Para las elecciones de este domingo en Birmania hay dos partidos enfrentados: el Partido del Desarrollo y la Solidaridad de la Unión (USDP), liderado por el actual presidente del país, Thein Sein (exgeneral y elegido por votación en 2011), y la Liga Nacional para la Democracia (LND), encabezada por la Nobel de Paz Aung San Suu Kyi. A falta de sondeos confiables, las manifestaciones populares se han convertido en el medidor esencial: el domingo pasado más de 80.000 seguidores se reunieron en el cierre de campaña de la LND en un descampado en Rangún (la antigua capital), por lo que el partido democrático aparece como el favorito para las elecciones parlamentarias hasta el punto de que, a pesar de que no puede ser presidenta (porque la ley prohíbe que el primer mandatario tenga hijos extranjeros), Suu Kyi ha dicho que ella gobernará el país. Este es el primer paso antes de las elecciones presidenciales, que se realizarán a principios de 2016.
Estas son las primeras votaciones democráticas después de una prolongada dictadura militar que gobernó Birmania durante medio siglo y aplastó a los movimientos prodemocracia, pero en 2011 los militares cedieron, de forma inesperada, el poder a un gobierno civil dirigido por el exgeneral Thein Sein.
Las reformas llevadas a cabo desde entonces han reducido el control de los militares sobre el Estado y permitido el nacimiento de prensa libre y la liberación de la mayoría de los presos políticos. La economía del país también está volviendo a la vida después de la retirada de gran parte de las sanciones internacionales que sufría el país asiático.
En ese panorama político, Suu Kyi aparece como una de las favoritas gracias a su historia, relacionada al enfrentamiento contra la dictadura. Suu Kyi pasó más de 15 años en arresto domiciliario por decisión de la dictadura, y su padre, asesinado en 1947, es considerado un héroe de la independencia birmana. Suu Kyi, que fue elegida para el parlamento en 2012, ha develado un programa político basado en la “reconciliación nacional”; sin embargo, sus intentos por buscar la democracia podrían verse estropeados por la influencia de los militares en las instituciones (conserva el 25% de los escaños en el parlamento), lo que dificultaría la tarea de la LND. Al mismo tiempo, el partido debe enfrentarse al temor que ha creado el Gobierno sobre la posibilidad de que exista una revolución similar a aquellas ocurridas durante la Primavera Árabe. Los monjes budistas nacionalistas, que tienen influencia popular, apoyan al gobierno central y podrían ser una amenaza en un país con el 95% budista.