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Así es el mar de Azov, el foco de la nueva tensión entre Rusia y Ucrania

El mar de Azov, que comparten Rusia y Ucrania desde la caída de la Unión Soviética en 1991, es un apéndice del mar Negro que el Kremlin controla desde hace casi 300 años. ¿Por qué es tan importante?

26 de noviembre de 2018 - 01:12 p. m.
Un hombre salta al agua en el puente del Estrecho de Kerch que conecta el sur de Rusia con Crimea en el Mar de Azov. Este punto es de vital importancia para los intereses comerciales y de seguridad de Rusia y Ucrania. / AFP
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El mar de Azov, en el centro de una escalada entre Rusia y Ucrania, es un pequeño mar crucial para las exportaciones de cereales y acero producidos en el este de Ucrania, unido al mar Negro por el estrecho de Kerch. Por su ubicación estratégica se ha convertido en un punto de lucha para ucranianos y rusos.

El Azov siempre ha sido importante. Lo era cuando el imperio ruso se lo arrebató al otomano a mediados del siglo XVIII y lo es ahora desde la anexión de la península por parte de Rusia, que ha sido condenada por casi toda la comunidad internacional.

La anexión de Crimea (que perteneció a Ucrania entre 1954 y 2014) y el control del Azov impiden que la OTAN pueda acceder a ese mar, más aún desde que Moscú tendió un puente entre la península y la Rusia continental, motivo de la escalada de la tensión de los últimos meses. Crimea no puede entenderse sin el Azov y viceversa. La península está bañada principalmente por el mar Negro, pero el Azov le cubre las espaldas.

El imperio ruso, que nació con Pedro I y la fundación de San Petersburgo, no puede entenderse sin el dominio del Azov, donde desembocan los ríos rusos Don y Kubán, ya que eran las únicas aguas, junto a las del mar Negro, que eran navegables todo el año.

Rusia sólo puede considerarse una potencia marítima de pleno derecho a partir de la conquista del Azov, para lo que contó con la inestimable ayuda de los cosacos. Una vez controlado el mar, fue mucho más fácil acabar con la resistencia tártara en Crimea en 1783.

El estrecho de Kerch, que tiene entre 4,5 y 15 kilómetros de ancho y une los mares Negro y Azov, garantizó desde entonces el control de esta masa de agua y tuvo un lugar estratégico de primer orden durante la Guerra Fría.

La situación cambió con la caída de la Unión Soviética: Ucrania se quedó con la mayor parte del Azov y con sus principales puertos, en particular con Mariúpol, Berdiansk y la propia Kerch.

Con la anexión rusa de Crimea en 2014, en cambio, Ucrania quedó bloqueada y depende del beneplácito de Moscú para poder transitar por debajo del puente de 19 kilómetros inaugurado en mayo por el presidente ruso, Vladímir Putin. Le puede interesar: OTAN convoca reunión de emergencia para tratar emergencia entre Ucrania y Rusia

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El Azov es como una botella con un cuello que es el estrecho de Kerch. Y los ucranianos se encuentran ahora en el fondo de esa botella, sin posibilidad de maniobrar.

Putin lo comentó tras la anexión: Si Rusia no se hubiera anexionado Crimea, la OTAN habría desplegado ya tropas y armamento en ese territorio, lo que amenazaría la seguridad del país.

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El control del resto de la costa ucraniana que da al Azov, especialmente Donetsk, pero también Zaporizhie o Jersón -algo que Kiev sospecha que el Kremlin baraja desde la sublevación prorrusa en el este del país- cerraría el círculo.

Una batalla naval entre Rusia y Ucrania sería impensable, ya que la Armada ucraniana quedó irremediablemente en inferioridad cuando Crimea pasó de nuevo bajo control de Rusia.

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Por ello, Ucrania quiere revisar el acuerdo de cooperación de 2003, pero Rusia ya ha dicho que no aceptará un cambio del estatus y que nunca reconocerá la demarcación unilateral de la frontera en aguas del Azov.

