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Autoridades suspenden búsqueda de sobrevivientes en Padang

Entre 3.000 y 4.000 personas continúan atrapadas o enterradas en las ruinas que dejó el terremoto que sacudió la isla indonesia de Sumatra.

05 de octubre de 2009 - 06:00 p. m.
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Pariaman es un montón de escombros, un símbolo de la destrucción. Es más rápido contar las casas que siguen en pie que las que derrumbó el terremoto que el 30 de septiembre arrasó la costa oeste de Sumatra (Indonesia). “Cuando el sismo empezó, las casas temblaron, muchas se cayeron, la tierra empezó a rodarse de la montaña y se lo llevó todo”, cuenta Samsidar Basir, de 47 años. Decenas de vecinos como ella se hacinan en tiendas de campaña levantadas entre los escombros. No saben qué será de ellos.

Rodeada de altas montañas, palmeras y campos de arroz, Pariaman (72.000 habitantes) es el municipio más cercano al epicentro del sismo. Está a 56 kilómetros de Padang, la capital de la provincia. Más de la mitad de las casas han sido destruidas. Los equipos de rescate, hasta ahora concentrados en Padang, no llegaron hasta ayer por la mañana, cuenta Samsidar. “Hemos tenido que trasladar nosotros mismos a los heridos y buscar a los desaparecidos, mientras desde los barrios vecinos nos traían comida y agua para sobrevivir”, dice.

En apenas unas horas policías y bomberos sacaron de entre los escombros 42 cadáveres en Pariaman. Hay cientos de desaparecidos y otros cientos de heridos. Todavía es difícil dar cifras fiables de la catástrofe. Las autoridades hablan de al menos un millar de muertos en toda la zona afectada de Sumatra. El gobierno de Indonesia informó que el estado de emergencia decretado para hacer frente a la crisis se extenderá dos meses. Las ONG empezaron a llegar durante el fin de semana y aunque al principio se centraron en Padang, donde el terremoto derribó más de 20.000 edificios, ayer se suspendió la búsqueda de sobrevivientes y se fueron para otros lugares. Es poco probable que, pasados seis días, 3.000 desaparecidos que aún no han sido encontrados sean rescatados con vida. “La tierra se lo tragó todo”, llora Basir.

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