El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, desveló el viernes las grandes líneas de su nuevo "concepto estratégico" de la Alianza, en las que abogó por tender la mano a China y a India.
"Ha llegado el momento para una OTAN 3.0", dijo Rasmussen, después de la versión 1 de la Guerra Fría, con el cara a cara con un enemigo conocido, y la versión 2 que siguió la caída del muro de Berlín, marcada por las intervenciones en los Balcanes y en Afganistán y la asociación con los nuevos aliados.
El danés presentaba lo que debería ser a su juicio el nuevo "concepto estratégico" que los dirigentes de la Alianza Atlántica deben adoptar en la cumbre de los días 19 y 20 de noviembre en Lisboa y del que ha redactado el proyecto. El precedente "concepto" se remonta a 1999.
El documento está siendo debatido por la Alianza Atlántica. Los ministerios de Relaciones Exteriores y de Defensa de sus 28 países harán el balance el 14 de octubre en Bruselas.
Una de las tres exigencias que se imponen a la OTAN es según Rasmussen "profundizar" las relaciones actuales de la Alianza con países de la zona Asia Pacífico, del Mediterráneo y del Golfo y con Rusia.
Mientras que la OTAN mantiene desde hace años relaciones institucionales con Rusia, "con China, quinto miembro permanente" de Consejo de Seguridad de la ONU, "no tenemos ningún diálogo organizado", señaló.
Rasmussen abogó por ello por "consultas regulares" con "China, India y otros países mayores".
Otra exigencia es "modernizar" el aparato militar de la OTAN, incluida su capacidad de "disuasión".
Rasmussen consideró "débil (…) la amenaza de un ataque militar a gran escala contra la OTAN" pero subrayó que las "amenazas más verosímiles eran" ahora "más difíciles de ver" y citó "el terrorismo internacional", la proliferación de "misiles balísticos", los "ataques informáticos" y finalmente "los ataques contra los suministros" de economías cada vez más interdependientes, como por ejemplo un bloqueo de petróleo en el estrecho de Hormuz.
La tercera exigencia para la OTAN es tener en cuenta "las lecciones que hemos aprendido a un precio muy elevado de Afganistán", como la necesidad de "lanzar desde el principio (de una futura intervención) la formación" de fuerzas de seguridad nacionales capaces de tomar el relevo.