Se vende: extenso complejo en un túnel del centro de Londres. Los habitantes anteriores incluyen al servicio secreto de Gran Bretaña, la famosa línea directa entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría y 400 toneladas de documentos gubernamentales. El precio inicial es de 7.4 millones de dólares.
Tras años de estar en desuso bajo las calles de la ciudad, congestionadas por el tránsito, ahora el BT Group, la compañía telefónica más grande de Gran Bretaña, ha puesto a la venta el complejo en el túnel — una milla de corredores subterráneos y salones adyacentes. BT espera que las características especiales del sitio atraigan compradores a pesar de que el mercado inmobiliario en la superficie está pasando por su mayor desaceleración en décadas.
Con un aspecto más parecido al set de una película de James Bond que una propiedad de primera, el complejo todavía tiene un bar y dos comedores, fuera de uso, y salón de billar, además de agua corriente y electricidad funcionando.
Los túneles se construyeron durante la Segunda Guerra Mundial como refugios antiaéreos para unas ocho mil personas, y se diseñaron para que sobrevivieran durante cinco semanas aisladas del mundo exterior.
Un espectro ecléctico de posibles compradores ha preguntado por el espacio, incluyendo multimillonarios de otros países que buscan un lugar para llevar a cabo sus reuniones de consejo de administración. Otros que han manifestado un interés incluyen a quienes buscan un sitio para su colección de vinos, a la policía de Londres y las compañías locales de electricidad, dijo Niall Gallagher, el agente inmobiliario de Farebrother Chartered Surveyors encargado de encontrar un comprador conveniente.
"Es un lugar extraño y maravilloso", comentó Gallagher. "Realmente capturó la imaginación de las personas. Hubo muchas indagaciones, y recibimos una o dos ofertas interesantes".
Los túneles se construyeron en 1940 durante los bombardeos aéreos, cuando Gran Bretaña estuvo bajo el ataque sostenido de la Alemania nazi. El gobierno decidió crear ocho refugios antiaéreos subterráneos en Londres, a medida que las estaciones del metro de la ciudad no eran lo suficientemente grandes para acomodar a todos los que buscaban refugio.
Sin embargo la población nunca usó los túneles BT, y otro más, porque el gobierno los necesitó para sus propias operaciones. Los BT pronto se convirtieron en la base temporal de las tropas antes del Día D, mientras que en otro se instaló el cuartel general europeo del general Dwight D. Eisenhower.
En 1944, los túneles fueron la base desde la cual los aliados ayudaron en los movimientos de la resistencia en los países ocupados por los nazis. Miembros del servicio secreto, en oficinas equipadas con teléfonos y teletipos ocultos bajo las calles destrozadas por la guerra, ayudaron a coordinar algo así como 10,000 hombres y mujeres que reunían apoyo contra el régimen nazi en toda Europa.
Después de la guerra, la red de túneles se volvió un importante centro de operaciones de la compañía conocida alguna vez como British Telecommunications. No obstante, en los últimos años, BT ha usado el espacio principalmente como almacén. La compañía decidió ponerlos a la venta hace unas semanas.
Aunque algunos podrían fantasear con comprar el lugar y llevar una vida secreta en un mundo subterráneo y cavernoso, lleno de artefactos apropiados para una Baticueva, es muy probable que la realidad fuera más dura.
El aire es seco, caliente y rancio. La vibración ruidosa y constante de los trenes del metro londinense que pasan a toda prisa por un sistema distinto de túneles a unos cuantos pies por encima, y el sonido de gigantescos ventiladores hace que el ambiente sea ruidoso.
Convertir los túneles en un centro nocturno o en un hotel es imposible porque sólo dos elevadores los conectan con el mundo exterior; incluso, un pequeño incendio sería difícil de controlar.
Los túneles están cerrados al público, pero quienes aún trabajan ahí, en su mayoría para el mantenimiento, entran por una discreta puerta de fierro en la Calle Furnival, una vía tranquila detrás de la muy transitada Chancery Lane, cerca de las Reales
Cortes de Justicia y no lejos del río Támesis. Aparte de una vieja grúa industrial pegada a la fachada sin ventanas del edificio, nada indica el vasto laberinto subterráneo. La historia de los túneles les da un aura de misterio, mantenida viva por el puñado de empleados de BT que aún trabaja ahí.
David Hay, un historiador de BT, comentó que dice la leyenda que el gobierno quería conservar la ubicación de los túneles tan en secreto que contrató trabajadores extranjeros que no conocían las calles de Londres para construirlos. El personal de BT aún tiene órdenes estrictas de no revelar la ubicación exacta del sistema, aunque han aparecido mapas incompletos en Internet.
"Simplemente no sabes para que querrá usarlos el futuro propietario, así es que no podemos dar a conocer más información", expresó David Hembra, uno de los trabajadores de mantenimiento que ahora visita los túneles varias veces por semana para revisar fugas de gas y otros problemas.
Cuando Hembra empezó a trabajar en los túneles hace 10 años, ya habían quedado atrás sus años cruciales, y quedaba poco de los días turbulentos de la Segunda Guerra Mundial. Se removieron las oficinas después de terminada la Guerra, cuando se mudaron nuevos inquilinos. La oficina del registro público de Gran Bretaña necesitaba espacio para almacenar más de 400 toneladas de documentos.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que los tuvieran que volver a mover, para dejar espacio para un centro telefónico internacional seguro, que el gobierno consideró necesario a medida que se tensaban las relaciones entre Washington y Moscú. Durante la Guerra Fría, el gobierno británico instruyó a su departamento de telefonía, que después se convirtió en BT, para que montara un sistema secreto de comunicaciones con base en la tecnología más reciente que pudiera sobrevivir a un ataque nuclear.
Fue el comienzo del período de más actividad en los túneles, con casi 200 empleados que pasaban días y noches bajo tierra para conectar hasta dos millones de llamadas a la semana con 6,600 líneas telefónicas. En 1963, la línea directa establecida entre Moscú y Washington después de la crisis cubana de los misiles pasó por los túneles de Londres.
El complejo lleno de zumbidos pronto se conoció como "la ciudad subterránea", con su propio salón recreativo con todo y dianas para dardos y mesas de billar, un cine y dos comedores. Con frecuencia, los empleados pasaban la noche en habitaciones para dormir.
Para principios de los ochenta, la tecnología había avanzado tanto que los túneles se volvieron obsoletos, y los técnicos de BT regresaron a la superficie.
Hoy, cualquiera que deambule por sus vastos corredores recuerda todavía su lugar en la historia como un banco de cajas de cables de teléfono junto a generadores de electricidad colosales que datan de los sesenta. Remanentes de esa vida están visibles en medio del decorado marrón y anaranjado de las paredes del viejo bar, fotografías a colores del mundo en la superficie en el restaurante y una cocina del comedor, equipada con una máquina para pelar papas, una lavadora de loza y un menú que ofrece salchichas y chícharos.
"En los meses invernales, si uno no salía para comer, nunca veía la luz del día", escribió John Warrick, un ex empleado, en Subterranea Britannica, un sitio en la Red, recordando sus días en los túneles. "La vida allá abajo era un poco como vivir en un submarino".