Si Ucrania denunciara el acuerdo, podría invitar a los países aliados, en especial a la VI Flota estadounidense, a atracar en sus puertos en el Azov, algo que Moscú ya ha dicho que no permitirá.

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Lo más que estaría dispuesto a admitir el Kremlin es el atraque de buques de la OTAN en el puerto ucraniano de Odesa, en el mar Negro. El resto sería interpretado como un acto hostil.

Aunque los militares rusos dijeron que no harían caso a los políticos rusos más radicales, que advertían que Moscú podía cerrar el estrecho de Kerch en cuestión de minutos, las autoridades portuarias crimeas bloquearon el domingo el acceso al puente atravesando un gran buque mercante.

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Rusia reabrió hoy el estrecho, pero el incidente del domingo -tres buques ucranianos apresados y varios tripulantes heridos- dio la razón a los políticos en Ucrania que consideran que el puente de Crimea puso la primera piedra del control ruso de todo el Azov. Lea también: Ucrania acusa a Rusia de capturar tres navíos

El mar menos profundo del mundo

Con una profundidad máxima de 14 metros, el mar de Azov es el mar menos profundo del mundo, con una rica fauna que incluye 300 variedades de invertebrados y cerca de 80 variedades de peces, incluyendo sardinas y anchoas.

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También contiene yacimientos de gas y es un punto de cruce importante para el transporte de mercancía y pasajeros.

Entre Crimea y Donbass

Con una superficie de 37.600 km2, está rodeado en el norte y el oeste por Ucrania, en el suroeste por Crimea, anexada por Moscú en 2014 y en el este por Rusia.

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Las aguas poco profundas del mar de Azov bañan también el sur de Donbass, región ucraniana donde el conflicto armado con los separatistas prorussos dejó más de 10.000 muertos en cuatro años. De hecho, la autoproclamada república popular de Donetsk controla algunos kilómetros de su litoral.

Obstáculos a la navegación

Rusia reivindica el control de las aguas frente a la costa de Crimea desde la anexión de la península en 2014. Tanto Kiev como los países occidentales acusan a Moscú de «impedir» de manera deliberada la navegación de navíos comerciales a través del estrecho de Kerch.

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En 2003, los presidentes ruso y ucraniano de la época, Vladimir Putin y Leonid Koutchma, habían concluido un acuerdo que preveía «la gestión conjunta» del mar de Azov y del estrecho de Kerch, considerados como «las aguas interiores de Ucrania y de Rusia».

Sin embargo, este documento no regulaba la delimitación de la frontera marítima entre ambos países, haciendo referencia a otros acuerdos. En 2006, Moscú acusó a Kiev de impugnar los acuerdos.

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Controvertido puente

Las tensiones se reavivaron en 2016 con la construcción por parte de Moscú de un controvertido puente de 19 kilómetros sobre el estrecho de Kerch para conectar la Crimea anexada con Rusia. La estructura fue inaugurada en mayo de 2018 por el propio Vladimir Putin al volante de un camión.

Ya en 2017, la instalación de sus arcos había «cerrado el camino a algunos de los barcos, demasiado grandes para pasar por debajo», según Oleksander Oliïnyk, director del puerto de Mariupol.

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Este año, los guardias fronterizos rusos comenzaron a detener barcos, oficialmente para controles, provocando protestas.

Mariupol asfixiada

Última gran ciudad bajo control de Kiev en el este, el puerto de Mariupol (cerca de 500.000 habitantes en 2015) era, antes de la guerra, uno de los grandes puertos de Ucrania y un importante destino balneario, donde iban las familias por sus aguas poco profundas.

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Desde el inicio de los controles rusos impuestos a los navíos, la actividad del puerto, clave para las exportaciones ucranianas, está en parte paralizada.

En los primeros siete meses del año, los ingresos procedentes de los puertos de Mariupol y Berdyansk, el otro gran puerto ucraniano en el Mar de Azov, cayeron casi una cuarta parte en comparación con el mismo período de 2017, según medios ucranianos.

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