Según la declaración que creó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), este fin de semana en Caracas, “han transcurrido 185 años (…) para que la región se encuentre hoy en condiciones de abordar, por la experiencia y madurez adquiridas, el desafío de la unidad e integración”.
La Celac nació así como un organismo intergubernamental que excluye a Estados Unidos y Canadá, y propone convertirse en un foro de toma de decisiones independientes en la región. Una especie de OEA sin EE.UU., y con Venezuela y sus aliados como principales impulsores.
Durante la reunión de dos días, todos los mandatarios del continente adhirieron a la nueva Declaración de Caracas, documento de 40 puntos que pone sobre el papel el alcance y el carácter de este nuevo organismo.
La presidencia tripartita de la Celac, recién elegida, subraya los retos principales del organismo. Chile, Venezuela y Cuba liderarán un órgano directivo con evidentes diferencias ideológicas. Al recibir la presidencia rotativa, el primer mandatario chileno, Sebastián Piñera, un empresario de corte conservador, aceptó que “sin duda partimos con diferencias de opinión”, pero por ahora lanzó “vivas a la diferencia”.
En el futuro, sin embargo, las diferencias serán difíciles de tramitar en este organismo, pues la Celac debe, por ahora y ante la falta de un acuerdo en Caracas sobre cómo estructurar un órgano de toma de decisiones, llegar a sus determinaciones por consenso. Adicionalmente, su plan de acción para los próximos años, enfocado en cómo blindar al continente de la crisis financiera que se prevé desatará Europa en 2012, se fundamenta en principios de “flexibilidad y participación voluntaria” de cada Estado.
En Estados Unidos por ahora la Celac ha sido recibida en su mayor parte sin alarmas ni señas públicas de irritación. A través de Mark Toner, portavoz del Departamento de Estado, hubo apenas un frío reconocimiento: “Hay muchas organizaciones subregionales en el hemisferio y pertenecemos a algunas. A otras, como la Celac, no. Pero continuamos trabajando a través de la OEA como la organización multilateral que lleva la vocería preeminente del hemisferio”.
Para otros observadores desde Washington, como Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de pensamiento sobre América Latina, la Celac en su nacimiento es “más un estado de ánimo de integración latinoamericana, que una institución que pueda lograrla”. Para Shifter, “las perspectivas para hacer cosas serias y concretas en la Celac no son muy buenas”.
Una pequeña prueba de los alcances de acción del organismo tuvo lugar con las declaraciones de las Farc y el Eln llamando a los miembros de la Celac a promover un proceso de paz en Colombia. Manteniéndose lejos de toda controversia, el llamado pasó sin comentarios, salvo por el del presidente Santos, quien reafirmó en Caracas que la paz es un “asunto interno de los colombianos” y pidió a sus colegas no intervenir.
El próximo año la Celac tendrá una nueva cumbre en Chile, donde el sueño de la integración latinoamericana se dará cita de nuevo para evaluar los alcances logrados luego de su primer año de vida.