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Rusia lucha por fortalecer vínculos en América Latina

Durante la gira que su presidente hace por la región, busca un asidero con una plataforma para petróleo, así como contratos en minería, la banca y las fuerzas militares, entre otros objetivos.

24 de noviembre de 2008 - 10:45 a. m.
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Caracas.- Cuando el Presidente ruso, Dmitry A. Medvedev, planeaba su viaje a través de América Latina, todo parecía indicar que su país estaba a punto de presentar uno de los desafíos más visibles en varios años a la influencia estadounidense en la región. Con los altos precios del crudo, Rusia nadaba en dinero y planeaba una diversidad de iniciativas, incluida la ayuda a Venezuela para que construyera un reactor nuclear y el fortalecimiento de vínculos militares con Cuba, ex aliado de los soviéticos durante la Guerra Fría.

Pero, cuando Medvedev llegue al a región en esta semana que comienza, la encontrará fluyendo en reacción a los sucesos recientes y en algunos casos menos receptiva a sus ofrecimientos. La caída de los precios del petróleo y la crisis financiera en el mundo, que han propinado un golpe particularmente duro a Rusia, han hecho surgir interrogantes acerca de la confiabilidad de Rusia como un socio económico, al tiempo que la victoria de Barack Obama en la contienda presidencial de Estados Unidos ha elevado las esperanzas a lo largo de Latinoamérica por una nueva era de relaciones mejores con Estados Unidos.

En este panorama que cambia rápidamente, la mayoría de los países latinoamericanos están recalibrando sus intereses políticos, frustrando los esfuerzos rusos con miras a profundizar vínculos regionales, como los que China estableció en la década pasada.

"Las elites rusas, incluido el Presidente Medvedev, ven con envidia los crecientes éxitos diplomáticos y económicos de China en América Latina y Africa", comentó Stephen Kotkin, el director de estudios rusos en la Universidad de Princeton. "Ellos también perciben una oportunidad, muy exagerada, de enviarle un mensaje a Estados Unidos en su mal llamado patio trasero".

No obstante, Medvedev enfrenta una venta difícil en la región. En Cuba, persisten sospechas con respecto a las intenciones de los rusos, ya que la economía cubana se vino abajo cuando los soviéticos se retiraron en los 90, así como una renuencia a ganarse la enemistad de la entrante administración Obama, que pudiera pugnar por un final del embargo comercial.

Brasil, el mayor país de América Latina, que también considera una alta prioridad las relaciones con una administración

Obama, desea que Rusia se comprometa no como una fuente de armas o ayuda militar sino como un socio al mismo nivel.

"No estamos interesados en comprar productos de la defensa como si fuera un supermercado", dijo Roberto Mangabeira, el ministro de asuntos estratégicos de Brasil y el arquitecto de una nueva estrategia militar, la cual se dará a conocer oficialmente en diciembre.

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"A diferencia de otros países sudamericanos, nosotros no andamos por ahí comprando cosas, y no estamos interesados en ningún tipo de política del balance del poder para contener a Estados Unidos", aclaró Mangabeira Unger, ex catedrático de leyes en Harvard que le dio clases a Obama cuando estuvo en la Facultad de Derecho de Harvard. "Sostenemos relaciones amistosas con Estados Unidos, y nos proponemos que sean más amistosas con la administración entrante".

Por contraste, en Venezuela, en sí vapuleada por la caída de los precios del crudo, Medvedev puede anticipar una cálida bienvenida. Desde hace ya mucho tiempo atrás, el Presidente Hugo Chávez ha buscado vínculos más estrechos, viajando a Rusia siete veces y forjando tratos para la compra de armas por más de 4,000 millones de dólares. Pero, hasta hace poco, Rusia mostraba escaso interés en expandir sus vínculos con Venezuela más allá de la venta de armas y un puñado de tratos en el sector de energía.

