”. Con los principios que planteó en ese trabajo de grado, Putin reposicionó a Rusia utilizando como herramienta sus colosales reservas de petróleo y gas y su estratégica posición entre Asia Oriental y Europa.

La riqueza de Rusia en hidrocarburos ha obrado milagros en los ocho años de mandato de Putin: la coyuntura favorable en el mercado mundial de crudo inundó el país de petrodólares y tiene una reserva que ronda los US$500.000 millones. El país, con una media anual de crecimiento del 7%, canaliza un importante flujo de inversiones extranjeras. Sus colosales alianzas económicoenergéticas y geopolíticomilitares estratégicas con China, Irán, Medio Oriente y el eje asiático dejan a Putin como la figura necesaria para la continuidad del poder ruso.

El poder detrás

Y eso es precisamente lo que no toleran sus críticos: que aunque Putin salga de la Presidencia, seguirá mandando en el país. Su candidato se llama Dmitri Medvédev y, según las encuestas, será elegido presidente este domingo por una amplia mayoría. Putin no niega sus intenciones de seguir coordinando la evolución del país. “No trabajé todo este tiempo para que Rusia se hiciera fuerte y tuviera un presidente débil. Estaré muy pendiente del gobernante que necesita el país”, aseguró.

Los días de la antigua Rusia están muy lejanos y aunque Putin no desconoce a la Unión Soviética, para la cual sirvió como agente de la KGB, la Rusia que él invoca repetidamente es un gran estado, poderoso, ordenado y con un lugar importante en el mundo.

Aunque hay contradicciones en la visión que expone: Rusia debe tener una democracia multipartidista, pero no puede existir sin un presidente fuerte. La economía es libre, pero el Estado debe controlar su riqueza, está preparado para cooperar con Occidente, pero fácilmente pasa al enfrentamiento. Además, censura con dureza las críticas hacia la democracia rusa.

Existen ecos distintivos de la Unión Soviética en esta mezcla de alarde, inseguridad y orgullo. Sin embargo, la Rusia de Putin definitivamente es un nuevo híbrido. No existe la amenaza de una nueva Guerra Fría, ni ideología de dominación mundial. El presidente Putin se va con un nivel de popularidad y legitimidad que líderes soviéticos nunca tuvieron. Actualmente, los rusos tienen una combinación de libertades personales y prosperidad que nunca antes habían tenido. Pueden viajar al extranjero y navegar en internet; su cultura está en auge; pueden ganar dinero.

¿Política? Ahí hay un problema, pero en la nueva Rusia, con sus fulgurantes tiendas y su paso acelerado, ¿a quién le importa? Esta es la Rusia de Putin. Una Rusia a la que no está dispuesto a renunciar. Será el poder detrás del poder.

Dmitri Medvédev, el sucesor

Este hombre es el elegido de Putin. Según las encuestas, ganará este domingo con el 73% del voto. Aunque hay otros dos candidatos, la campaña presidencial ha tenido un bajo perfil.

Medvédev fue profesor de la Universidad de Leningrado y es un especialista en derecho civil. Era uno de los directores de campaña de Vladimir Putin a la Presidencia en 1999.

Quienes tratan con él, aprecian buenas cualidades. Lo ven comprometido con el país y menos oscuro que el propio Putin.

Pero no todo son elogios. A Medvédev se le señala como el responsable programas nacionales, como vivienda, sanidad, educación, agricultura y demografía, que tuvieron mucha propaganda y poco desarrollo. Contrario a Putin, se declara abierto a arreglar las relaciones con Estados Unidos.

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