Al reconocer en Alepo a una ciudad desastrada y vuelta ruinas, el presidente Bashar al-Asad comparó esos vestigios del desastre con la batalla de Stalingrado. Al hablar de aquella batalla rusa, recuerdo riguroso de la Segunda Guerra Mundial, dijo que “a pesar de la ferocidad de los enemigos y la dureza de la agresión”, la autoridad triunfará sobre la rebeldía. Sin embargo, entre Stalingrado y Alepo hay una diferencia de sentido: mientras en aquella los destrozos fueron cometidos por las huestes nazis —los enemigos, el otro—, en ésta el caos y el fuego fueron alentados por el Gobierno mismo. Los métodos, en las tres últimas semanas, han sido simples: cazabombarderos rusos y sirios han comandado operaciones en que arrojan bombas sobre zonas de Alepo gobernadas por rebeldes. En un solo día, por ejemplo, el Ejército sirio lanzó 28 bombardeos sobre la ciudad, la mayor del norte de Siria y con una población que supera los dos millones.
La ONU relata que existen seis zonas sitiadas y que cerca de 285 personas han muerto en los numerosos bombardeos, tiroteos y rebatiñas desde el 22 de abril. Para quienes apenas saben sobre esta guerra, es necesario que sepan que Alepo es una de las tantas ciudades que se pelean el Gobierno central, dirigido por Al-Asad, y los rebeldes, que provienen de diversas fuerzas políticas y desde 2011 se alzaron en armas. Desde entonces, más de 270.000 personas han muerto en Siria y 4 millones han sido desplazados a países de la vecindad. Y en las últimas dos semanas, Alepo ha sido el núcleo de la desidia porque tanto el Gobierno como los rebeldes han asesinado a cientos de civiles. Zonas de la ciudad están sitiadas, como en las guerras medievales: nadie puede entrar ni salir, y la gente tiene hambre y sed y carecen de servicios médicos.
Cuatro hospitales han sido bombardeados en las últimas semanas: dos en espacio rebelde, dos en espacio oficial. Un video recuperado de una de aquellas explosiones registró como un pediatra, el último que le quedaba a dicha zona de Alepo, sube las escaleras, entra en un consultorio y de pronto se desata una columna de fuego que deshace el edificio entero. Violación tras violación, las partes han acordado dos ceses al fuego, uno en abril y otro el jueves, y en ninguna de las dos ocasiones ha sido capaz de cumplirlo a cabalidad. Durante el primero, que aplicaba para todo el país, murieron en un solo día 25 personas. La ONU registró que un sirio moría cada 25 minutos. Cuando usted termine de leer todo este periódico, quizá una familia entera habrá dejado de existir.
El segundo, que comenzó el jueves en la noche y tendría una duración de 48 horas, se rompió: una persona murió en zona rebelde apenas comenzaba la tregua. Dado que dicho cese estaba establecido sólo para Alepo, los ataques pervivieron en torno a la ciudad y se supo entonces que un campamento de refugiados había sido bombardeado en Idlib, sin saber quién lo había bombardeado pero con la certeza de cuántos muertos había dejado: 28. La suma general de muertos, en un solo día, mientras Alepo se lamía las heridas en medio de un cielo sin perturbaciones de guerra, fue 73.
¿Qué dicen los habitantes de Alepo y cuántos han huido? ¿Qué postales deja la guerra? Aquí están.