Desde diciembre, los días de Socorro Ramírez son agitados, como lo eran cuando ejercía como profesora y analista política de la Universidad Nacional. A finales de 2011 le llegó una invitación de la canciller María Ángela Holguín, quien, dentro de los preparativos de la VI Cumbre de las Américas (14 y 15 de abril en Cartagena), le propuso ser la coordinadora de debates y de la participación de los actores sociales en la reunión.
Grupos de jóvenes, ONG, sindicatos, comunidades indígenas, la academia: todos ellos son los actores sociales con los que Ramírez se reúne a través de foros en diferentes países, luego de que aceptara la propuesta de Holguín. Por eso los últimos meses han sido de mucho movimiento. Debates en Estados Unidos, Guatemala, Uruguay, Perú y Colombia, con múltiples voces que aspiran llegar a Cartagena con propuestas de solución para problemas específicos que afectan a las Américas, iniciativas que deberán ser analizadas por los jefes de Estado. Socorro Ramírez habló con El Espectador sobre el avance de la cumbre y lo que depara a los actores sociales en Cartagena.
¿Cuál ha sido el enfoque que se le ha querido dar a la cumbre con los actores sociales?
Hice un recorrido por las cinco cumbres anteriores. Examiné el papel de los actores sociales. Encontré mucho cansancio, mucho escepticismo porque las propuestas usualmente no terminan en nada concreto. Propuse que elevemos la participación, que los gobiernos reciban periódicamente las discusiones para que sepan los puntos a tratar en la cumbre con los actores sociales y puedan ofrecer salidas.
¿Sobre qué temas específicos giraron los foros sociales?
Fueron cerca de 25 foros que fundamentalmente giraron alrededor de los cinco temas que se tratarán en la cumbre: pobreza, seguridad, integración física, riesgos y desastres naturales, y nuevas tecnologías.
¿Qué conclusiones salieron de estos encuentros?
Los dos temas más taquilleros fueron los de pobreza y seguridad. Hay euforia en América Latina por el crecimiento económico de los últimos años; este cuarto de hora de la región está reduciendo la pobreza. Sin embargo, en la región la pobreza sigue teniendo rostro de mujer. Las cifras son contundentes en este sentido y especialmente sigue teniendo rostro afrodescendiente.
¿Qué se dijo en relación con la seguridad?
Tuvimos un evento en Leticia y Guatemala, donde se analizó cómo la criminalidad organizada conecta todo tipo de actividades ilegales. La situación es dramática. Supimos qué se está pensando en seguridad urbana y estrategias de desarme para enfrentar problemáticas de seguridad y criminalidad, que es una constante, y su capacidad de penetrar el Estado. Charlamos de temas como la corrupción y los llamados carruseles de contratos, que también son una constante en la región.
¿Los temas de Cuba y un eventual debate sobre la legalización de las drogas se trataron en los foros?
Sí. Se mostró cómo América Latina vive un momento distinto, diferenciada por modelos políticos y económicos, pero bastante conectada, y un Estados Unidos muy centrado en su polarización interna, en el ahogamiento en las iniciativas que tenía la administración Obama, con este Tea Party rabioso y racista, impidiendo el programa de migración e incluso el avance en el tema de Cuba, porque Obama en la cumbre anterior fue más proactivo que en ésta. Ahora está estrangulado por la campaña. Antes de la cumbre anterior, Obama flexibilizó el embargo y la secretaria de Estado, Hillary Clinton, fue muy crítica de la política de embargo y aislamiento.
¿Se podría decir que ahora América Latina tata estos temas de manera más frontal, a pesar de la opinión de Washington?
América Latina ha incorporado a Cuba a sus instancias, estimulando su apertura al mundo. Hay un desfase de miradas entre Estados Unidos y la región. Lo mismo en el tema de las drogas: la región necesita evaluar ese esfuerzo descomunal que ha hecho para enfrentar una problemática que crece, tiene necesidad de debatir sobre alternativas. Estados Unidos ha abierto una opción diciendo que quiere debatirlo para insistir en que su política es buena. No importa; por lo menos ha abierto una ventana. Estados Unidos no puede estar peleando con sus adversarios del Alba por Cuba y, al tiempo, con sus aliado por el tema de las drogas.
La incertidumbre del Alba
Después de la visita de Evo Morales a Bogotá, en la que se creyó que el mandatario boliviano había confirmado su presencia en la VI Cumbre de las Américas, una declaración de su canciller, David Choquehuanca, puso en duda la visita al argumentar que el viaje a Cartagena está en “proceso de consulta” con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba). Morales se une así al presidente de Ecuador, Rafael Correa, en el grupo de jefes de Estado que consideran su participación. Fue el propio Correa quien a comienzos de año sugirió la ausencia del Alba en caso de que Cuba no fuera invitada a la cumbre, como en efecto ocurrió. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, por su parte, aseguró que “nosotros, después de habernos reunido en distintas ocasiones, opinamos que hay que ir a la cumbre”, fundamentalmente “para denunciar la exclusión anacrónica” de la isla.