El mundo musulmán ha estallado en múltiples manifestaciones antiestadounidenses en los últimos días, encendidas por la aparición de una película incendiaria y de bajísima calidad que ridiculiza al profeta del Islam, Mahoma. El hecho más preocupante fue el asesinato del embajador estadounidense y otros tres diplomáticos de ese país en Libia el martes pasado. Luego, en El Cairo, una turba de musulmanes irrumpió en la embajada norteamericana y bajó la bandera de las barras y las estrellas, para izar otras del estilo de Al Qaeda. Más que un arrebato emocional, especialmente el atentado puede entenderse como una acción de tendencia salafista, que podría haber sido planeado con anterioridad.
Juan Carlos Estarellas y López, experto en Salafía Yihadia y Radicalismo Islamista, diplomado en lengua árabe y colaborador como analista del portal Atenea Digital, le cuenta a El Espectador que es muy probable que el ataque en Bengasi fuera en realidad un atentado programado y ejecutado por un grupo integrante en la organización terrorista Al Qaeda en el país, en una fecha llena de simbolismo, por coincidir con el undécimo aniversario de los atentados de 11-S de 2001.
¿Qué es el salafismo y por qué puede considerarse una amenaza para la seguridad en Libia y Estados Unidos?
El salafismo es una doctrina religiosa, una corriente minoritaria, un modelo de creencia religiosa que ha sido y es seguida en la actualidad por un elevado número de musulmanes en todo el mundo. Tuvo su origen en Egipto, existiendo en El Cairo la verdadera Cuna del Salafísmo. Una corriente que desarrolla un peculiar estilo de vida, y que encuentra su inspiración y demandas en los primeros momentos vividos por el Profeta Muhammad y sus compañeros. Una visión del Islam que surgió impregnada por otras doctrinas religiosas, como la doctrina wahabía. Tuvo como principal ideólogo religioso a Ibn Taymiyya (Siglo XIV), quien entendió que ‘todos los hombres que habitaban la tierra debían ser musulmanes y profesar la religión del Profeta’. Taymiyya exteriorizó un ‘odio real hacia las personas que no profesaran la religión musulmana’, realizando una férrea defensa de una particular versión religiosa, la considerada más pura, una doctrina verdaderamente excluyente de todo lo considerado ajeno a la sociedad musulmana, y rechazando la convivencia en comunidad con los extranjeros en los territorios musulmanes, salvo su previa conversión al Islam. Los reformadores islamistas conocidos del salafismo más reciente se formaron académica e intelectualmente en la universidad islámica de Al Azhar en El Cairo, y en la Mezquita de Al Azhar, anexa a la propia universidad.
¿Cómo se ha venido expandiendo esta corriente?
Quien provocaría el mayor impulso y expansión de la doctrina en la década de los años 60 (Siglo XX) sería uno de los principales ideólogos de la asociación Hermanos Musulmanes, el egipcio llamado Sayd Qutb. Quien sería el responsable de exteriorizar la unión entre el salafismo y la legitimación en cuanto al uso de la violencia radical para defender esa particular defensa del Islam, y la conexión entre el salafismo y la violencia (salafía yihadía/salafismo yihadista).
Podríamos afirmar que fue el verdadero fundador del ‘islamismo yihadista armado’. Las líneas ideológico-religiosas de la doctrina salafía es la siguiente: ‘rechazo absoluto a todo lo que contradiga el Corán o la Sunna’; ‘luchar por la implementación de la Sunna en la vida musulmana’; ‘islamizar el gobierno, en contra de la ocupación extranjera de los territorios musulmanes’ (Israel, Iraq, Afganistán); ‘aumentar el conocimiento del Islam y la Sharia’ (ley islámica); ‘promover lazos y conexiones con otros movimientos islámicos’; ‘construcción del Califato y la creación de un Mundo islámico’. La expansión del salafismo por todo el mundo, con motivo de los primeros conflictos en Afganistán (invasión soviética) e Iraq (Segunda Guerra del Golfo), tuvo como consecuencia que la mayoría de grupos, movimientos y por aquel entonces organizaciones en la órbita de la organización terrorista Al Qaeda abrazaran esta doctrina como ‘pilar y sustento ideológico principal’.
¿Tras la caída de Gadafi, qué tanto poder ha ganado el salafismo en Libia?
La corriente salafista ha supuesto una mayor concienciación y apoyo de los musulmanes hacia esa visión religiosa en la gran mayoría de países de Mediterráneo, principalmente en Egipto, Libia y Túnez, además de Marruecos. Los grupos y movimientos islamistas se aprovecharon en gran parte del tirón dado por quienes dieron comienzo a las revueltas árabes, que provocaron la caída en cadena de todos y cada uno de los líderes políticos considerados apóstatas por la organización terrorista Al Qaeda. En cuanto a Libia, el salafismo más radical vino de la mano de los miembros del Grupo Islámico Combatiente Libio, quienes se integrarían con posterioridad en la futura Al Qaeda, por aquel entonces denominados ‘Frente Islámico Mundial contra Cruzados y Judíos’, en febrero de 1998. Debemos recordar que tras los atentados de 11-S Al Qaddafi (Gadafi) fue el primer dirigente musulmán en condenar los ataques terroristas, impartiendo directrices para la vigilancia y control de los yihadistas, y la lucha contra todos los miembros de Al Qaeda, al igual que sucedió con todos los combatientes que acudieron a Iraq y Afganistán, quienes a su llegada al país fueron recluidos por ser enemigos del régimen. Por ello, miembros que participaron en la yihad en contra de las tropas estadounidenses en Iraq, integrados tanto en el Emirato Islámico de Iraq como en la galaxia de grupos del movimientos insurgente en contra de los EE.UU. por su presencia en los referidos territorios musulmanes, fueron encarcelados por Al Qaddafi.
