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Bangladés, el país que se disputan el Estado Islámico y Al-Qaeda

Controlar este país le garantiza a los grupos terroristas acceso a una zona geográfica clave para llevar el terrorismo a Asia.

02 de julio de 2016 - 11:41 a. m.
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Este país ha sido escenario en los últimos años de varios ataques terroristas. Desde 2013, de acuerdo con la prensa, Bangladesh ha vivido un incremento de acciones extremistas que han sido reivindicadas por Daesh (acrónimo en árabe del Estado  Islámico). También por Al-Qaeda.

Por esa razón aún es incierto si fue el EI el autor de la toma de rehenes en el restaurante en la zona diplomática de Daca. Aunque la agencia Amaq, brazo informativo del EI, se lo adjudicó, más autoridades de Bangladesh siguen investigando.

En lo que va de este año, cincuenta intelectuales y miembros de minorías religiosas han sido asesinados a machetazos. Hace apenas unos meses dos blogueros fueron asesinados de la misma manera sangrienta. Estos hechos han sido adjudicados a grupos extremistas locales.

El uso de estas armas contra gente que censura el radicalismo islámico es muy frecuente. Ayer, por ejemplo antes de la toma del restaurante, un obrero de un templo hindú fue muerto por islamistas radicales, según la policía. Tres asaltantes se dieron a la fuga tras atacarlo con afilados cuchillos. A los hechos cada vez más frecuentes lo llaman la Yihad del machete.

La policía del país  –donde 134 millones de habitantes profesan el Islam, es decir el 90%- lanzaron una campaña en junio en contra de los fundamentalistas islámicos. Arrestaron a más de 8.000 sospechosos y han matado a cinco supuestos terroristas del grupo Jama atul Muhaheddeen,  una de las ramas locales de Al-Qaeda.

Hay una disputa de territorio bangladeshí entre los dos grupos terroristas. Y es en esta partida en la que, explican analistas, el país del sur de Asia se ha convertido en un ajedrez. El líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri anunció la creación de una rama de la organización con el objetivo de levantar la bandera de la yihad en ese continente. Mencionó Bangladesh y otros territorios de mayoría musulmana.

David Bergman, un periodista en Daca, explica que “no significa que el EI o Al Qaeda tengan una base en Bangladesh, sino que hay comunicación con grupos locales”. En el país están organizaciones como Jamaatul Muyaidín Bangladesh (JMB), Harkat-ul-Yihad-al-Islami (HuJI), Hizbut-Tahrir (HT) y la emergente Ansarullah Bangla Team.

La policía de Bangladesh señala que  los últimos hechos “pertenecen a terrorismo creado en casa”. Investigadores explican que estos grupos compiten por las “marcas globales” del terrorismo. Desde septiembre de 2015, se han presentado diez ataques.

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La primera ministra, Sheikh Hasina Wazed, niega la presencia del EI en su país y apoya la versión de que son yihadistas locales.
Columnistas de la prensa local señalan que el país ha sufrido extremismo religioso durante años y la irrupción del Estado Islámico ha complicado la situación. Intentan reclutar gente en el país y promueven a las organizaciones locales.

De hecho en su balance, presentado esta semana a propósito de los dos años de haber declarado la creación del Califato, los terroristas se declaran orgullosos de disponer de células terroristas en Argelia, Turquía, Arabia Saudí, Túnez, Líbano, Francia y Bangladesh, escenario del tiroteo y secuestro.

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En el número 14 de Dabiq, la revista en inglés del EI, el líder de la rama bangladesí, Abu Ibrahim al-Hanif, asegura que “Bangladesh es una región importante para el califato y la yihad global debido a su posición geográfica estratégica. Una sólida base de la yihad allí facilitará los ataques en la India… Además, la yihad en Bangladés es un trampolín para la yihad en Myanmar”.

El país vive una profunda fractura entre islamistas y laicos. Sin embargo, expertos dicen que el país vive un islam moderado. El director del Centro de Diálogo político de este país dice que en el Parlamento las opciones extremistas nunca han tenido una representación significativa, nunca han tenido más de 18 escaños, en una institución con más de 300 diputados. Este país de 160 millones de habitantes es muy pobre, su economía está en crisis, pero hay indicadores sociales que muestran que mejora. Por eso, dicen escritores y analistas, el yihadismo pierde espacio para operar.

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