Sus habitantes, familiarizados con una profundidad cercana a los 100 centímetros, no se enfrentaban a una situación similar desde hace 22 años, cuando como ahora el agua comenzaba a filtrarse dentro de los almacenes, las casas y las iglesias.
El actual alcalde, Massimo Cacciari, invitó a la ciudadanía y a los turistas a no salir para evitar que el oleaje producido por los botes aumentara y a tener paciencia ante una situación muy poco usual en esta ciudad.
El “agua alta”, como se conoce este fenómeno en Venecia, llegó por cuenta de sucesivas lluvias durante los últimos días y vientos que han incrementado la entrada del mar a sus canales. Los esfuerzos son más que necesarios de acuerdo con las autoridades: de subir cuatro centímetros y superar el umbral de los 160, los daños que el agua ocasionaría a la ciudad serían múltiples y cuantiosos.
Cacciari espera que este martes la situación mejore luego de que los pronósticos del Centro de Prevención de Mareas dieran un parte optimista en la reducción de las aguas, para al menos lograr que la alerta roja se convierta en naranja.