Vladdo resume su criterio en una sola frase: “Yo publico lo que quiero”. El lunes en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, durante la conferencia inaugural del foro internacional de caricaturistas por la paz y la libertad de opinión, que terminará el viernes, Vladdo compartió experiencias con colegas de varios países, entre ellos Plantú de Francia, Ana von Reuber de Argentina y Kichka de Israel.
El tema: la libertad de los dibujantes a través de los ojos de Cartooning for Peace (Dibujos por la Paz), una organización internacional que agrupa a más de 70 caricaturistas en el mundo y que busca promover la paz y la tolerancia.
Vladdo es el único colombiano que forma parte de estos artistas y asegura que si bien en el país no existe una política definida de censura, sí es común que las publicaciones ingenien métodos para no reñir con el poder de turno. “En El Tiempo, tengo entendido que los caricaturistas deben presentar a un editor varias propuestas y él elige cuál se publica. En El Colombiano, a los caricaturistas no les permiten hacer críticas a la Iglesia Católica ni referirse a los pederastas”. Todo, según él, se resume en la diferencia que existe entre publicar y opinar.
En Europa, el debate más reciente que desató una caricatura, ocurrió hace cerca de cuatro años y corrió por cuenta de la publicación de una serie de dibujos que exhibían a Mahoma como un terrorista. El periódico danés Jyllands-Posten sufrió amenazas de la comunidad islámica, lo que despertó la solidaridad de la mayoría de colegas europeos. Con el tiempo algunos caricaturistas concluyeron que no había sido buena idea publicarlos. “Fue una provocación gratuita”, dice Vladdo.