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Cada día más lejos de Irak

Mientras las tropas de Washington abandonan el país asiático, el presidente Barack Obama proclama el “exitoso” fin de la guerra.

15 de diciembre de 2011 - 10:18 a. m.
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Faluya, a unos 50 kilómetros de Bagdad, celebra por estos días lo que sus habitantes describen como el retorno de su libertad. En los más de ocho años que duró la presencia de tropas estadounidenses en Irak, esa ciudad conservó una actitud hostil hacia los soldados extranjeros. Por eso, cuando Faluya quedó “libre”, cientos de iraquíes salieron a la calle a dar rienda suelta a su satisfacción, a proclamar que su caso la hace un “ídolo de los resistentes”.

La presencia de tropas extranjeras es inversamente proporcional al avance de los días de este mes. Antes de que acabe el año, tal y como lo prometió el presidente Barack Obama, los soldados estadounidenses que prestaban servicio en Irak estarán con sus familias. Fue un plan que se inició en febrero de 2009, cuando el mandatario anunció que era momento de abandonar el país y de endosar el poder al Gobierno y a las autoridades locales. Para agosto de 2010 unos 90.000 soldados ya habían abandonado Irak, con lo que se daba fin a las misiones de combate, y restaban 50.000 que se encargaban de operaciones de vigilancia. Desde entonces el retiro paulatino viene avanzando a buen ritmo.

Cuando comience enero de 2012, alrededor de 200 soldados permanecerán en territorio iraquí, pero tendrán como única misión la custodia de la embajada de Washington en Bagdad. Estados Unidos se va satisfecho, aseguró Obama, “finalmente, todo lo que las tropas estadounidenses han hecho en Irak —combatir y morir, sangrar y construir, entrenar y compartir— nos ha conducido a este momento de éxito”.

No todos están de acuerdo con el presidente. Hay dudas sobre cómo Al Maliki, el actual gobernante del país, puede hacer frente a la insurgencia que quedó como bagazo de la caída de Sadam Hussein. Tan sólo hace un día, mientras Obama daba su parte e informaba lo cerca que estaba la nación de decir “misión cumplida”, dos carros bombas dejaron cinco muertos y algo más de 75 heridos.

Los registros tampoco favorecen mucho a Washington. Según Iraq Body Count, unos 130.000 civiles murieron durante los años de incursión, en una guerra que nunca vio el supuesto arsenal nuclear que se quería incautar y que en cambio dejó a 4.500 soldados extranjeros fallecidos.

El balance no es bueno, de acuerdo con José Núñez, codirector del Instituto Español de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria y columnista del diario El País. Para él, la debilidad en la que queda Irak abre las puertas a que su vecino, Irán, pueda finalmente convertirse en el líder regional que siempre ha querido, ahora que es una de las voces más contestatarias contra el poder de Washington: “Teherán está más cerca que nunca de alcanzar su objetivo de dominar la escena geopolítica desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo, Siria y Líbano incluidos”.

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