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Así se fraguó el triunfo de Obama

Conquistar las minorías y concentrarse en estados donde tenía posibilidades fue lo que lo ayudó a quedarse en la Casa Blanca.

07 de noviembre de 2012 - 04:00 p. m.
En Florida, un estado clave, Obama se impuso por apenas medio punto porcentual sobre su rival. / AFP
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Se auguraban recuentos, impugnaciones y demandas. Al final, dos minutos después de que Colorado, Iowa y Nuevo México declararan a Barack Obama ganador, las autoridades de Ohio avanzaron también su victoria allí, donde los dos candidatos habían depositado sus esperanzas, un estado que habían visitado incansablemente en las pasadas semanas. Fue la certificación que el presidente necesitaba, la prueba definitiva de que su victoria era real. Al fin y al cabo, como mantiene la tradición política de Estados Unidos, lo que hace Ohio, lo repite la nación. Es así desde 1964.

El presidente se proclamó ganador repitiendo la victoria en todos los estados en los que ganó en 2008, excepto Carolina del Norte e Indiana. En Florida, Obama se impuso por apenas medio punto porcentual sobre su rival. Su triunfo allí fue el último que se apuntó. Mitt Romney, que hizo campaña en bastiones demócratas como New Hampshire, Wisconsin y Pensilvania, no dio la sorpresa en ninguno de ellos. Por perder, perdió hasta Virginia, que tradicionalmente se ha considerado un estado conservador y que ya ha votado por Barack Obama en dos ocasiones.

El presidente ganó, finalmente, en la inmensa mayoría de estados en los que centró su campaña electoral de este año. Ohio fue la joya de la corona. Fue el estado que el presidente visitó más veces. Allí estuvo en total en 22 ocasiones y realizó 29 mítines en esta campaña presidencial. “Te necesito, Ohio”, les dijo a 15.000 seguidores en Columbus, la capital, el lunes. El estado no lo defraudó.

Fue un trago amargo para el bando de Romney. A las 11:18 de la noche, el secretario de Estado de Ohio, el republicano Jon Husted, compareció por última vez en la noche para decir: “Los precintos que quedan por escrutar son zonas urbanas, altamente demócratas. Saquen ustedes las conclusiones”. Durante unos largos instantes, casi dos horas, los asesores del candidato republicano se negaron a conceder Ohio. También se negaron a admitir la derrota a nivel nacional, en una señal de incredulidad o amargura.

Los asesores de Romney miraban las pantallas y los informes, por si los números aún podían cuadrarles. Con el 100% de los precintos escrutados, Obama sólo iba 107.241 votos por delante. Sólo 107.241 votos de 5,3 millones. En 2008 el presidente había ganado por 206.000 papeletas. Pero qué más daba. Al presidente ya se le habían concedido Colorado, Iowa, Wisconsin, New Hampshire y otros más. Ohio sólo podía confirmar la victoria de Barack Obama o romper con la tradición de elegir presidentes. No había otra opción.

En Ohio, Wisconsin, New Hampshire, Nevada, Colorado, Pensilvania, Virginia y Florida, Romney había invertido mucho tiempo y mucho dinero haciendo campaña. No dio una sorpresa en ninguno. Fue lo más parecido a una debacle que podía acontecer. La campaña del candidato republicano se había pasado los meses diciendo que ganaría Ohio para ganar la nación. Las zonas urbanas de Cincinnati, Dayton, Columbus, Toledo y, sobre todo, Cleveland, le dieron a Obama la victoria. El grueso de los electores en esos condados eran afroamericanos, sindicalistas y jóvenes, las bases del presidente.

Sin creerse que Ohio ya no era la clave para lograr la presidencia, la campaña de Romney se aferró a este estado como a un clavo ardiendo. Los asesores del candidato rechazaban ver lo obvio. Los condados republicanos de Ohio habían sido escrutados al 100% y las grandes zonas urbanas y demócratas tardaban más en enviar sus resultados. No había forma de apoderarse de Ohio ni de apoderarse de la nación.

Si la victoria de Obama en 2008 se consideró contundente, una de las mayores que podría obtener un demócrata, la de 2012 no se puede considerar mucho mejor. En Carolina del Norte, Romney sólo ganó por un magro 3%, algo menos de 100.000 votos.

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La derrota republicana se cimentó en un cúmulo de factores, de los que ahora se encargarán los analistas políticos. El de más peso fue que Romney escribió un artículo de opinión en el diario The New York Times en 2008, con el titular “Dejen quebrar a Detroit”, en el que se oponía al rescate de las empresas automovilísticas. Hay tantos empleos en el Medio Oeste industrial que dependen de las automotrices, que aquello no se le perdonaron los electores.

Tampoco se olvidó aquel comentario, en un video grabado en un encuentro privado en mayo, en el que Romney dijo que un 47% de los electores no votaría por él porque “piensan que son víctimas y que además creen que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidarlos”. Se equivocó por tres décimas. No votó por él, al menos, un 50% de la nación. Ahora Romney deberá reflexionar si es porque eran víctimas o por otra razón que evidentemente se le escapó.

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Republicanos: evaluación tras la derrota

Fue un trago amargo para los republicanos. Luego de que las encuestas señalaran que Mitt Romney estaba empatado en intención de voto con Obama, muchos pensaron que el republicano daría una sorpresa. Pero los pronósticos no acertaron y su derrota fue contundente. Según analistas que trataban de explicar las razones del revés electoral, todo se debió a la creciente desconexión de los republicanos con las minorías estadounidenses. Romney y su partido se enfocaran en el voto de los hombres blancos y los mayores de 65 años, grupos demográficos que parecen describir cada vez más un bastión en declive. Personalidades conservadoras se lanzaron a la carga por la renovación del partido. “Los republicanos hicieron un trabajo patético para atraer a la gente de color; eso es algo en lo que están obligados a trabajar”, dijo Mike Huckabee, candidato a las primarias republicanas en 2008.

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