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Sin embargo, la posición de Rusia ha evolucionado en meses recientes, y ahora está buscando un asidero con una plataforma para petróleo, así como contratos en minería, la banca y las fuerzas militares. No obstante, al optar por invertir en Venezuela, dicen ejecutivos del ramo de energía y diplomáticos extranjeros, Moscú se está involucrando en uno de los países más problemáticos de la región. Países como China e Irán han enfrentado una montaña de corrupción y desorganización institucional en la búsqueda por expandir su presencia aquí.

Rusia también ha estado buscando reavivar vínculos de la era de la Guerra Fría en países que actualmente son aliados de Venezuela, como Nicaragua, que recibió ayuda militar de los soviéticos en la década de los 80. Ahora que los sandinistas,

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tendientes a la izquierda, ya volvieron al poder en Nicaragua, funcionarios rusos han viajado en fechas recientes a Managua, la capital, para discutir gigantescos proyectos como el de un canal nuevo para que rivalice con el de Panamá.

Pero, por ahora, la incursión de Rusia en Nicaragua sigue confinada al entrenamiento de aproximadamente una docena de militares, lo cual apenas es una sombra de lo que otrora fue una participación destacada de la Unión Soviética durante el primer gobierno del Presidente Daniel Ortega, cuando especialistas militares de los soviéticos ayudaron a construir la Base Aérea Pachito, a la cual actualmente le urgen reparaciones.

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Rusia se ha forjado una presencia en otros países pequeños con influencia limitada en la región, como Bolivia, donde Rusia está extendiendo ofertas de ayuda militar y antidrogas. En Guayana, Rusia ha cultivado cálidos vínculos con el Presidente Bharrat Jadgeo, quien estudió economía en Moscú cuando Guayana era gobernada por socialistas que tenían estrechos lazos con la Unión Soviética.

Pero, en otras partes del área, el Kremlin está enfrentando tiempos más difíciles. En Cuba, donde la Unión Soviética concentró en otra época la mayoría de su presencia militar en la región, persisten las inquietudes con respecto al colapso de la Unión Soviética a comienzos de los 90. El abrupto retiro de miles de millones de dólares en ayuda devastó a la economía cubana, que aún no se recupera del todo pese a que ha recibido considerables subsidios de Venezuela.

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En círculos diplomáticos de Caracas, hay un chiste circulando en el que se compara la estrategia latinoamericana de China, que considera a las economías orientadas al mercado, como la de Brasil, Chile y México, como puertas de entrada a la región, con la de Rusia, que se está concentrando mayormente en Bolivia, Nicaragua y Venezuela. En Brasil, por ejemplo, el comercio de Rusia por 5,200 millones de dólares en 2007 fue opacado por los 23,400 millones de dólares de China.

"Los rusos han elegido a los socios más erráticos y menos confiables en la región", comentó un funcionario de la administración Bush, hablando a condición de mantenerse en el anonimato, siguiendo el protocolo acostumbrado en la diplomacia.

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E incluso en áreas en las que Rusia y Venezuela está empezando a cooperar, como la exploración de gas natural frente a las costas, la nueva alianza no puede ocultar los resistentes y adaptables vínculos con Estados Unidos, que sigue siendo, por mucho, el mayor socio comercial de Venezuela.

Este mes, cuando la televisión del Estado en Venezuela anunció con bombo y platillo la exploración por parte de la petrolera paraestatal y un consorcio de empresas rusas entre gritos de "¡Camaradas!" por todas partes, se dirigió muy poca atención a la plataforma de perforación sobre la que estaban parados. Había sido alquilada a Scorpion Offshore, que vigila sus pozos por todo el mundo desde su oficina matriz en Houston.

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Simón Romero informó desde Caracas, Venezuela; Michael Schwirtz desde Moscú; y Alexei Barrionuevo desde Río de Janeiro. Blake. Schmidt y Marc Lacery contribuyeron con reportajes desde Managua, Nicaragua.

Este artículo fue realizado por Simón Romero, Michael Schwirtz y Alexei Barrionuevo.

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