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Rusia acusa a Ucrania de robar gas dirigido a la Unión Europea

Las relaciones energéticas Unión Europea-Rusia constituyen una compleja mezcla de factores técnicos, económicos y geoestratégicos en los que van de la mano dependencia y desconfianza mutua. Aquí la explicación.

02 de enero de 2009 - 09:10 a. m.
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La crisis ruso-ucrania por el gas subió de grado con las acusaciones de Gazprom a Ucrania de estar empezando a chupar en beneficio propio gas destinado a Europa y de negarse a aceptar el incremento solicitado en el volumen en tránsito hacia Occidente. Kíev reconoció que el gas desviado, en torno a un 7%, le era necesario para mantener la presión de la línea. Europa seguía con atención y preocupación esta escalada, sin detectar pérdidas en el suministro, e instó a las partes a llegar a un acuerdo cuando antes, sin ánimo por el momento de intervenir en lo que considera un conflicto bilateral.

Como en los apuros de hace exactamente tres años por el mismo motivo (negativa Ucrania a pagar por la energía el precio reclamado por el proveedor y subsiguiente corte del suministro), la UE empezó a notar con inquietud la escalada verbal entre rusos y ucranios. ”La parte Ucrania ha admitido abiertamente que está robando y no se avergüenza de ello”, declaró en Moscú un portavoz de Gazprom, en respuesta al reconocimiento en Kíev de que se están desviando 21 millones de metros cúbicos diarios de gas para mantener la necesaria presión en los gasoductos para permitir que siga habiendo flujo. El representante de la gasista lamentó, además, que Ucrania no hubiera autorizado el solicitado aumento de volumen para hoy desde 296 millones a 303 millones de metros cúbicos.

El portavoz de Energía de la Comisión Europea, Ferran Tarradellas, aseguró que no se habían detectado problemas de suministro en ningún país comunitario y que se estaba siguiendo de cerca la evolución de los acontecimientos. La Comisión secunda la idea de la presidencia checa de dejar a las partes resolver el contencioso aun instándoles a actuar con rapidez. El primer ministro checo, Mirek Topolanek, presidente de turno de la UE, recibió en Praga a la delegación Ucrania que acaba de iniciar una gira por la UE para explicar la situación. “El Gobierno checo entiende que es un conflicto entre dos sujetos económicos en el que por ahora no es necesario intervenir”, explicó el portavoz gubernamental..

Hace tres años, el estallido de la crisis fue abrupto e inesperado y se dejó sentir de inmediato, con caídas de hasta el 30% en algunos destinos, por los desvíos que Ucrania hacía del gas destinado a Europa. El actual episodio se venía anunciando desde hace semanas y, como consecuencia del sobresalto de 2006, todas las partes tienen bien cubiertas sus reservas estratégicas. Además, el invierno no ha resultado hasta ahora tan crudo como el de entonces e incluso el parón de la economía ha reducido las necesidades energéticas.

De ahí la relativa tranquilidad con que desde la UE se siguen los acontecimientos, frente a la alarma y reuniones de emergencia de hace tres años. Pero la realidad es que la nueva escaramuza ha vuelto a arrojar luz sobre la dependencia energética comunitaria, que recibe el 25% del gas que consume de Rusia, el 80% del cual transita por territorio ucranio.

Las relaciones energéticas UE-Rusia constituyen una compleja mezcla de factores técnicos, económicos y geoestratégicos en los que van de la mano dependencia mutua (Europa de la energía rusa; Rusia del capital europeo) y desconfianza también mutua (Europa de la capacidad rusa de suministrar las cantidades necesarias, por voluntad política o deterioro tecnológico; Rusia de una Europa que busca sin cesar fuentes energéticas alternativas y de aprovisionamiento y que no le garantiza volúmenes de consumo a largo plazo). En la propia Unión está aún por definirse una política energética común, que permita a los Veintisiete actuar como un único sujeto comercial en el mercado internacional.

Las alternativas avanzan a trompicones y, por su propia condición, con lentitud. Países de gran consumo, como Alemania o Italia, buscan acuerdos bilaterales con Gazprom, para frustración de los socios pequeños del centro y del Este de Europa, que reclaman una estrategia común. El plan europeo de crear el gasoducto Nabucco para traer gas del Caspio a Europa a través del Cáucaso sur y el sureste del continente avanza con dudas mientras Rusia lo socava con acuerdos bilaterales a largo plazo con países de la región que deberían ser usuarios y beneficiarios de Nabucco.

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