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Reino Unido: ¿El inicio de la desintegración de Europa?

Más allá de las consecuencias internas para el Reino Unido, que son varias, hay qué mirar qué pasará en el bloque.

23 de junio de 2016 - 11:05 a. m.
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Después de la conmoción generada por la muerte de la diputada laborista Jo Cox -quien defendía la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea- la campaña por la permanencia o no dentro del grupo europeo fue retomada.

Analistas afirman que la trágica muerte de la parlamentaria provocó un ligero dinamismo en favor de la permanencia ¬45% contra 42%¬ de la población que sigue defendiendo la salida. No obstante, este 23 de junio los británicos tomaran una de las decisiones más trascendentales de su historia reciente.

Es fundamental reiterar que la propuesta de un referendo fue hecha por el primer ministro David Cameron luego de vencer las elecciones en 2013 con el objetivo de minimizar posiciones dentro de sus propio partido y en la derecha radical, ambos críticos a los dictámenes de la Unión Europea.

A pesar de cumplir su promesa de campaña, el primer ministro británico, David Cameron, en un artículo publicado este domingo en el Daily Telegraph afirmó que “si salimos, lo que será un grande error, no habrá cómo cambiar de opinión y votar de nuevo”.

La campaña prosalida reitera que Reino Unido concede a la Unión Europea mucho más de lo que realmente recibe. Sus líderes son equivalentes a representantes populistas de la derecha europea. Hay fuertes comparaciones entre Farage y Marine Le Pen en Francia.

Su discurso antiBruselas llega a las personas que están al margen del sistema y a las regiones del norte y de la costa las cuales no han sido beneficiadas económicamente. Sin embargo, temas como migración, economía, libre mercado y control de fronteras ha permeado el debate de ambas campañas.

Para nadie es novedad el escepticismo de algunos segmentos políticos y empresariales británicos en lo que se refiere a la integración. Pasan por alto uno de los objetivos fundacionales de la Unión Europea: garantizar la paz del continente y ponen sobre la mesa una discusión pragmática acerca de las ventajas y desventajas sobre todo las vinculadas al mercado. Se les olvida el concepto de una Europa solidaria y los enlaces humanos que unen cada vez más las sociedades que la conforman.

El debate que está siendo trabado en el Reino Unido demuestra una de las facetas complejas de la globalización: defender la libertad de mercado y no de personas. Los defensores del Brexit temen el control de fronteras por la Unión Europea, el impacto de una migración creciente en el sistema de salud nacional, ya que en los últimos años Inglaterra siguió siendo un polo atractivo para miles de inmigrantes, y el alto costo compartido de la crisis de los refugiados, bajo el liderazgo de la Alemania de Merkel.

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Algunos expertos alertan que el Sí podría abrir una puerta para la desintegración del Reino Unido. Los escoceses ya se pronunciaron y afirmaron que caso gane el sí ellos estarían dispuestos a realizar otro referéndum para definir su independencia. Por otro lado, los irlandeses temen por la desestabilización del proceso de paz, iniciado el 1998, cuando 70% de la población salió a votar en favor del Acuerdo del Viernes Santo que puso fin al conflicto.

Más allá de las consecuencias internas para el Reino Unidos se debería preguntar si su salida de la Unión Europea seria el inicio de la desintegración de Europa a partir del fortalecimiento de discursos nacionalistas y xenofóbicos y gobiernos autoritarios, algo que Europa y el mundo no han olvidado.

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