¿Hay un auge de actividad terrorista en Libia después de Gadafi?
Sin duda alguna. Libia se ha convertido en un pequeño laboratorio yihadista en el Mediterráneo, tras la caída del régimen, el cual provocará una situación de inestabilidad en la región. Los grupos gozan de enorme popularidad en estos momentos por haber permitido la caída de Al Qaddafi. Tienen libertad de movimientos, son respetados por las autoridades y, esto es lo más importante, disponen de un gran arsenal y están curtidos en combate.
Debemos subrayar también que se ha producido un auge del radicalismo islamista en el país en contra de la presencia extranjera (ideología racista-excluyente), y los considerados por Al Qaeda como cruzados. Originado por la existencia de un larvado proceso de radicalización en diversas capas de la sociedad, que se exteriorizó durante el proceso de guerra contra el régimen (revueltas), provocando la caída de Al Qaddafi. Un proceso que atraería también a un número indeterminado de rebeldes, grupos, y colectivos de jóvenes a unirse a quienes actuaron y lucharon en su día contra el régimen (antiguos miembros de Al Qaeda). Lo que unido a la imposibilidad del actual gobierno de lograr la desconexión de todos aquellos grupos de combatientes que lucharon para derribar a Al Qaddafi, ha provocado la existencia de grupos que se inclinan, bandera de Al Qaeda en mano (la shahada) y montados en vehículos por las calles de diferentes ciudades libias, por compartir la misma doctrina salafista y la defensa ideológica de la organización terrorista. Una situación que es aprovechada por Ayman Al Zawahiri para encender los ánimos de los grupos y movimientos islamistas mediante la emisión de sus declaraciones en vídeo y mensajes electrónicos, instigando a continuar la lucha contra las fuerzas armadas y de seguridad egipcias por proteger intereses de EEUU. e Israel, y por la amenaza que para Libia representa la presencia de los cruzados en sus territorios.
¿Es una simple coincidencia que el ataque se haya producido después del aniversario del 11-S?
Precisamente, exmiembros de Al Qaeda, de ideología inequívocamente salafista, son los que se han hecho fuertes y no han abandonado las armas tras la caída del régimen. De hecho durante este verano, en localidades como Bengasi, se dieron cita a plena luz del día grupos de rebeldes quienes en su día hicieron frente al régimen. Pero el dato más inquietante y que más debería preocuparnos son las banderas que portaban los manifestantes, más de un centenar y miles de personas simpatizantes de la organización terrorista Al Qaeda. Los cruzados en territorios musulmanes son un objetivo prioritario de Ayman Al Zawahiri, quien juró venganza por la muerte de Osama Ibn Muhammad Bin Laden. Por ello, es muy probable que el ataque al Consulado de los EE UU en Bengasi, y la muerte del embajador norteamericano, fuera en realidad un atentado programado y ejecutado por un grupo integrante en la organización terrorista Al Qaeda en el país, en una fecha llena de simbolismo, como lo fue el día en que se ejecutaron los ataques contra el Consulado, coincidente con el once aniversario de los atentados de 11-S de 2001. Por consiguiente, es un acto de venganza en concordancia por lo anunciado en reiteradas ocasiones por Al Zawahiri, ‘vengar la muerte de Bin Laden derramando la sangre norteamericana’.
Esta ira de los islamistas, supuestamente provocada por una película que caricaturiza Mahoma, se está extendiendo por muchos países. ¿Es posible que veamos más ataques contra embajadas estadounidenses?
La concepción de la defensa del Islam no es exclusiva de las organizaciones terroristas o de los movimientos islamistas más radicales, quienes participan e infiltran a sus integrantes y simpatizantes en esas actividades de protesta en las calles frente a legaciones diplomáticas, sino también lo es de una parte importante de la población religiosa musulmana, que creen y practican la fe islámica, que impregna casi todos las actividades desarrolladas por los musulmanes a lo largo de toda si vida, y en el día a día. Entiendo que las actividades de protesta contra la emisión del vídeo continuarán por entender que es un mensaje de los cruzados, los judíos y los cristianos en contra de los musulmanes y de ofensa al Islam. Y esto, además de ser considerado como un ataque a su religión y al honor de la religión, impulsará a los movimientos más radicales a tomar parte en nuevas actividades de repulsa y de mayor violencia sino se impiden, incluso en actividades yihadistas. Y en el último lugar a la purificación de los lugares donde se lleven a cabo las acciones. La extensión natural de las protestas, en este caso contra los EE UU, se producirán no solo frente a las embajadas norteamericanas sino también contra las legaciones de países occidentales presentes en países musulmanes del Mediterráneo, incluyendo también las instalaciones y establecimientos militares con presencia occidental. Lo que podría producirse también contra grupos y zonas cristianas en países musulmanes, como, por ejemplo, en los coptos en Egipto, e irremisiblemente un aumento de la beligerancia y odio hacia Israel.
Después del ataque en Bengasi, Hillary Clinton dijo que era increíble que eso pasara en un país al que EE.UU. “ayudó a liberar y salvar de la destrucción”. ¿Qué tan acertadas son esas palabras?
Para una sociedad occidental como la norteamericana puede llegar a ser incomprensible el por qué se ha podido atacar a EE.UU. si han intervenido y colaborado en el país para lograr la caída del régimen de Al Qaddafi. Pero de ninguna manera para las autoridades estadounidenses que han sabido medir muy bien sus palabras en los primeros momentos del suceso. Ese mensaje, así como otros que irán lanzando, en buena medida pretenden identificar, ‘marcar’ a quienes han podido ser los autores reales del atentado, exonerando de toda responsabilidad a las autoridades libias y a una parte importante de la ciudadanía.