«El 23 de junio del año pasado, el pueblo del Reino Unido votó por abandonar la Unión Europea. Como he dicho antes, esa decisión no fue un rechazo a los valores que compartimos como europeos. Tampoco fue un intento de hacerle daño a la Unión Europea o a algunos de los otros Estados miembros. Por el contrario, el Reino Unido quiere que la Unión Europea triunfe y prospere. En cambio, el referéndum fue un voto para restablecer nuestra autodeterminación nacional. Nos vamos de la Unión Europea, pero no dejamos Europa, y queremos seguir siendo socios y aliados, comprometidos con nuestros amigos de todo el continente». Así empieza la carta que la primera ministra británica, Theresa May, le envió hoy al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.
«No hay ninguna razón para pretender que es un día feliz aquí o en Londres», respondió Tusk, al recibir de manos del embajador británico, Tim Barrow, la carta con la que se inicia oficialmente el divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea. En ella, May invita a «entablar un diálogo de manera constructiva y respetuosa, con un espíritu de sincera cooperación» entre ambos. Ahora ambos tienen dos años, hasta el 29 de marzo de 2019, para llegar a un acuerdo, que dé por finalizada esta unión y da pistas sobre el que va a ser el primero de varios temas a discutir: los derechos de los europeos en el Reino Unido y de los británicos en la Unión Europea.
«Hay, por ejemplo, muchos ciudadanos de los otros Estados miembros que viven en el Reino Unido, y ciudadanos británicos que viven en otros puntos de la UE, y deberíamos tener como objetivo llegar a un pronto acuerdo sobre sus derechos», dice la carta en la que May habla, además, de la situación actual del Reino Unido, que parece a punto de separarse debido a disensos entre Londres y Glasgow y entre Londres y Belfast. «En particular, debemos prestar atención a la relación única que el Reino Unido tiene con la República de Irlanda y a la importancia del proceso de paz en Irlanda del Norte», señala May en su carta.
Este es uno de los siete puntos para que, según May, se dé un diálogo «tan tranquilo y exitoso como sea posible». May concluye diciendo que la tarea «que tenemos ante nosotros es trascendental pero no debe estar más allá de nosotros. Después de todo, las instituciones y los líderes de la Unión Europea han convertido un continente arruinado por la guerra en una unión de naciones pacíficas. Juntos, sé que somos capaces de llegar a un acuerdo sobre los derechos y deberes del Reino Unido como un miembro en retirada, al tiempo que establecemos una asociación profunda y especial que contribuya a la prosperidad, la seguridad y el poder global de nuestro continente».