Níger, donde más del 80% de la población vive de la agricultura y especialmente de la ganadería, es el país del Sahel más afectado por los efectos del cambio climático y la subida de las temperaturas. Según las estadísticas nacionales, cada año se pierden entre 100.000 y 120.000 hectáreas de tierras debido a la desertificación y la erosión del suelo.