La prensa árabe no ha dejado de reproducir la historia de un embajador de Arabia Saudita, de quien no revelan el nombre ni el país en el que trabajaba, que tuvo que cancelar su boda porque su prometida resultó ser horripilante. “Tenía barba y era bizca”.
El embajador acusó ante un tribunal islámico a la madre de su antigua novia. Aseguró haber sido víctima de un engaño infame, pues mientras él planeaba su boda, motivado por las fotografías que su futura suegra le mostraba, su prometida mantenía el rostro debajo del ‘niqab’, un velo propio de la cultura musulmana.
Después de varios meses de cortejo y de cerca de US$135.000 invertidos en alhajas, el embajador no pudo contenerse y levantó el velo de la mujer para darle un beso. Inmediatamente se apartó de ella. Las fotografías que lo habían enamorado mostraban a otra persona, una mujer que, entre otras diferencias con la que acababa de descubrir, no tenía barba.
Ante el tribunal el funcionario diplomático pidió que se le exigiera a su ex prometida practicarse una prueba médica para determinar si sufría de trastornos hormonales y pidió la devolución de todos sus regalos, petición que no fue concedida.